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- LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA Y EL INICIO DEL CULTO A LA
VIRGEN MARÍA
- MAGISTERIO: MARÍA EN ALGUNOS DOCUMENTOS DE LA IGLESIA
– -JUAN PABLO II PEREGRINO EN LOS SANTUARIOS DE AMÉRICA LATINA
- DEVOCIÓN DEL PUEBLO
LATINOAMERICANO A LA VIRGEN-
P. Raúl Feres, Director Nacional
Pastoral de Santuarios y Piedad Popular (Chile)
- PRINCIPALES SANTUARIOS O ADVOCACIONES MARIANAS EN
AMÉRICA LATINA
- Argentina: Nuestra Señora de Luján
- Bolivia: Nuestra Señora de Copacabana
- Brasil: Nuestra Señora de Aparecida
- Chile: Virgen del Carmen de Maipú
- Colombia: Nuestra Señora de Chiquinquirá
- Costa Rica: Nuestra Señora de los Ángeles
- Cuba: Virgen de la
Caridad del Cobre
- Ecuador: Nuestra Señora del Quinche
- El Salvador: Nuestra Señora de la Paz
- Guatemala: Nuestra Señora del Rosario
- Honduras: Virgen de Suyapa
- México: Nuestra Señora de Guadalupe
- Nicaragua: Nuestra Señora de "El Viejo"
- Panamá: Santa Maria de La
Antigua
- Paraguay: Nuestra Señora de Caacupé
- Perú: Nuestra Señora de la Evangelización
- Puerto Rico: Nuestra Señora de la Divina Providencia
- República Dominicana: Nuestra Señora de las Mercedes
Nuestra Señora de Altagracia
- Uruguay: Virgen de los Treinta y tres
- Venezuela: Nuestra Señora de Coromoto
LA VIRGEN MARÍA
EN AMÉRICA, EN
PALABRAS DEL SIERVO DE DIOS EL PAPA JUAN PABLO II
”En la Tercera
Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
reunido en Puebla en 1979, sobre el tema de la Evangelización
en el presente y futuro de América Latina, recuerda la veneración de Maria de
parte de este pueblo desde el primer anuncio del Evangelio: “El Evangelio fue
anunciado a nuestro pueblo presentando a la Virgen Maria como
su más neta realización. Desde los orígenes Maria ha constituido el gran
signo, del rostro materno y misericordioso, de la cercanía al Padre y de
Cristo con quien Ella nos invita a entrar en comunión. María ha sido también
la voz que ha llevado a unir hombres y pueblos. Los santuarios marianos del
continente Americano son signo del encuentro de la fe de la Iglesia con la historia
latinoamericana”.
“Es un hecho innegable que la devoción a María es la característica del
cristianismo latinoamericano más popular, persistente y original. Ella está
presente en los propios orígenes del cristianismo del Nuevo Mundo. Desde el
principio, la presencia de María confirió dignidad a los esclavizados,
esperanza a los explotados y motivación para todos los movimientos de
liberación. Igualmente, dejando a un lado su interpretación, no se puede
negar el hecho de la devoción a María” (Virgilio Elizondo)
Podemos afirmar, por consiguiente, que la devoción a Maria es un elemento
cualificante del cristianismo latinoamericano; una expresión vital e
historiadora que pertenece a su misma identidad. Como todas las realidades de
la vida cristiana, la veneración latinoamericana respecto a Maria ha padecido
una evolución impuesta por los cambios ocurridos a lo largo de la historia
del continente. (P. Marcelo E Méndez OFM, Relación presentada en el 1 Forum
Intencional de Mariología en el 2001)
Como muestra de la devoción y espíritu evangelizador que traían los
conquistadores, la toma de posesión de muchos lugares en América, así como
fundaciones y demarcaciones territoriales se hicieron siempre en nombre de
Jesús y la Virgen,
siendo bautizadas gran número de ciudades con el nombre de algún santo o
diversas advocaciones de María, como es posible observar a lo largo de
nuestro territorio. Igualmente, muchas iglesias y capillas fundadas hasta el
siglo XIX llevan títulos marianos, unos traídos desde España (de Montserrat,
del Pilar, del Rosario, etc.) y otros nacidos en América, con un fuerte
carácter hispánico.
Los documentos del episcopado latinoamericano enumeran con amplitud los
valores religiosos que, en cuanto expresión de la fe, manifiestan el sustrato
católico constitutivo de la cultura latinoamericana, de la que proviene
"una unidad espiritual que existe a pesar de la posterior división en
naciones y las discordias de tipo económico, político y social". Entre
los valores religiosos que impregnan la cultura latinoamericana está
indudablemente la devoción a Maria que, en los diferentes países ha reunido
las diversas capas sociales contribuyendo, en mayor o menor grado, a crear
una conciencia nacional. Basta recordar los títulos de Chiquinquirá, en
Colombia; Coromoto, en Venezuela; Copacabana, en Bolivia; Luján, en
Argentina; Caacupé, en Paraguay; el Quinche, en Ecuador; Nuestra Sra.
Aparecida, en Brasil.
La presencia de Maria como Madre, en la cultura y religiosidad de los pueblos
latinoamericanos se expresa en las celebraciones patronales, que son
ocasiones de fiesta, de romerías, y promesas por las gracias recibidas.
Generalmente son celebraciones comunitarias que hacen olvidar las diferencias
y las divisiones de la sociedad. En ellas se mezclan elementos religiosos y
profanos en una síntesis humana que quiere reproducir el clima de una alegre
celebración familiar de la Madre.
El Santo Padre, Juan Pablo II, con esa sensibilidad tan
expresiva ante las manifestaciones de Dios en la historia de los pueblos, en
el impresionante “encuentro de las generaciones” realizado en el estadio
Azteca de la Ciudad
de México, pudo exclamar: «¡América, tierra de Cristo y de María!», apuntando
así a la identidad más profunda de estas naciones. En efecto, América es la
tierra de Cristo y de María porque ha sabido acoger la Buena Nueva del
Evangelio. Es la tierra de Cristo, porque sus hijos y sus pueblos han
renacido a una nueva vida en las aguas del Bautismo. Y es la tierra de María,
porque desde la evangelización fundante la Virgen ha sabido conducir a sus habitantes al
encuentro de su Hijo, el Señor Jesús. Ella, que con su intercesión maternal
ha sido la Estrella
de la primera evangelización, debe ser también la luz fulgurante que guíe las
tareas de la
Nueva Evangelización.
(Juan Pablo II. Discurso durante el encuentro con
todas las generaciones del siglo en el estadio Azteca, Ciudad de México,
23/1/1995).
LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA
Y EL INICIO DEL CULTO A LA VIRGEN MARÍA
El primer encuentro del mundo indígeno de América Latina con María tuvo lugar
durante la evangelización hispano-portuguesa. En efecto, los misioneros y
conquistadores llevaron consigo este culto a la Virgen expresado por
medio de imágenes y devociones populares. Conocida es la devoción a la Virgen tenida por
Cristóbal Colón, en cuyo estandarte estaban impresas las imágenes de Jesús y
de María, y que bautizó la segunda isla descubierta con el nombre de
Concepción, y que en su segundo viaje erigió en Santo Domingo la primera
iglesia levantada en América, consagrándola a Jesucristo y a su Madre
Santísima. A su llegada a América ellos se sintieron ayudados y protegidos
por Maria, y dieron a su misión un sentido espiritual, no privado de
implicaciones sociales, económicas y culturales. Muy pronto la presencia de
Maria otorgó dignidad a los oprimidos, dio esperanza a le explotados y dio
razón de ser a todos los movimientos de liberación.
Dos
eventos importantes en el inicio de la devoción a la Virgen en Latinoamérica
I. Entre los eventos
que marcaron profundamente la introducción de la Virgen en el continente
americano destaca especialmente uno que tuvo además una enorme influencia en
el proceso de evangelización: Guadalupe. En efecto, los primeros misioneros llegaron a México
con Hernán Cortés en 1519. Años después llega un contingente de misioneros
franciscanos, y luego, más tarde, dominicos. Pero la tarea evangelizadora no
progresa muy bien por lo arraigado de las creencias ancestrales de los
pueblos que habitaban en esas zonas. Las conversiones no son numerosas, ni
mucho menos espectaculares. Y cuando se producen, en no pocos casos, se da un
sincretismo con mitos locales, o, lo que era más frecuente, los neo-conversos
vuelven a prácticas idolátricas luego de un tiempo.
Sin embargo, para 1528 México cuenta con su primer obispo electo, el
franciscano fray Juan de Zumárraga, quien pronto se distinguirá como
protector de indios. El número de órdenes religiosas y de misioneros aumenta.
Ni el número, ni la variedad de instrumentos pastorales, como el dominio de
las lenguas nativas, mejoró mucho las cosas. Pero muy pronto las cosas
cambiaron. Los naturales empezaron a aproximarse a la fe y en un vuelco de
multitudes a pedir el bautismo. Cinco años después el entusiasta fray Toribio
de Benavente (apodado Motolinía) escribía, en 1536, en su Historia de los
Indios de Nueva España, que ya habían sido bautizados más de cuatro millones,
y que se esperaba que para el año siguiente el total de bautizados de esas
tierras llamadas de Nueva España alcanzara a unos nueve millones. ¿Qué es
pues lo que había pasado si hasta 1531 sólo había un millón de bautizados,
según los datos proporcionados por el Obispo de esas tierras, y, sin embargo,
entre 1531 y 1537 se multiplicó tan impresionantemente el número de
conversos?
Un hecho trascendente marcó este cambio: El 9 de diciembre de 1531 se
produjeron las apariciones de la
Virgen de Guadalupe que dieron inicio a la etapa masiva de
proceso evangelizador. El P. Rubén Vargas Ugarte en su “Historia del Culto de
María” escribe: «El motivo principal de estas conversiones no fue otro que el
suave influjo que empezó a ejercer entre los indios la Virgen Santísima
aparecida a Juan Diego...».
En el mensaje que Maria pide transmitir al obispo Juan de Zumárraga, hay
elementos importantes que permiten entender el cambio que se realiza frente a
quien que les aparece en un primer momento como protectora de los conquistadores.
Cuando en 1531, el Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga se encamina en
devota procesión desde la ciudad de México hasta el Tepeyac con la tilma del
indio Juan Diego, en la que aparecía impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe,
cuentan los testigos que una apiñada muchedumbre de indios la aclaman por su
Madre y que no se cansaban de repetir: «¡Noble indita, noble indita, Madre de
Dios! ¡Noble indita! ¡Toda nuestra!». No se trataba de una anécdota piadosa y
pasajera. Ha sido Arnold Toynbee quien ha señalado que, a su juicio, el
nacimiento de esta nueva personalidad histórica que llamamos América Latina
ocurrió en Guadalupe. Es la intuición que vuelve a recoger Puebla al afirmar
que «el Evangelio encarnado en nuestros pueblos los congrega en una
originalidad histórica cultural que llamamos América Latina. Esa identidad se
simboliza muy luminosamente en el rostro mestizo de María de Guadalupe que se
yergue al inicio de la Evangelización».
