1
Logo
1
 

“entregarme por entero heroicamente por Ella.”

 
 

 

 

Desde niño había sentido deseos de ser sacerdote, en Schoenstatt volvió a renacer el anhelo por el  sacerdocio: me di cuenta que era la forma más noble, más heroica en que se podía vivir el cristianismo.

 

 

 
 
El día de San Jorge, el 23 de abril, tenía feriado ese día, y decidí que yo tenía que ser capaz de estar por lo menos seis horas orando a la Mater. Aunque se me cansaran las rodillas, aunque ya no pudiera más, tenía que seguir adelante. Tenía que demostrarle a la Mater que yo la quería más de lo que había querido a la niña adolescente. Y decidí ese 23 de abril hacer un retiro de seis horas dentro del Santuario. Ya no aguantaba más adentro. Me paraba, me sentaba, me volvía a poner de rodillas. Rezaba el rosario, leía el Evangelio. De pronto sin haberlo estado pensado antes, sentí dentro de mi una voz interior diciendo : "Hijo, no temas ser sacerdote, que no es orgullo... Yo misma quiero que seas sacerdote". Mi decisión en ese momento fue irrevocable. Nunca más he vuelto a dudar si tengo o no tengo vocación sacerdotal. Para mí es muy claro que yo fui llamado al sacerdocio, y que debo seguir adelante sin nunca más dudar. Y nunca más he tenido ni una media hora de duda acaso debo o no ser sacerdote, y entregarme por entero heroicamente por Ella.
 
El novicio Frater Sergio Vicente
 

 "Yo soy tu Madre, tu eres mi hijo, ámame mucho".

  

 

 

 

 

Cuando entré en ese Santuario, sentí tan fuertemente el impacto y la emoción de la presencia de María como nunca lo había experimentado. Algo semejante a lo que le ha pasado a mucha gente que ha entrado al Oratorio por primera vez. Eso ocurrió en la Semana Santa de 1953. Fue un impacto tan fuerte que mi vida empezó a cambiar en 180 grados. Si yo trato de expresar ahora lo que sentí allí a mis quince años, tendré que decir, que fue un amor muy grande. Se produjo una transferencia de mi amor por esa chiquilla adolescente, ese amor que yo lo había experimentado, tremendamente absorbente y vigoroso, que me había dado la confianza en mí mismo de que yo era capaz de amar, se produjo una transferencia de ese amor, en un amor puro y ennoblecedor, por nuestra Madre, como la Mater de Schoenstatt. Podría decir ahora, que yo sentí algo así como "Yo soy tu Madre, tu eres mi hijo, ámame mucho".

  

 

 

Me impresionó mucho lo que se contaba de un joven chileno que se había decidido a entregarse por entero a Schoenstatt y que iba al Santuario de Bellavista a rezarle a la Mater. Yo decidí hacer competencia con él. Si él había podido estar varias horas rezando en la capillita y levantarse muy temprano para ir antes de la universidad a verla; yo tenía que poder hacer eso y mucho más por la Mater. .

En el Padre Hurtado....
Discernimiento vocacional

  

Las cartas a su amigo Manuel Larraín, futuro obispo de Talca, son testigo de una profunda búsqueda de la voluntad de Dios. Ambos jóvenes enfrentan la misma aventura con gran seriedad, preguntándose: ¿Qué quiere Dios de mí? Alberto tiene claro que Dios le asigna un puesto a cada hombre, y que, en aquel puesto, Dios le dará las gracias abundantes; por ello se ofrece al Señor: “Yo te hago la entrega de todo lo que soy y poseo, yo deseo dártelo todo, servirte donde no haya restricción alguna en mi don total”. Pero saber dónde servir al Señor no era tarea fácil

 

 

 

 

 

 Búsqueda de Dios

  

 

Los grandes ídolos de nuestro tiempo son el dinero, la salud, el placer, la comodidad: lo que sirve al hombre. Y si pensamos en Dios, siempre hacemos de Él un medio al servicio del hombre: le pedimos cuentas, juzgamos sus actos, y nos quejamos cuando no satisface nuestros caprichos. Dios en sí mismo parece no interesarnos. La contemplación está olvidada, la adoración y alabanza es poco comprendida. El criterio de la eficacia, el rendimiento, la utilidad, funda los juicios de valor. No se comprende el acto gratuito, desinteresado, del que nada hay que esperar económicamente.

 

 

Hasta los cristianos, a fuerza de respirar esta atmósfera, estamos impregnados de materialismo, de materialismo práctico. Confesamos a Dios con los labios, pero nuestra vida de cada día está lejos de Él. Nos absorben las mil ocupaciones.

 

 

Nuestra vida de cada día es pagana. En ella no hay oración, ni estudio del dogma, ni tiempo para practicar la caridad o para defender la justicia. La vida de muchos de nosotros ¿no es, acaso, un absoluto vacío? ¿No leemos los mismos libros, asistimos a los mismos espectáculos, emitimos los mismos juicios sobre la vida y sobre los acontecimientos, sobre el divorcio, limitación de nacimientos, anulación de matrimonios, los mismos juicios que los ateos? Todo lo que es propio del cristiano: conciencia, fe religiosa, espíritu de sacrificio, apostolado, es ignorado y aun denigrado: nos parece superfluo...

 

 

La inmensa amargura del alma contemporánea, su pesimismo, su soledad... las neurosis y hasta la locura, tan frecuentes en nuestro siglo, ¿no son el fruto de un mundo que ha perdido a Dios? Ya bien lo decía San Agustín: “Nos creaste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

 

 

 

 

 ¿ y a quién piensas entregarle tu vida ?


Your text start HERE...