La clave está sobre todo en la dimensión de la Maternidad de María.
Pero se trata de una maternidad muy concreta: es la maternidad con referencia
al pueblo amerindio —aunque se extiende a todos— y que aparece en un momento
bien concreto de su historia.
En efecto, es la misma María la que se manifiesta diciendo que «yo soy
vuestra piadosa madre», pidiendo que se le construya una casa entre sus
hijos, es decir, en la zona donde viven los indios alejados del México de los
españoles y en un lugar lleno de resonancias indígenas como es en el cerro
Tepeyac. Ahí es donde ella quiere «mostrar y dar todo mi amor». Juan Diego es
el primer testigo de dicha maternidad al sentirse llamado por ella, en
repetidas ocasiones, como «hijo mío». No es una Madre extraña y extranjera
sino perfectamente compenetrada con su cultura y con su idioma. Habla su
lengua, asume los símbolos de su cultura, reconociendo la dignidad de los
indígenas. Maria suscita enseguida la confianza de Juan Diego que la llama
"niña", "muchachita", "la más pequeña de mis hijas".
El indio percibe la cercanía y preocupación de la Virgen: «¿No estoy yo
aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No
estás tú por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester?”
Se trata de una madre cercana y no dominadora. Es una hogareña, como lo
advierte la anotación de que «estaba de pie». Los nobles dominadores (tanto
aztecas, mayas o españoles) recibían a la gente sentados sobre tronos o
petates.
Es una madre que reconoce la dignidad de sus hijos, aunque éstos se
encuentren humillados por los infortunios de la vida. Por eso le llama
«Iuantzin Iuan Diegotzin». «Son palabras que siempre han sido traducidas como
‘Juanito, Juan Dieguito’, dándole al hecho una significación conmovedora de
ternura maternal y de delicadeza. Pero en náhuatl la terminación tzin se
añade para significar reverencia y respeto. Por eso esta terminación, por
ejemplo, en Tonantzin, la ‘Madre de Dios’, que nadie ha traducido en
diminutivo».
Como buena madre, que quiere reconstruir la familia deshecha, se preocupa de
la situación y necesidades de sus hijos: «Deseo vivamente que se me erija
aquí una casa, para en ella mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y
defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los
moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí
confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y
dolores» (vv. 23-25 del escrito del indio Nican Mophua del XVI). Pero es una
madre que también participa de las dificultades de sus hijos, como lo ha intuido
Juan Diego volviendo de su primera visita al Obispo, que le hace llamarla
cariñosa y compasivamente: «Señora, la más pequeña de mis hijas, niña mía»
(v. 35).
El diálogo con esta madre discurre familiar y cercano, sugerente. Juan Diego
no tiene dificultad en decir a la
Virgen que «iré a hacer tu voluntad; pero acaso no seré
oído con agrado; o si fuere oído, quizás no se me creerá» (v. 46). Tiene
confianza en que ella le dará la señal que se le pide, y le ruega a la madre
que se la dé. Con ocasión de la enfermedad de su tío, el diálogo adquiere
características muy familiares: «Niña mía, la más pequeña de mis hijas,
Señora, ojalá estés contenta. ¿Cómo has amanecido? ¿Estás bien de salud,
Señora y Niña Mía? Voy a causarte aflicción: sabe, Niña mía, que está muy
malo un pobre siervo tuyo, mi tío; le ha dado la peste y está para morir.
(...) Pero sí voy a hacerlo, volveré otra vez aquí, para ir a llevar tu
mensaje. Señora y Niña mía, perdóname; tenme por ahora paciencia; no te
engaño, hija mía la más pequeña; mañana vendré a toda prisa» (vv. 71-74).
Es una madre que se fía y le da encargos a sus hijos, prefiriéndolos a otras
personas que socialmente pueden ser más importantes (vv. 35-48).
Pero es al mismo tiempo la madre fuerte y poderosa que sabe construir un nuevo
hogar sobre las ruinas. Sana al tío enfermo, hace nacer rosas de Castilla en
tiempo inadecuado, convence al mismo Obispo, y por medios pacíficos consigue
la casa que necesita para la salvación de su hijos aztecas.
Las preguntas de María la incorporan definitivamente al ámbito
hogareño-maternal, la configuran como la típica nantzin azteca, asimilando
cuatro características fundamentales. Madre es «la que está aquí», en el
lugar de la angustia y de la necesidad, y es la que nunca abandona. Madre es
la que cobija bajo su sombra, es decir, la que tiene la verdadera autoridad,
dado que en el mundo azteca se entendía la autoridad «como el que tiene gran
circuito en hacer sombra... porque el mayor de todos los ha de amparar,
chicos y grandes».47 Madre es el regazo protector en el que se está. Las
cuatro preguntas terminan con una quinta que configura toda la mentalidad
hogareña azteca: «¿Qué más has menester?». Lo que puede interpretarse
diciendo: ¿Qué realidad hay más importante para un azteca que tener la propia
madre?
América comienza así a considerar a la Virgen como su Madre. Esta manifestación de
Maria como rostro materno de Dios dio inicio a una nueva comprensión del
papel de Ella en la historia de la salvación y abrió nuevos caminos de la
evangelización. Todos fueron llamados a la "periferia" para
encontrar a la Madre
de los oprimidos que libera a los más pobres y es solidaria con ellos. Pero
Guadalupe no es un caso aislado; en toda América Latina, la devoción mariana
se va difundiendo por medio de imágenes y títulos cuya historia está siempre
en relación con los pobres y los marginados: indios, negro, personas
oprimidas, esclavos. En las numerosas devociones a la Virgen que van surgiendo
Maria aparece siempre con actitud intensamente materna de cercanía y
preocupación por la situación de miseria y opresión de sus hijos. Todo eso ha
dejado una profunda huella en la religiosidad de los pueblos
latinoamericanos.
II.
Otro momento
importante de la inserción de Maria en América Latina lo constituye Copacabana que es considerado como un medio
del que se valió la providencia para atraer a los indios a la fe. . Por ello
escogió la Virgen,
como trono de sus misericordias, una región de las más pobladas del Perú y en
la cual se había encastillado sólidamente la idolatría. Hasta la venida de la
imagen a las riberas del lago Titicaca, se había predicado, es cierto, el
Evangelio a las poblaciones ribereñas, se habían establecido doctrinas, pero
a juicio de los cronistas de entonces, aún persistían en ellas las prácticas
idolátricas y su ingreso en la
Iglesia de Cristo era, como decía el Virrey Toledo,
aparente y casi forzado.
La Virgen de
Copacabana es una imagen labrada por las manos de un indio, Francisco Tito
Yupanqui, hacia los años de 1580, y que tras diversas dificultades fue
recibida con toda veneración el 2 de febrero de 1583 «por un pequeño grupo de
españoles y por una población entera de naturales
En la época precolombina ya existía un afamado santuario indígena en el lago
Titicaca. Parece que el adoratorio original estaba en una isla cercana al
pueblo de Copacabana y era una gran peña, de donde los indios, según la
leyenda, vieron salir resplandeciente al sol tras varios días de densa
oscuridad. Una vez conquistada la provincia del Collao, los Incas tomaron bajo
su protección este santuario, levantaron un templo al sol junto a la piedra
sagrada; en otra isla cercana edificaron un templo a la luna, construyeron
palacios, moradas para los ministros de los santuarios y albergues para los
peregrinos. Parece que eran muchos los peregrinos que venían a la piedra
santa, a la que no podían acercarse con las conciencias manchadas y con las
manos vacías.
La piedra sagrada preincaica quedó incorporada religiosamente en el complejo
panteón incaico, entre cuyos dioses se encontraba la tierra misma con el
nombre de Pachamama, cuyo culto era muy importante para la gran mayoría de la
población que se dedicaba a la agricultura. La Pachamama era, por
tanto, el principio materno de identificación del mundo indígena, la madre
telúrica, el seno maternal al que había que tratar con todo cariño, y del que
dependía su vida. Los indígenas de Copacabana, al encontrarse con una imagen
de la Virgen
María tallada por las manos de un hijo de su pueblo,
establecen espontáneamente la conexión entre María y la Pachamama, encontrando
en ella el inicio de su salvación.
Nos encontramos de nuevo con el principio de la maternidad como clave de la
nueva teología popular mariana en América Latina. Pero, si en el mundo azteca
la maternidad va a ser comprendida en clave de «nantzin», madre hogareña, en
el mundo aymará e incaico se interpretará en la nueva y original dimensión de
madre-telúrica
MADRE
LIBERTADORA
La devoción a la Virgen
se fue desarrollando ampliamente durante los siglos de la colonia, pero con
una progresiva matización americana, tanto para los criollos como para los
mestizos e indígenas. Se iban desarrollando insensiblemente la conciencia y
la fe de María como Madre de América Latina.
Esta conciencia se hace plena en los rudos y difíciles años de la Independencia
política de las metrópolis y el surgir de las nuevas nacionalidades. La
convicción de la protección materna de María encuentra un nuevo contenido
expresivo en las preocupaciones, angustias y dificultad de los procesos de
independencia: todos los movimientos de liberación en un modo o en lo otro
invocaban a Maria en busca de ayuda, protección y nuevo impulso. La fuerza de
la devoción mariana y el peso simbólico de los títulos patronales dirigidos a
la Virgen
acompañaron los movimientos independentistas, de modo que en el proceso de
consolidación de las nuevas naciones, esta conciencia estuvo presente a nivel
del pueblo y responsables, incluso cuando estas fueron de tendencia liberal y
anticlerical.
El General Belgrano, después de la batalla de Tucumán, en gratitud a la Virgen de las Mercedes,
la nombra Generala del Ejército, haciendo constar en el parte de combate que
la victoria era debida «a Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya
protección nos pusimos».
El General San Martín, antes de emprender el paso de los Andes, determinó
elegir como Generala de su Ejército a la Virgen del Carmen, del convento de los
Franciscanos de Mendoza, y como a tal le entregó su bastón de mando, en la
solemne fiesta religiosa que con este motivo ordenó se celebrara.
En la independencia de México, es conocida la figura del cura Hidalgo con los
primeros insurgentes marchando al Santuario de Atotonilco y tomando de la
sacristía un lienzo con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que la
colocó en el asta de una lanza, y la enarboló como enseña delante de su
ejército. Con ella y el grito de «Viva la Virgen de Guadalupe», emprende su marcha sobre
San Miguel el Grande, hasta entrar con triunfo en Celaya, llevando siempre
consigo el cuadro de Nuestra Señora.
Bolívar, en repetidas ocasiones, rinde honores a la Virgen. Y cuantas
veces llegaba a Chiquinquirá, uno de sus primeros actos era postrarse ante la
imagen de la Virgen
Nuestra Señora.
Los patriotas de Quito, antes de lanzar el primer grito de rebelión, quisieron
poner su empresa bajo la protección de María. Reunidos en los salones de
Manuel Cañizares, se arrodillaron todos y rezaron una Salve a la Virgen de las Mercedes, a
fin de que se dignase concederles el triunfo.
Ha nacido de esta manera, durante los años de la Independencia, la
fe en María como Madre Libertadora. Un nuevo punto de referencia para
comprender la mariología popular latinoamericana.
LA VIRGEN MARIA EN ALGUNOS DOCUMENTOS
DE LA IGLESIA EN AMERICA LATINA
1.- DOCUMENTO FINAL DE LA TERCERA CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO
LATINOAMERICANO CELEBRADO EN PUEBLA, MÉXICO (marzo 1979)
2.4. María, Madre y modelo de la Iglesia
282. En nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado presentando a la Virgen María
como su realización más alta. Desde los orígenes -en su aparición y
advocación de Guadalupe- María constituyó el gran signo, de rostro maternal y
misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo, con quienes ella nos
invita a entrar en comunión. María fue también la voz que impulsó a la unión
entre los hombres y los pueblos. Como el de Guadalupe, los otros santuarios
marianos del continente son signos del encuentro de la fe de la Iglesia con la historia
latinoamericana.
283. Pablo VI afirmó que la devoción a María es «un elemento cualificador» e
«intrínseco» de la «genuina piedad de la Iglesia» y del «culto cristiano» (71). Esto es
una experiencia vital e histórica de América Latina. Esa experiencia, lo
señala Juan Pablo II, pertenece a la íntima «identidad propia de estos
pueblos» (Juan Pablo II, Homilía Zapopán 2).
María,
Madre de la Iglesia
287. Se nos ha revelado la admirable fecundidad de María. Ella se hace Madre
de Dios, del Cristo histórico en el fiat de la anunciación, cuando el
Espíritu Santo la cubre con su sombra. Es Madre de la Iglesia porque es Madre
de Cristo, Cabeza del Cuerpo místico. Además, es nuestra Madre «por haber
cooperado con su amor» (LG 53) en el momento en que del corazón traspasado de
Cristo nacía la familia de los redimidos; «por eso es nuestra madre en el
orden de la gracia» (LG 61). Vida de Cristo que irrumpe victoriosa en
Pentecostés, donde María imploró para la Iglesia el Espíritu Santo vivificador.
288. La Iglesia,
con la
Evangelización, engendra nuevos hijos. Ese proceso que
consiste en «transformar desde dentro», en «renovar a la misma humanidad» (EN
18), es un verdadero volver a nacer. En ese parto, que siempre se reitera,
María es nuestra Madre. Ella, gloriosa en el cielo, actúa en la tierra.
Participando del señorío de Cristo Resucitado, «con su amor materno cuida de
los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan» (LG 62); su gran cuidado es
que los cristianos tengan vida abundante y lleguen a la madurez de la
plenitud de Cristo (73).
289. María no sólo vela por la Iglesia. Ella tiene un corazón tan amplio como
el mundo e implora ante el Señor de la historia por todos los pueblos. Esto
lo registra la fe popular que encomienda a María, como Reina maternal, el
destino de nuestras naciones.
290. Mientras peregrinamos, María será la Madre educadora de la fe (LG 63). Cuida de que
el Evangelio nos penetre conforme nuestra vida diaria y produzca frutos de
santidad. Ella tiene que ser cada vez más la pedagoga del Evangelio en
América Latina.
María,
modelo de la Iglesia
294. Modelo para la vida de la
Iglesia y de los hombres. -Ahora, cuando nuestra Iglesia
Latinoamericana quiere dar un nuevo paso de fidelidad a su Señor, miramos la
figura viviente de María. Ella nos enseña que la virginidad es un don
exclusivo a Jesucristo, en que la fe, la pobreza y la obediencia al Señor se
hacen fecundas por la acción del Espíritu. Así también la Iglesia quiere ser madre
de todos los hombres, no a costa de su amor a Cristo, distrayéndose de Él o
postergándolo, sino por su comunión íntima y total con Él. La virginidad maternal
de María conjuga en el misterio de la Iglesia esas dos realidades: toda de Cristo y
con Él, toda servidora de los hombres. Silencio, contemplación y adoración,
que originan la más generosa respuesta al envío, la más fecunda
Evangelización de los pueblos.
295. María, Madre, despierta el corazón filial que duerme en cada hombre. En
esta forma nos lleva a desarrollar la vida del bautismo por el cual fuimos
hechos hijos. Simultáneamente, ese carisma maternal hace crecer en nosotros
la fraternidad. Así María hace que la Iglesia se sienta familia.
297. El Magnificat es espejo del alma de María. En ese poema logra su
culminación la espiritualidad de los pobres de Yahvé y el profetismo de la Antigua Alianza.
Es el cántico que anuncia el nuevo Evangelio de Cristo; es el preludio del
Sermón de la
Montaña. Allí María se nos manifiesta vacía de sí misma y
poniendo toda su confianza en la misericordia del Padre. En el Magnificat se
manifiesta como modelo «para quienes no aceptan pasivamente las
circunstancias adversas de la vida personal y social, ni son víctimas de la
"alienación", como hoy se dice, sino que proclaman con ella que
Dios "ensalza a los humildes" y, si es el caso, "derriba a los
potentados de sus tronos"...» (Juan Pablo II, Homilía Zapopán 4: AAS 71
p. 230).
299. María es mujer. Es «la bendita entre todas las mujeres». En ella Dios
dignificó a la mujer en dimensiones insospechadas. En María el Evangelio
penetró la feminidad, la redimió y exaltó. Esto es de capital importancia
para nuestro horizonte cultural, en el que la mujer debe de ser valorada
mucho más y donde sus tareas sociales se están definiendo más clara y
ampliamente. María es garantía de la grandeza femenina, muestra la forma
específica del ser mujer, con esa vocación de ser alma, entrega que
espiritualice la carne y encarne el espíritu.
300. Modelo de servicio eclesial en América Latina. -La Virgen María
se hizo la sierva del Señor. La
Escritura la muestra como la que, yendo a servir a Isabel
en la circunstancia del parto, le hace el servicio mucho mayor de anunciarle
el Evangelio con las palabras del Magnificat. En Caná está atenta a las
necesidades de la fiesta y su intercesión provoca la fe de los discípulos que
«creyeron en Él» (Jn 2,11). Todo su servicio a los hombres es abrirlos al
Evangelio e invitarlos a su obediencia: «haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).
301. Por medio de María Dios se hizo carne; entró a formar parte de un
pueblo; constituyó el centro de la historia. Ella es el punto de enlace del
cielo con la tierra. Sin María, el Evangelio se desencarna, se desfigura y se
transforma en ideología, en racionalismo espiritualista.
302. Pablo VI señala la amplitud del servicio de María con palabras que
tienen un eco muy actual en nuestro continente: Ella es «una mujer fuerte que
conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (cf. Mt 2,13-23):
situaciones éstas que no pueden escapar a la atención de quien quiere
secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la
sociedad. Se presentará María como mujer que con su acción favoreció la fe de
la comunidad apostólica en Cristo (cf. Jn 2,1-12) y cuya función maternal se
dilató, asumiendo sobre el calvario dimensiones universales» (MC 37).
303. El pueblo latinoamericano sabe todo esto. La Iglesia es consciente de
que «lo que importa es evangelizar no de una manera decorativa, como un
barniz superficial» (EN 20). Esa Iglesia, que con nueva lucidez y decisión
quiere evangelizar en lo hondo, en la raíz, en la cultura del pueblo, se
vuelve a María para que el Evangelio se haga más carne, más corazón de
América Latina. Ésta es la hora de María, tiempo de un nuevo Pentecostés que
ella preside con su oración, cuando, bajo el influjo del Espíritu Santo,
inicia la Iglesia
un nuevo tramo en su peregrinar. Que María sea en este camino «estrella de la Evangelización
siempre renovada» (EN 81).
2 -
DOCUMENTO FINAL DE LA
CUARTA CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO
CELEBRADO EN SANTO DOMINGO (Octubre 1992)
15. Confirmando la fe de nuestro pueblo, queremos proclamar que la Virgen María,
Madre de Cristo y de la
Iglesia, es la primera redimida y la primera creyente.
María, mujer de fe, ha sido plenamente evangelizada, es la más perfecta
discípula y evangelizadora. Es el modelo de todos los discípulos y evangelizadores,
por su testimonio de oración, de escucha de la palabra de Dios y de pronta y
fiel disponibilidad al servicio del reino hasta la cruz. Su figura maternal
fue decisiva para que los hombres y mujeres de América Latina se reconocieran
en su dignidad de hijos de Dios. María es el sello distintivo de la cultura
de nuestro continente. Madre y educadora del naciente pueblo latinoamericano,
en Santa María de Guadalupe, a través del Beato Juan Diego, se ofrece un gran
ejemplo de evangelización perfectamente inculturado. Nos ha precedido en la
peregrinación de la fe y en el camino de la gloria, y acompaña a nuestros
pueblos que la invocan con amor hasta que nos encontremos definitivamente con
su Hijo. Por eso la invocamos como Estrella de la primera y de la nueva
Evangelización.
85. La Virgen
María que pertenece tan profundamente a la identidad
cristiana de nuestros pueblos latinoamericanos (cf. DP 283) es modelo de vida
para los consagrados y apoyo seguro de su fidelidad.
229 La Virgen
María acompaña a los apóstoles cuando el Espíritu de Jesús
resucitado penetra y transforma los pueblos de las diversas culturas. María
que es modelo de la Iglesia,
también es modelo de la evangelización de la cultura. Es la mujer judía que
representa al pueblo de la
Antigua Alianza con toda su realidad cultural. Pero se abre
a la novedad del Evangelio y está presente en nuestras tierras como Madre
común de tanto de los aborígenes como de los que han llegado.
3.-
EXHORTACIÓN APOSTOLICA ‘ECCLESIA IN AMERICA’ DEL (22 enero 1999)
Por medio de María encontramos a Jesús
11. Cuando nació Jesús, los magos de Oriente acudieron a Belén y « vieron al
Niño con María su Madre » (Mt 2, 11). Al inicio de la vida pública, en las
bodas de Caná, cuando el Hijo de Dios realizó el primero de sus signos,
suscitando la fe de los discípulos (Jn 2, 11), es María la que interviene y
orienta a los servidores hacia su Hijo con estas palabras: « Haced lo que él
os diga » (Jn 2, 5). A este respecto, he escrito en otra ocasión: « La Madre de Cristo se
presenta ante los hombres como portavoz de la voluntad del Hijo, indicadora
de aquellas exigencias que deben cumplirse para que pueda manifestarse el
poder salvífico del Mesías ». (17) Por eso, María es un camino seguro para
encontrar a Cristo. La piedad hacia la Madre del Señor, cuando es auténtica, anima
siempre a orientar la propia vida según el espíritu y los valores del
Evangelio.
¿Cómo no poner de relieve el papel que la Virgen tiene respecto a la Iglesia peregrina en
América, en camino al encuentro con el Señor? En efecto, la Santísima Virgen,
« de manera especial, está ligada al nacimiento de la Iglesia en la historia
de [...] los pueblos de América, que por María llegaron al encuentro con el
Señor ». (18)
En todas las partes del Continente la presencia de la Madre de Dios ha sido muy
intensa desde los días de la primera evangelización, gracias a la labor de
los misioneros. En su predicación, « el Evangelio ha sido anunciado
presentando a la
Virgen María como su realización más alta. Desde los orígenes
—en su advocación de Guadalupe— María constituyó el gran signo, de rostro
maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo, con quienes
ella nos invita a entrar en comunión ». (19)
La aparición de María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año
1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. (20) Este influjo
va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando todo el
Continente. Y América, que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha
reconocido « en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa María de
Guadalupe, [...] un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada
». (21) Por eso, no sólo en el Centro y en el Sur, sino también en el Norte
del Continente, la Virgen
de Guadalupe es venerada como Reina de toda América. (22)
A lo largo del tiempo ha ido creciendo cada vez más en los Pastores y fieles
la conciencia del papel desarrollado por la Virgen en la evangelización del Continente. En
la oración compuesta para la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos
para América, María Santísima de Guadalupe es invocada como « Patrona de toda
América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización ». En este
sentido, acojo gozoso la propuesta de los Padres sinodales de que el día 12
de diciembre se celebre en todo el Continente la fiesta de Nuestra Señora de
Guadalupe, Madre y Evangelizadora de América. (23) Abrigo en mi corazón la
firme esperanza de que ella, a cuya intercesión se debe el fortalecimiento de
la fe de los primeros discípulos (cf. Jn 2, 11), guíe con su intercesión
maternal a la Iglesia
en este Continente, alcanzándole la efusión del Espíritu Santo como en la Iglesia naciente (cf.
Hch 1, 14), para que la nueva evangelización produzca un espléndido
florecimiento de vida cristiana.
4.
CARTA PASTORAL DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL DE NICARAGUA CON MOTIVO DEL AÑO
MARIANO (20 de enero
de 1988)
Los Obispos de la
Conferencia Episcopal de Nicaragua, con motivo de la
celebración del Año Mariano, y apoyando la iniciativa del Santo Padre Juan
Pablo II, de preparar la llegada de año des mil de la Encarnación
del Hijo de Dios con la celebración de un Año Mariano, dirigen al Pueblo
católico una Carta Pastoral sobre la verdadera devoción a la Virgen María,
enfocando dicha devoción bajo dos aspectos: "María de Nicaragua", o
sea María como Modelo y "Nicaragua de María", o sea cómo es la
devoción Mariana del nicaragüense.
Managua, 20 de enero de 1988.
"Nicaragua
de María".
Nicaragua, como todos los pueblos de Hispanoamérica, es esencialmente
Mariana. Esto quiere decir que hay en nuestro pueblo un entrega sincera y
entusiasta a la
Siempre Virgen María, Reina y Madre de los nicaragüenses.
I.- Devoción mariana del nicaragüense.
1.- Entrega Sincera a María.
El nicaragüense manifiesta su devoción y entrega a María Santísima de muchas
maneras. Ella es invocada filialmente bajo los últimos títulos más
conmovedoras, como Nuestra Señora de la Merced, de los Desamparados, la Virgen del Perpetuo
Socorro, María Auxiliadora, la
Dolorosa, etc. Es venerada amorosamente en sus advocaciones
de Nuestra Señora del Carmen, de Fátima, Virgen de Guadalupe, del Rosario,
etc. Todos estos títulos o advocaciones sabemos muy bien los nicaragüenses,
que se refiere a la misma única Virgen María, Madre de Cristo y de los
cristianos.
2.- La
Purísima.
Pero sobre todo, la
devoción y amor a la
Virgen María la demuestra el nicaragüense en su ternura y
respeto para con la
PURÍSIMA, advocación gloriosa que recuerda el Misterio de la Inmaculada
Concepción de María y evoca las hermosa fiestas que en los
meses de noviembre y diciembre, en toda Nicaragua constituyen un verdadero y
auténtico plebiscito anual con el que se afirma la total entrega del
nicaragüense a su Madre del Cielo.
La devoción a la
Purísima ha llegado a estar tan dentro del ser del
nicaragüense, que podríamos decir que le da a Nicaragua, una característica
muy particular y le confiere fisonomía propia entre los pueblos del mundo.
Los festejos en honor a la
Purísima que se celebran en los hogares, templos y calles
de nuestras ciudades, pueblos y caseríos, son motivo para ejercitar
verdaderas virtudes cristianas: fervor mariano, caridad, sacrificio, oración
y sana alegría, etc., valores todos éstos que deben ser conservados con
firmeza, contra la tendencia de algunos de pretender convertir estas fiestas
en mero folklore o en tradiciones vacías de contenido religioso.
3.- Perseverar en esta devoción.
Que nada ni nadie pueda quitar a Nicaragua esta entrega confiada a la Purísima.
Precisamente en este amor a la Virgen Inmaculada
tenemos los nicaragüenses la certeza de que Cristo nos ama, ya que El concede
este don del amor a la Virgen
aquellos a quienes tiene más cerca de su Corazón, como lo demuestra la
entrega que hizo de su Madre al discípulo que tanto quería y que en la última
Cena reclinó la cabeza sobre su Corazón (Cf. Jn. 19, 26 - Jn. 13 23).
II.- Esencialidad mariana de Nicaragua.
1.- María presente en la vida diaria.
Hay algo muy profundo en esta esencialidad mariana de Nicaragua. Nos referimos
a la apropiación que nuestro pueblo fiel ha hecho del Misterio de María; al
modo en que lo vive y experimenta en su propia manera de vivir y entender el
mundo. María, en efecto, es tenida y reconocida por todos, como la Madre de Dios y Madre de
los pecadores que nos fue entregada por el mismo Jesucristo en su testamento
de la Cruz.
A la Virgen
la invoca el católico nicaragüense con la seguridad y la confianza de ser
siempre escuchado; con Ella habla, conversa y le comunica sus gozos y
tristezas.
Su imagen preside en la casas la vida familiar y es un recuerdo constante que
invita a los hijos a vivir en gracia de Dios y es una llamada a mejorar su
vida cristiana.
2.- Abogada Nuestra.
María representa para todos los que hemos nacido en Nicaragua, un desafío: el
desafío a seguir la vía de no "No caer" en el pecado o de
"Levantarse", mediante la oración, los Sacramentos y el recurso a
su socorro maternal, si se ha tenido la debilidad de caer (Cf. RM. 52). Esto
quiere decir que la maternidad de María adquiere forma real y concreta en la
persona misma y en las circunstancias históricas y culturales del
nicaragüense, pudiéndose decir sin ninguna duda que: "NICARAGUA ES DE
MARÍA".
3.- María y la madre nicaragüense.
En esta esencialidad mariana de Nicaragua, hay que destacar una valorización
de "la mujer-madre" , que en nuestra Patria ha sido y sigue siendo
el ser más sacrificado y por lo tanto el más digno de admiración y
reconocimiento.
María Santísima adelantará con su intercesión, la hora (Jn. 2, 1 ss.) de la
transformación del dolor y las lágrimas de las madres nicaragüenses, en gozo
y paz para ellas, sus hijos y demás seres queridos.
CONFERENCIA EPISCOPAL DE NICARAGUA
+ Card. Miguel Obando Bravo, Arzobispo de Managua
Presidente de la C.E.N.
+ Mons. Julián Barni, Obispo de León
+ Mons. Leovigildo López Fitoria, Obispo de Granada
+ Mons. Carlos Santi, Obispo de Matagalpa
+ Mons. Salvador Schlaefer, Obispo de Bluefields
+ Mons. Rubén López Ardón, Obispo de Estelí
+ Mons. Pedro L. Vílchez V., Obispo de Jinotega
+ Mons. Pablo Schmitz, Obispo Auxiliar de Bluefieds
+ Mons. Bosco Vivas Robelo, Obispo Auxiliar de Managua
Secretario de la C.E.N.,
Administrador Apostólico de Juigalpa.
5. CARTA PASTORAL DE LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE VENEZUELA EN EL SESQUICENTENARIO
DE LA
PROCLAMACIÓN DEL DOGMA DE LA INMACULADA
CONCEPCIÓN (Enero 2005)
Introducción
1. El 8 de diciembre de 1854, Su Santidad el Papa Pío IX, con la Bula Ineffabilis
Deus, proclamaba solemnemente como dogma de fe la doctrina sobre la Inmaculada
Concepción de María: "Declaramos, afirmamos y
definimos que ha sido revelada por Dios, y, por consiguiente, que debe ser
creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene
que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa
original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y
privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo,
salvador del género humano" (n. 18).
3. Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, ante tan significativas efemérides
y ante la necesidad de que los cristianos profundicemos nuestra fe y vivamos
con mayor intensidad el auténtico culto a la Madre de Dios, hacemos nuestra la invitación
del Santo Padre de celebrar un Año dedicado a la Inmaculada Concepción,
el cual culminará el 8 de diciembre del 2005; con el deseo de favorecer el
desarrollo armónico del culto a la
Madre del Señor y que se produzca en el pueblo y sus
pastores un crecimiento saludable del mismo (Cf. PABLO VI, Exhort. Apóst.
Marialis Cultus", nn. 38.58), por medio de esta Carta Pastoral ofrecemos
una breve exposición de esta doctrina y algunas sugerencias para la
celebración de este Año en las diócesis y las parroquias.
Venezuela, tierra de la Inmaculada
15. Una de las devociones más arraigadas en la religiosidad mariana española
desde tiempo inmemorial ha sido la de venerar a la Virgen María
como Purísima o Inmaculada. En tierras de Andalucía cobró brillantez y
expresión plástica y artística con las representaciones de las Inmaculadas. De
allí pasó al Nuevo Mundo donde arraigó la devoción a la Purísima
Concepción desde la primera hora, de modo que en Venezuela
ha estado presente desde el inicio de la evangelización. La invocación a la Inmaculada estuvo
presente en la fundación de ciudades y pueblos, en numerosos documentos
civiles de la colonia, y por supuesto en no pocos papeles eclesiásticos. En
el escudo de armas de Santiago de León de Caracas se lee la frase "Oh
María sin pecado concebida" y en la Pontificia y Real
Universidad de la misma ciudad, al igual que en las universidades europeas
del medioevo, los titulados y profesores se juramentaban prometiendo defender
esta doctrina. En la petición de elevación de Mérida a obispado por parte del
Rey Carlos III al Papa, pone bajo su patronazgo la nueva circunscripción y en
1786, Fray Juan Ramos de Lora erigió la catedral bajo la advocación de la Inmaculada; es por
tanto la Patrona
de Mérida. En la guerra de Independencia, el prócer José Félix Ribas guió en
la batalla de La Victoria
a los jóvenes seminaristas y universitarios de Caracas bajo la enseña
protectora de la
Virgen Inmaculada y, después del triunfo, una de sus
primeras resoluciones fue la celebración de una misa en su honor en la Catedral de Caracas.
16. Emociona contemplar en el pincel de aquel misterioso pintor de El Tocuyo
la bella imagen de la Purísima Concepción, la primera representación
de la Virgen
hecha en nuestra tierra en el siglo XVII. Antiguos y hermosos cánticos y
aguinaldos venezolanos cantan loores a la Purísima. Desde
la colonia hasta nuestros días el nombre, la devoción y las imágenes de la Inmaculada se han ido
desparramando por toda la geografía nacional. En Venezuela existen, algunas
de ellas fundadas antes de la proclamación del dogma, treinta y siete
parroquias dedicadas a la Inmaculada Concepción. Obispos, sacerdotes,
religiosos y religiosas, movimientos, han difundido a lo largo y ancho del
país la veneración a la
Inmaculada. Cartas pastorales, congresos marianos y
escritos diversos han enseñado al pueblo el sentido de esta doctrina. Nuestra
Patria es también tierra de la Inmaculada.
Arzobispos y Obispos de Venezuela.
Caracas, 12 de enero de 2005.
EL PAPA JUAN PABLO II
PEREGRINO EN LOS SANTUARIOS DE AMERICA LATINA
1. De la homilía del Santo Padre Juan Pablo II en la canonización de Juan
Diego Cuauhtlatoatzin en Ciudad de México, 31 de julio de 2002
“Es conmovedor leer los relatos guadalupanos, escritos con delicadeza y
empapados de ternura. En ellos la Virgen María, la esclava “que glorifica al
Señor” (Lc 1, 46), se manifiesta a Juan Diego como la Madre del verdadero Dios.
Ella le regala, como señal, unas rosas preciosas y él, al mostrarlas al
Obispo, descubre grabada en su tilma la bendita imagen de Nuestra Señora”.
“El acontecimiento guadalupano -como ha señalado el Episcopado Mexicano-
significó el comienzo de la evangelización con una vitalidad que rebasó toda
expectativa. El mensaje de Cristo a través de su Madre tomó los elementos
centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo
sentido de salvación” (14.05.2002, n. 8). Así pues, Guadalupe y Juan Diego
tienen un hondo sentido eclesial y misionero y son un modelo de
evangelización perfectamente inculturada”.
“Desde el cielo el Señor, atentamente, mira a todos los hombres” (Sal 32,
13), hemos recitado con el salmista, confesando una vez más nuestra fe en
Dios, que no repara en distinciones de raza o de cultura. Juan Diego, al
acoger el mensaje cristiano sin renunciar a su identidad indígena, descubrió
la profunda verdad de la nueva humanidad, en la que todos están llamados a
ser hijos de Dios en Cristo. Así facilitó el encuentro fecundo de dos mundos
y se convirtió en protagonista de la nueva identidad mexicana, íntimamente
unida a la Virgen
de Guadalupe, cuyo rostro mestizo expresa su maternidad espiritual que abraza
a todos los mexicanos. Por ello, el testimonio de su vida debe seguir
impulsando la construcción de la nación mexicana, promover la fraternidad
entre todos sus hijos y favorecer cada vez más la reconciliación de México con
sus orígenes, sus valores y tradiciones”.
2. De la homilía del Santo Padre Juan Pablo II en la inauguración del
Nuevo Santuario de Nuestra Señora de Coromoto 10 de febrero de 1996
“Desde el 8 de septiembre de 1652, Santa María de Coromoto acompaña la fe de
los indios y los blancos, de los mestizos y los negros de la tierra
venezolana. A Ella, la Madre
tan amada, le digo una vez más: «Tú que has entrado tan adentro en los
corazones de los fieles a través de la señal de tu presencia, ... vive como
en tu casa en estos corazones, también en el futuro»”
“Si a lo largo de los siglos se han multiplicado en tantos lugares de la
tierra los santuarios marianos, si son tan numerosos en América Latina y
también aquí en Venezuela, entre los que destaca éste de Coromoto donde nos
reunimos hoy, es precisamente porque para la Iglesia, para todos
nosotros, es muy importante el testimonio materno de María sobre Cristo. Con
su solicitud acompaña la difusión del Evangelio en todas las naciones. Este
testimonio de María tiene una importancia particular para el continuo
crecimiento y expansión de la Iglesia. María es Madre de la Iglesia porque es la Madre de Cristo.
¡Qué profundas son pues las razones para que vuestra Nación cristiana repita
en este Santuario: «Tú eres el orgullo de nuestro pueblo»! (Jdt 15, 9)”.
A los pies de Nuestra Señora quiero depositar una vez más todas estas
súplicas:
Virgen y Madre nuestra de Coromoto,
que siempre has preservado la fe del pueblo venezolano,
en tus manos pongo sus alegrías y esperanzas,
las tristezas y sufrimientos de todos tus hijos.
Implora sobre los Obispos y presbíteros los dones del Espíritu,
para que, fieles a sus promesas sacerdotales,
sean infatigables mensajeros de la Buena Nueva,
especialmente entre los más pobres y necesitados.
Infunde en los religiosos y religiosas
el ejemplo de tu entrega total a Dios,
para que en el servicio abnegado a los hermanos
los acompañen en sus trabajos y necesidades.
Madre de la Iglesia,
alienta a los fieles laicos,
comprometidos en la Nueva Evangelización,
para que, con la promoción humana y
la evangelización de la cultura,
sean auténticos apóstoles en el Tercer Milenio.
Protege a todas las familias venezolanas
para que sean verdaderas iglesias domésticas,
donde se custodie el tesoro de la fe y de la vida,
se enseñe y se practique siempre la caridad fraterna.
Ayuda a los católicos a ser sal y luz para los demás,
como auténticos testigos de Cristo, presencia salvadora del Señor,
fuente de paz, de alegría y de esperanza.
Reina y Madre Santa de Coromoto,
ilumina a quienes rigen los destinos de Venezuela,
para que trabajen por el progreso de todos,
salvaguardando los valores morales y sociales cristianos.
Ayuda a todos y cada uno de tus hijos e hijas,
para que con Cristo, nuestro Señor y Hermano,
caminen juntos hacia el Padre
en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.
3. Solemne Acto de Consagración del Santo Padre Juan Pablo II a la Virgen de los Treinta
Tres. Florida (Uruguay) 8 de mayo de 1988
1. ¡Feliz porque has creído, Madre del Redentor!
Ante tu imagen sagrada, oh Virgen de los Treinta y Tres,
todo el pueblo del Uruguay,
que te reconoce como Madre y Patrona,
se confía unánime a mis labios para ensalzarte:
“¡Feliz porque has creído!”,
y con inefable gratitud te aclama Maestra de su fe.
Tu mirada bondadosa acompaña los caminos de evangelización
y sostiene con amor solícito
la peregrinación de fe y de esperanza
de todo el Pueblo de Dios en esta sierra,
que en ti pone su confianza, a ti encomienda sus aspiraciones,
su futuro de paz, de progreso, de fidelidad a Cristo.
2. ¡Bendita entre las mujeres! ¡Bendito el fruto de tu seno!
Madre del Verbo de la vida, Virgen de Nazaret,
te encomiendo encarecidamente en este día
todas las familias del Uruguay.
Que sean felices afianzando más y más
el vínculo indisoluble y sagrado del matrimonio;
que sean benditas porque respetan la vida que nace,
como don que viene de Dios,
desde el mismo seno materno.
Haz que cada familia sea de veras una iglesia doméstica,
–a imagen de tu hogar de Nazaret–,
donde Dios esté presente
para hacer llevadero el yugo suave de su ley que es siempre amor,
y donde los hijos puedan crecer en sabiduría y gracia,
sin que les falte el alimento, la educación, el trabajo.
Que el amor de todos los uruguayos hacia ti,
se traduzca en respeto y promoción de la mujer,
ya que eres espejo de su vocación y dignidad,
con la Iglesia
y en la sociedad.
3. ¡Virgen del Magnificat, fiel a Dios y a la humanidad!
Te ofrezco y pongo bajo tu amparo la Iglesia entera del Uruguay,
los obispos y los sacerdotes,
particularmente los recién ordenados,
los religiosos y religiosas,
los seminaristas y novicios
y cuantos están dedicados
al servicio de la evangelización
y del progreso de este pueblo:
los catequistas, los laicos comprometidos, los jóvenes.
Tú que eres la imagen perfecta y viva de la libertad,
de la unión indisoluble entre el amor de Dios
y el servicio a los hermanos,
entre la evangelización y la promoción humana,
enséñanos a poner en práctica
el amor preferencial de Dios por los pobres y humildes.
Que toda la Iglesia
del Uruguay,
bajo tu valiosa ayuda y ejemplo,
trabaje sin descanso por implantar
el Evangelio de las bienaventuranzas,
garantía de libertad, de progreso, de paz;
promueva la solidaridad con las demás naciones hermanas,
y todos los uruguayos vivan en armonía y concordia,
conscientes de ser hijos de Dios y hermanos en Cristo,
sellados por el mismo Espíritu,
miembros de la misma Iglesia
e hijos tuyos, Madre del Redentor.
Amén.
4. Acto de Consagración del Santo Padre Juan Pablo II a la Virgen Santísima
de Copacabana,
La Paz (Bolivia)
- 10 de mayo de 1988
Madre santísima de Copacabana,
al concluir esta celebración litúrgica
en la que hemos orado unidos
por las familias bolivianas,
imploro sobre ellas tu protección maternal.
Tú, que desde tu santuario nacional
acompañas con mirada bondadosa el caminar de este pueblo,
alienta con tu intercesión poderosa
a las familias de Bolivia,
que hoy confío a tus cuidados.
Protege e inspira
a las madres de familia de esta noble tierra,
que con dedicación admirable atienden
y dan consistencia a sus hogares,
guían a sus hijos por el camino del bien
y buscan su dignidad en lo cristiano y en lo humano.
Ilumina también a los padres
para que sepan ser siempre, en su vida familiar y social,
ejemplos de rectitud,
educadores responsables de sus hijos,
modelo de respeto a los valores religiosos y morales
que hacen estable y sana la familia.
Cuídate en especial de los hijos para que, a imitación de Jesús,
crezcan en edad, en sabiduría y en gracia,
recibiendo y difundiendo en su propio hogar
el amor y el respeto entre todos.
Modela su corazón joven
a fin de que, con comprensión y generosidad,
robustezcan la unión familiar,
vivan en obediencia a los principios cristianos
y sean así el apoyo de sus padres
y la esperanza de la sociedad boliviana.
Vela, Madre, con particular ternura
sobre las familias campesinas, que sufren el azote de la pobreza,
sobre los hogares de los mineros,
sobre los relocalizados, los que no tienen pan ni trabajo,
los más pobres y abandonados,
para que experimenten tu consuelo
y la solidaridad de los demás.
Enseña, finalmente,
a todos tus hijos bolivianos,
sin distinción de origen étnico o extracción social,
la fidelidad a la fe cristiana,
la valentía en la adversidad,
la convivencia de la idéntica dignidad de hijos y hermanos,
el empeño para mejorar la patria común,
el compromiso por la honestidad y la justicia,
la esperanza en un mundo nuevo
en el que reinen de veras el amor y la paz. Amén
5. Radiomensaje del Santo Padre Juan Pablo II al Pueblo Boliviano desde el
Santuario mariano nacional de Copacabana (Bolivia) - 14 de mayo de1988,
durante el viaje apostólico en Uruguay, Bolivia, Lima y Paraguay
Queridos hermanos y hermanas de Bolivia:
Llevo en mi corazón el gozo del encuentro con vosotros y el recuerdo
consolador de vuestra fe y de vuestra vida cristiana. Al sobrevolar ahora el
santuario mariano nacional de Copacabana, os dirijo gozoso y confiado este
mensaje por radio, antes de dejar vuestro país.
Son las últimas palabras de mi viaje pastoral, mientras me siento todavía
entre vosotros. Con ellas quisiera hacerme peregrino de amor al santuario de la Madre y Patrona de
Bolivia, junto al pueblo católico boliviano.
A este lugar de gracia, Copacabana, donde la fe sembrada por religiosos
dominicos, agustinos, franciscanos y sacerdotes diocesanos floreció en la
presencia solícita y maternal de la
Virgen de Candelaria, acudo yo también como peregrino entre
los peregrinos. Quiero acompañar en su recorrido a los miles de devotos
bolivianos, que como los antiguos romeros del Cusco, Juli, Potosí, Salta y
tantos otros lugares, con todo medio de transporte o a pie, vienen a
postrarse ante la
Virgen Morena, la
Virgen del Lago; de ese lago majestuoso que guarda tantas y
tan antiguas tradiciones de vuestros pueblos.
En la meta del santuario, a los pies de la imagen bendita de María, Madre de
Jesús y nuestra, no habiendo podido hacerlo físicamente, me postro
espiritualmente, en este Año Mariano. Y quisiera que mi plegaria se uniese,
hoy y siempre, a la de cada hermano y hermana de Bolivia:
Madre de Copacabana, Tú que en éste y en otros santuarios dedicados a ti
recibes las súplicas y tantos testimonios de amor de tus hijos, los alientas
en sus amarguras, inspiras sus deseos de conversión y les muestras a tu Hijo
en brazos, haz que cada uno de nosotros encontremos el camino hacia Cristo;
que recobremos el aliento para ayudar al hermano pobre, al que sufre, al que
necesita paz y gracia. Tú, Madre de Candelaria, guíanos por el camino que
conduce a Jesús, tu Hijo y Hermano nuestro, “luz para iluminar a todas las
gentes”, Palabra del Padre y presencia del Espíritu.
Que el peregrinar a tu santuario no sea sólo para suplicarte dones de la
tierra, sino también los dones del Espíritu que robustezcan la fe,
acrecienten la esperanza, muevan a obras de caridad.
Enseña a tus hijos de Bolivia caminos de convivencia fraterna, de vida
honesta, de moral renovada, de respeto a cada hermano, de compromiso con su
patria.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Y después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh clementísima, oh piadosa,
oh dulce Virgen María. Así sea.
6. Santa Misa celebrada por el Santo Padre Juan Pablo II en la explanada del
Santuario Mariano de Caacupé (Paraguay) - 18 de mayo de 1988, durante el
Viaje Apostólico a Uruguay, Bolivia, Lima y Paraguay
“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28).
1. ¡Cuántas personas han saludado a María con estas venturosas palabras,
pronunciadas par primera vez en Nazaret! ¡En cuántas lenguas y escritos de la
gran familia humana!
“Llena de gracia”. Así se dirige el mensajero divino a la Virgen María.
Estas palabras son un eco de la eterna bendición con que Dios ha vinculado la
humanidad redimida a su Eterno Hijo: “El nos eligió en la persona de Cristo
antes de crear el mondo..., predestinándonos a ser sus hijos adoptivos” (Ef
1, 4-5).
Al aceptar la Virgen
el mensaje traído por el ángel, la eterna bendición divina descendió con la
virtud del Altísimo sobre Ella y la cubrió con su sombra: “Concebirás en tu
vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.. María
respondió: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc
1, 31. 38).
Estamos viviendo en toda la
Iglesia, amadísimos hermanos y hermanas, el Año Mariano. En
este año dedicado a María, me es grato poder visitar el Pueblo de Dios que
vive en esta tierra del Paraguay: un país, podríamos decir, eminentemente
mariano, ya que en su geografía ha quedado claramente inscrito, en hermosa
secuencia de nombres, el Evangelio de los misterios de María: Concepción,
Encarnación, Asunción.
Che corazoité güivé, po ma maiteí; ha hianteté cheve Ñandeyara ta pende
rovasá ha to hykuavó pende apytepe i mborayhú ha i ñe’e marangatú (De todo
corazón os saludo y deseo que Dios os bendiga y derrame entre vosotros su
amor y su palabra santa)
2. En este santuario nacional de Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé
quiero abrazar, en mi saludo de fe y amor a la Virgen, al Pastor de la
diócesis, junto con todos los hermanos en el Episcopado que nos acompañan;
asimismo saludo con afecto a los sacerdotes y seminaristas, a los religiosos
y religiosas y a toda la
Iglesia en el Paraguay que viene a este santuario como a su
propio hogar, porque es la casa de la Madre común.
Contemplando la imagen bendita de Nuestra Señora de Caacupé, parece como si
se rehiciera la misteriosa trama de una historia secular, en la que coincide
felizmente para esta nación la llegada del mensaje cristiano de salvación y
la presencia maternal de María en estas tierras.
Se ha cumplido también aquí lo que tantas veces hemos visto en otros lugares:
con la llegada del Evangelio, anunciando a Cristo, se hace a la vez presente
su Madre, que es también Madre de los discípulos de Jesús y que congrega a
todos sus hijos en la
Iglesia, que es la familia de Dios. De este modo se realiza
sin cesar el misterio de la comunidad eclesial, reunida en torno a María,
como en el Cenáculo.
Caacupé es el lugar que María misma quiso elegir –como atestiguan los
sencillos signos y testimonios que nos ha transmitido la historia de este
santuario– para quedarse en medio de vosotros, para fijar en medio de estas
montañas su morada, con un gesto exquisito de amor maternal y de fidelidad a
su misión universal.
Este santuario nacional, con su fuerza “atractiva y irradiadora”, es lugar
bendito donde encontraréis siempre a la Madre que Cristo nos ha entregado en el
testamento de amor de la cruz (cf Jn 19, 27) .
Peregrinar a Caacupé, como soléis hacer con tanto fervor en torno al 8 de
diciembre, cuando desde los cuatro puntos cardinales del Paraguay venís para
congregaros aquí, es ir a ese encuentro con la Madre de Dios para
consolidar la fe y la gracia de Dios en vosotros, y poder abrir de par en par
los espacios de vuestro corazón a Cristo, el Redentor (cf. Redemptoris Mater,
28)
Caacupé es el núcleo de esa geografía mariana, tan plásticamente expresada en
los nombres de vuestras ciudades, que perpetúan la memoria de los principales
misterios de María.
Por ello, os aliento a conservar con sano orgullo las mejores tradiciones y
costumbres de vuestro pueblo, a cultivar el idioma, las expresiones
artísticas y, sobre todo, a afianzar más y más el profundo sentimiento
religioso. Defendiendo vuestra identidad, además de prestar un servicio,
cumplís un deber: el deber de transmitir vuestra cultura y vuestros valores a
las generaciones venideras. De este modo, la nación entera se sentirá
enriquecida, al mismo tiempo que la común fe católica impulsará a todos a
abrir el corazón a los hermanos, sin excluir a nadie, en un esfuerzo
solidario por trabajar con tesón en favor de la patria y del bien común.
Es bien sabido, amados hermanos y hermanas, que tanto en la vida de los
nativos como de los campesinos no faltan dificultades y problemas. No pocas
veces han sido objeto de marginación y olvido. La Iglesia de hoy, como
hizo la Iglesia
del pasado con figuras como San Roque González, fray Luis Bolaños y tantos
otros misioneros, quiere apoyar decididamente las demandas de respeto a sus
legítimos derechos, sin por ello dejar de recordarles sus deberes.
Este caminar solidario con los hermanos, potenciando sus valores y animando
desde dentro su cultura, ocupa una parte sustancial en la perspectiva y en la
realidad cumplida por el misterio de la Encarnación.
Misterio de una presencia de Dios entre nosotros, de una
comunión de Dios con nosotros, de la unidad indisoluble entre el amor a Dios
y el amor a los hermanos, porque con su Encarnación el Hijo de Dios “se ha
unido en cierto modo con cada hombre” (Gaudium et spes, 22).
Los paraguayos han experimentado en lo íntimo la presencia continua de la Madre de Dios en este
paraje, sereno y de singular belleza, casi oculto entre montes y cerros. Y
han comprobado la eficacia de su mediación por los frutos de gracia y de
santidad que desde aquí ha derramado sin cesar sobre su pueblo querido. En
las horas difíciles de la historia de la nación, en los momentos de
tribulación y de dolor, los paraguayos han dirigido su mirada hacia Caacupé,
faro luminoso de su fe, en el cual han encontrado energías suficientes para
motivar el heroísmo, la generosidad, la esperanza.
La mirada retrospectiva hacia el pasado de una maravillosa historia de fe, no
nos exime del deber de una confrontación con los problemas presentes y con el
futuro de la Iglesia
y de la nación.
María, la mujer nueva, desde Caacupé, con su presencia eclesial, con su
mediación materna, a la que con tanta hondura religiosa se encomiendan todos
los paraguayos, os está diciendo que no se puede construir el futuro sin la
luz del Evangelio.
Virgen de Caacupé, que irradias luz desde esta serranía, te pido de todo
corazón que bendigas y que cuides en todo tiempo a esta nación paraguaya.
7. Acto de Consagración a la Virgen Caacupé, pronunciada por el Santo Padre
Juan Pablo II en el Santuario Mariano de Caacupé (Paraguay) 18 de mayo de
1988
1. ¡Salve María, Estrella de la mañana!
Con todo el pueblo del Paraguay,
Santísima Virgen de Caacupé,
Purísima en tu Concepción Inmaculada,
Señora de los Milagros y Madre de la patria,
vengo a ratificar en tu presencia
la ofrenda de amor y de fidelidad
que te presentan agradecidos
los hijos de esta tierra
a quienes acompañas en su peregrinación en la fe.
Tu imagen nos habla de unión
entre Evangelio y cultura nativa,
del arraigo de la religiosidad popular,
del atractivo que ejercen desde siglos
tu nombre y tu santuario.
2. ¡Virgen Inmaculada, llena de gracia!
Ante tu imagen se inclinaron las generaciones pasadas,
y todos los paraguayos te reconocen como Patrona y guía.
En este día venturoso te ofrezco y te confío
la Iglesia
entera del Paraguay,
los Pastores y los fieles,
los sacerdotes, los religiosos y religiosas,
los seglares, las familias, los jóvenes.
Encomiendo a tus solícitos cuidados la fidelidad del Paraguay
a su vocación y a sus raíces cristianas,
para que bajo tu continua protección
pueda alcanzar la plena realización
que Tú, María, nos indicas en tu Hijo
verdadero Dios y verdadero hombre.
3. ¡María de Nazaret, signo de consuelo y de esperanza!
A Ti que precedes y guías nuestro camino de fe,
nuestra peregrinación hacia el futuro,
encomendamos la nueva evangelización
que comienza en este santuario de Caacupé,
al igual que comenzó en Nazaret
con el misterio de la Encarnación,
y en el Cenáculo de Pentecostés
con la venida del Espíritu Santo.
Tú que eres primicia de la humanidad nueva,
salvaguarda los valores de la cultura autóctona,
la fe que arraiga en los corazones sencillos,
la profunda religiosidad del pueblo.
4. ¡Reina y Señora del Paraguay!
Reaviva en las mentes y en los corazones
el fervor de tus misterios,
grabados en lo más profundo
de nuestra fe y de nuestra cultura,
esos misterios que canta la geografía de la nación.
Tu Concepción: el amor del Padre que te llenó de gracia,
signo de la victoria sobre el pecado y sobre el mal.
La Encarnación: el misterio del Hijo de Dios hecho hombre,
la cercanía y el amor de nuestro Dios
que nos ha llegado por Ti.
Tu Asunción: el destino definitivo de la Iglesia
que resplandece en tu glorificación
a la derecha de Cristo, el Redentor Resucitado.
Hoy anhelamos y rogamos por tu intercesión
que toda la Iglesia
del Paraguay,
reunida en torno a tu imagen,
como los Apóstoles en Pentecostés,
reciba una renovada efusión del Espíritu
para proclamar el Evangelio
con la entereza de una fe profunda
y la fecundidad del testimonio cristiano.
Sé Tú, oh María, el signo de la verdadera libertad
de todos los hijos de Dios en el Paraguay,
congregados en la unidad de la Iglesia
de la que Tú eres modelo perfecto
y Madre amorosa. Amén.
8. Acto de Consagración de chile a la Virgen del Carmen pronunciado por Su
Santidad Juan Pablo II en el Santuario nacional de Maipú (Santiago de Chile)
3 de abril de 1987
1. Te bendecimos, ¡oh Dios nuestro!, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, porque elegiste a María, desde antes de la creación del
mundo, para ser santa e inmaculada ante Ti por el amor.
En previsión de los méritos de Cristo,
la redimiste y constituiste Madre del mismo Redentor.
Por virtud del Espíritu Santo hiciste de Ella para siempre
templo de tu gloria, una nueva criatura,
primicia de la nueva humanidad.
¡Bendito seas por siempre, Señor!
2. ¡Bendita Tú entre las mujeres, Virgen María,
y bendito el fruto de tu seno, Jesús!
En Ti, la llena de gracia, se refleja la bondad de Dios
y el destino de la criatura humana,
para alabanza de la gloria de su gracia
con la que nos enriqueció en su Hijo muy amado,
que es nuestro Hermano e Hijo tuyo, Jesucristo.
Tú, la humilde sierva del Señor,
eres el modelo de los discípulos de Cristo
que consagran su vida a realizar la voluntad del Padre
para la venida de su reino.
3. ¡Santa María, Madre de Cristo,
Madre de Dios y Madre nuestra!
Bajo tu amparo nos acogemos,
a tu intercesión maternal nos confiamos.
Como Tú te consagraste totalmente a Dios,
nosotros, siguiendo tu ejemplo
y en comunión contigo,
nos consagramos a Cristo el Señor;
nos consagramos también a Ti, nuestro modelo,
porque queremos hacer en todo la voluntad del Padre,
y ser como Tú fieles a las inspiraciones del Espíritu.
4. ¡Virgen del Carmen de Maipú,
Reina y Patrona del pueblo chileno!
A tu corazón de Madre encomiendo la Iglesia
y todos los habitantes de Chile:
los Pastores y los fieles,
todos los hijos de esta nación.
Que bajo tu protección maternal,
Chile sea una familia unida en el hogar común,
una patria reconciliada en el perdón
y en el olvido de las injurias,
en la paz y en el amor de Cristo.
Tú que eres la Madre
de la Vida
verdadera,
enséñanos a ser testigos del Dios vivo,
del amor que es más fuerte que la muerte,
del perdón que disculpa las ofensas,
de la esperanza que mira hacia el futuro
para construir, con la fuerza del Evangelio,
la civilización del amor en una patria reconciliada y en paz.
5. ¡Santa María de la Esperanza,
Virgen del Carmen y Madre de Chile!
Extiende tu escapulario, como manto de protección,
sobre las ciudades y los pueblos, sobre la cordillera y el mar,
sobre hombres y mujeres, jóvenes y niños,
ancianos y enfermos, huérfanos y afligidos,
sobre los hijos fieles y sobre las ovejas descarriadas.
Tú, que en cada hogar chileno tienes un altar familiar,
que en cada corazón chileno tienes un altar vivo,
acoge la plegaria de tu pueblo, que ahora, con el Papa, de nuevo se consagra
a Ti.
Estrella de los mares y Faro de luz,
consuelo seguro para el pueblo peregrino,
guía los pasos de Chile en su peregrinar terreno,
para que recorra siempre senderos de paz y de concordia,
caminos de Evangelio, de progreso, de justicia y libertad.
Reconcilia a los hermanos en un abrazo fraterno;
que desaparezcan los odios y los rencores,
que se superen las divisiones y las barreras,
que se unan las rupturas y sanen las heridas.
Haz que Cristo sea nuestra Paz,
que su perdón renueve los corazones,
que su Palabra sea esperanza y fermento en la sociedad.
6. ¡Madre de la Iglesia
y de todos los hombres!
Inspira y conserva la fidelidad a Cristo
en la nación chilena y en el continente latinoamericano.
Mantén viva la unidad de la
Iglesia bajo la cruz de tu Hijo.
Haz que los hombres de todos los pueblos,
reconozcan su mismo origen y su idéntico destino,
se respeten y amen como hijos del mismo Padre,
en Cristo Jesús, nuestro único Salvador,
en el Espíritu Santo que renueva la faz de la tierra,
para gloria y alabanza de la Santísima Trinidad.
Amén.
9. Acto de Consagración de Argentina a la Virgen de Luján
pronunciado por el Santo Padre Juan Pablo II en Buenos Aires (Argentina) 12
de abril de 1987
1.¡Dios te salve, María, llena de gracia,
Madre del Redentor!
Ante tu imagen de la Pura
y Limpia Concepción,
Virgen de Luján, Patrona de Argentina,
me postro en este día aquí, en Buenos Aires,
con todos los hijos de esta patria querida,
cuyas miradas y cuyos corazones convergen hacia Ti;
con todos los jóvenes de Latinoamérica
que agradecen tus desvelos maternales,
prodigados sin cesar en la evangelización del continente
en su pasado, presente y futuro;
con todos los jóvenes del mundo,
congregados espiritualmente aquí,
por un compromiso de fe y de amor;
para ser testigos de Cristo tu Hijo
en el tercer milenio de la historia cristiana,
iluminados por tu ejemplo, joven Virgen de Nazaret,
que abriste las puertas de la historia al Redentor del hombre,
con tu fe en la Palabra,
con tu cooperación maternal.
2. ¡Dichosa tú porque has creído!
En el día del triunfo de Jesús,
que hace su entrada en Jerusalén manso y humilde,
aclamado como Rey por los sencillos,
te aclamamos también a Ti,
que sobresales entre los humildes y pobres del Señor;
son éstos los que confían contigo en sus promesas,
y esperan de E1 la salvación.
Te invocamos como Virgen fiel y Madre amorosa,
Virgen del Calvario y de la Pascua,
modelo de la fe y de la caridad de la Iglesia,
unida siempre, como Tú,
en la cruz y en la gloria, a su Señor.
3. ¡Madre de Cristo y Madre de la
Iglesia!
Te acogemos en nuestro corazón,
como herencia preciosa que Jesús nos confió desde la cruz.
Y en cuanto discípulos de tu Hijo,
nos confiamos sin reservas a tu solicitud
porque eres la Madre
del Redentor y Madre de los redimidos.
Te encomiendo y te consagro, Virgen de Luján,
la patria argentina, pacificada y reconciliada,
las esperanzas y anhelos de este pueblo,
la Iglesia
con sus Pastores y sus fieles,
las familias para que crezcan en santidad,
los jóvenes para que encuentren la plenitud de su vocación,
humana y cristiana,
en una sociedad que cultive sin desfallecimiento
los valores del espíritu.
Te encomiendo a todos los que sufren,
a los pobres, a los enfermos, a los marginados;
a los que la violencia separó para siempre de nuestra compañía,
pero permanecen presentes ante el Señor de la historia
y son hijos tuyos, Virgen de Luján, Madre de la Vida.
Haz que Argentina entera sea fiel al Evangelio,
y abra de par en par su corazón
a Cristo, el Redentor del hombre,
la Esperanza
de la humanidad.
4. ¡Dios te salve, Virgen de la
Esperanza!
Te encomiendo a todos los jóvenes del mundo,
esperanza de la Iglesia
y de sus Pastores;
evangelizadores del tercer milenio,
testigos de la fe y del amor de Cristo
en nuestra sociedad y entre la juventud.
Haz que, con la ayuda de la gracia,
sean capaces de responder, como Tú,
a las promesas de Cristo,
con una entrega generosa y una colaboración fiel.
Haz que, como Tú, sepan interpretar los anhelos de la humanidad;
para que sean presencia saladora en nuestro mundo
Aquel que, por tu amor de Madre, es para siempre
el Emmanuel, el Dios con nosotros,
y por la victoria de su cruz y de su resurrección
está ya para siempre con nosotros,
hasta el final de los tiempos.
Amén.
10. De la homilía del Santo Padre, Juan Pablo II, durante la
Concelebración Eucarística en el Campo “Juan Pablo II” de
Chiquinquirá (Colombia) julio de 1986
1. ¡Dichosa Tú que has creído! (cf. Lc 1, 45)
Como peregrino a tu santuario de Chiquinquirá, me postro ante Ti, oh Madre de
Jesús, pronunciando las palabras con las que te saludó Isabel, la esposa de
Zacarías, en el umbral de su casa.
2. ¡Dichosa Tú, que has creído!
Son muchos los lugares en la tierra desde los cuales los hijos del Pueblo de
Dios, nacidos de la
Nueva Alianza, te repiten a porfía las palabras de esta
bienaventuranza: “Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu
vientre; ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mi?” (Lc 1, 42-43)
Y uno de esos lugares, que Tú has querido visitar, como la casa de Isabel, es
éste: el santuario mariano del Pueblo de Dios en tierra colombiana.
Aquí en Chiquinquirá quisiste, oh Madre, disponer para siempre tu morada.
Durante cuatro siglos, tu presencia vigilante y valerosa ha acompañado
ininterrumpidamente a los mensajeros del Evangelio en estas tierras para
hacer brotar en ellas, con la luz y la gracia de tu Hijo, la inmensa riqueza
de la vida cristiana. Bien podemos repetir hoy, recordando las palabras de mi
venerado predecesor el Papa Pío XII, que “Colombia es jardín mariano, entre
cuyos santuarios domina, como sol entre las estrellas, Nuestra Señora de
Chiquinquirá”.
Amadísimos hermanos y hermanas: Al cumplirse el cuarto centenario de la Renovación de
esta venerada imagen, me sumo gozosamente a vosotros en esta peregrinación de
fe y de amor. He venido a este lugar a postrarme a los pies de la Virgen, deseoso de
confortaros en la fe, esto es, en la verdad de Jesucristo, de la cual forma
parte la verdad de María y la verdadera devoción hacia Ella. Quiero también
orar con vosotros por la paz y la prosperidad de esta amada nación, ante
Aquella que proclamáis Reina de la
Paz y que con afecto filial invocáis como Reina de
Colombia.
3. En mi peregrinación a este santuario, quiero abrazar en mi saludo de fe y
de amor a la Virgen,
a todos cuantos están viviendo con vuestra presencia o en espíritu estos
momentos de gracia: en primer lugar a mis hermanos en el Episcopado, en
particular, a los Pastores de la provincia eclesiástica de Tunja: los obispos
de Chiquinquirá, Duitama, Garagoa y Casanare. Asimismo a las autoridades,
encabezadas por el Señor Presidente de la República; a
los Pueblo de Dios que en este santuario de María se encuentra como en su
propia casa, por ser casa de la
Madre común. Mis manos se alargan, en aras de fervor
mariano, para estrechar de modo singular en el mismo abrazo a todos vosotros,
los campesinos, quienes a base de esfuerzo y de sudor cultiváis esta tierra,
participando en el misterio de Dios, creador y providente: Dios que da la
lluvia para que la tierra dé sus frutos (cf. Sal 85 [84], 13). …
La devoción a la
Virgen María, tan firmemente arraigada en vuestra genuina
religiosidad, tan popular, no puede y no debe ser instrumentalizada, por
nadie; ni como freno a las exigencias de justicia y prosperidad que son
propias de la dignidad de los hijos de Dios; ni como recurso para un proyecto
puramente humano de liberación que muy pronto se revelaría ilusorio. La fe
que los pobres ponen en Cristo y la esperanza de su reino tienen como modelo
y protectora a la
Virgen María.
María, aceptando la voluntad del Padre, abre el camino de la salvación y hace
posible que con la presencia del reino de Dios se haga su voluntad en esta tierra
así como ya se hace en el cielo. María, proclamando la fidelidad de Dios por
todas las generaciones, asegura la victoria de los pobres y de los humildes;
esa victoria que ya se refleja en su vida y por la cual todas las
generaciones la llamarán bienaventurada (cf. Lc 1, 46-53).
11. Oración de su Santidad Juan Pablo II a la Virgen del Rosario,
pronunciada en la
Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá (Colombia) el 3
de julio de 1986
1. ¡Dios te salve María!
Te saludamos con el Ángel: Llena de gracia.
El Señor está contigo.
Te saludamos con Isabel: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de
tu vientre! ¡Feliz porque has creído a las promesas divinas!
Te saludamos con las palabras del Evangelio: Feliz porque has escuchado la Palabra de Dios y la has
cumplido.
2. Tú eres la ¡llena de gracia!
Te alabamos, Hija predilecta del Padre.
Te bendecimos, Madre del Verbo divino.
Te veneramos, Sagrario del Espíritu Santo.
Te invocamos, Madre y Modelo de toda la Iglesia.
Te contemplamos, imagen realizada de las esperanzas de toda
la humanidad.
3. ¡EI Señor está contigo!
Tú eres la Virgen
de la Anunciación,
el Sí de la humanidad entera al misterio de la salvación.
Tú eres la Hija
de Sión y el Arca de la nueva Alianza en el misterio de la visitación.
Tú eres la Madre
de Jesús, nacido en Belén, la que lo mostraste a los sencillos pastores y a
los sabios de Oriente.
Tú eres la Madre
que ofrece a su Hijo en el templo, lo acompaña hasta Egipto, lo conduce a
Nazaret.
Virgen de los caminos de Jesús, de la vida oculta y del milagro de Caná.
Madre Dolorosa del Calvario y Virgen gozosa de la Resurrección.
ú eres la Madre
de los discípulos de Jesús en la espera y en el gozo de Pentecostés.
4. Bendita porque creíste en la
Palabra del Señor,
porque esperaste en sus promesas,
porque fuiste perfecta en el amor.
Bendita por tu caridad premurosa con Isabel,
por tu bondad materna en Belén,
por tu fortaleza en la persecución,
por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el templo,
por tu vida sencilla en Nazaret,
por tu intercesión en Caná,
por tu presencia maternal junto a la cruz,
por tu fidelidad en la espera de la resurrección,
por tu oración asidua en Pentecostés.
Bendita eres por la gloria de tu Asunción a los cielos
por tu materna protección sobre la
Iglesia
por tu constante intercesión por toda la humanidad.
5. ¡Santa María, Madre de Dios!
Queremos consagrarnos a Ti.
Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra.
Porque tu Hijo Jesús nos confió a todos a Ti.
Porque has querido ser Madre de esta Iglesia de Colombia y has puesto aquí en
Chiquinquirá tu santuario.
Nos consagramos a Ti todos los que hemos venido a visitarte en esta
celebración solemne de los cuatrocientos años de la renovación de tu imagen.
Te consagro toda la Iglesia
de Colombia, con sus Pastores y sus fieles:
Los obispos, que a imitación del Buen Pastor velan por el pueblo que les ha
sido encomendado.
Los sacerdotes, que han sido ungidos por el Espíritu.
Los religiosos y religiosas, que ofrendan su vida por el reino de Cristo.
Los seminaristas, que han acogido la llamada del Señor.
Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de su amor con sus
familias.
Los seglares comprometidos en el apostolado.
Los jóvenes que anhelan una sociedad nueva.
Los niños que merecen un mundo más pacífico y humano.
Los enfermos, los pobres, los encarcelados, los perseguidos, los huérfanos,
los desesperados, los moribundos.
Te consagro toda esta nación de Colombia de la que eres, Virgen de
Chiquinquirá, Patrona y Reina.
Que resplandezcan en sus instituciones los valores del Evangelio.
6. ¡Ruega por nosotros pecadores!
Madre de la Iglesia,
bajo tu patrocinio nos acogemos y a tu inspiración nos encomendamos.
Te pedimos por la Iglesia
de Colombia, para que sea fiel en la pureza de la fe, en la firmeza de la
esperanza, en el fuego de la caridad, en la disponibilidad apostólica y
misionera, en el compromiso por promover la justicia y la paz entre los hijos
de esta tierra bendita.
Te suplicamos que toda la
Iglesia de Latinoamérica se mantenga siempre en perfecta
comunión de fe y de amor, unida a la
Sede de Pedro con estrechos vínculos de obediencia y de
caridad.
Te encomendamos la fecundidad de la nueva evangelización, la fidelidad en el
amor de preferencia por los pobres y la formación cristiana de los jóvenes,
el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la generosidad de los
que se consagran a la misión, la unidad y la santidad de todas las familias.
7. “Ahora y en la hora de nuestra muerte”.
¡Virgen del Rosario, Reina de Colombia, Madre nuestra! Ruega por nosotros
ahora.
Concédenos el don inestimable de la paz, la superación de todos los odios y
rencores, la reconciliación de todos los hermanos.
Que cese la violencia y la guerrilla.
Que progrese y se consolide el diálogo y se inaugure una convivencia
pacífica.
Que se abran nuevos caminos de justicia y de prosperidad.
Te lo pedimos a Ti a quien invocamos como Reina de la Paz.
¡Ahora y en la hora de nuestra muerte!
Te encomendamos a todas las víctimas de la injusticia y de la violencia, a
todos los que han muerto en las catástrofes naturales, a todos los que en la
hora de la muerte acuden a Ti como Madre y Patrona.
Sé para todos nosotros, Puerta del Cielo, vida, dulzura y esperanza, para que
juntos podamos contigo glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
¡Amén!
12. Oración de ofrecimiento a la
Virgen de Coromoto, pronunciada por Santo Padre Juan Pablo
II, en Caracas, 27 de enero de 1985
Y ahora con gran confianza en su maternal ayuda queremos hacer esta mañana
el acto de ofrecimiento de todos los hijos de Venezuela a Nuestra Señora de
Coromoto.
A Ti, Madre Santísima, que has sido la protectora de la fe del pueblo
venezolano, te confío hoy la fe de este pueblo. Defiéndela contra los
peligros del laicismo, de los ataques que la amenazan, del consumismo, de la
visión horizontalista de la vida que atenta contra su vigor.
En tus manos, oh María, Madre de Cristo y nuestra, pongo las alegrías y las
tristezas, las esperanzas y sufrimientos, los desvelos y necesidades de todas
las familias venezolanas. Cuida en ellas la vida, aun la no nacida, protege a
sus niños y jóvenes, conforta a sus enfermos y ancianos, aumenta el amor de
los esposos, para que caminen siempre en la luz de tu Hijo y busquen la
estabilidad de su unión en el sacramento. Asiste asimismo a las familias
emigrantes, especialmente a las venidas de Cuba, de la República Dominicana,
de Colombia, del Ecuador y de Europa, que son las más numerosas.
Te encomiendo, oh María, Madre de la Iglesia, a los ministros de tu Hijo, a las almas
consagradas, a los que sintieron la llamada a su servicio y al de sus
hermanos. Alienta sus anhelos apostólicos, afianza su fidelidad, inspírales
deseos de santidad, acompaña su generosa entrega eclesial. Te confío también
el problema de la escasez de vocaciones.
Inspira a esta Iglesia para que redoble su vitalidad, suscitando en su seno
abundantes y selectas vocaciones. Bendice a cuantos con su trabajo honrado
procuran el bienestar de los hermanos: al campesino y al obrero, al
empresario y al artesano, a los profesionales y a quienes tienen
responsabilidades de dirección en la sociedad. Ayúdales a ejercer su misión
con gran sentido de honradez, diligencia y moralidad, escuchando el fuerte
clamor de justicia que brota de tantos corazones.
Virgen Santa de Coromoto, en unión colegial con mis hermanos obispos de
Venezuela, te pido: ilumina los destinos de Venezuela; guía esta noble
nación, por los caminos de la paz y del progreso cristiano; ayuda a todos sus
hijos, para que de la mano con Cristo, nuestro Señor y Hermano, caminen hacia
el Padre común en la unidad del Espíritu Santo. Amén.
13. De la homilía durante la
Santa Misa celebrada por el Santo Padre Juan Pablo II en le
Santuario de Nuestra Señora de Suyapa en Tegucigalpa (Honduras), 8 de marzo
de 1983
Un mismo nombre, María, modulado con diversas advocaciones, invocado con las
mismas oraciones, pronunciado con idéntico amor. En Panamá se la invoca con
el nombre de la
Asunción; en Costa Rica, Nuestra Señora de los Ángeles; en
Nicaragua, la
Purísima; en El Salvador se la invoca como Reina de la Paz; en Guatemala se venera
su Asunción gloriosa; Belice ha sido consagrada a la Madre de Guadalupe y Haití
venera a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Aquí, el nombre de la Virgen de Suyapa tiene
sabor de misericordia por parte de María y de reconocimiento de sus favores
por parte del pueblo hondureño…
5. Queridos hermanos e hijos de este pueblo de Honduras, de donde han salido
preciosas iniciativas de catequesis y de proclamación de la Palabra, para llevar el
Evangelio a los más pobres y sencillos a quienes Jesús reconoce esa sabiduría
que viene del Padre (cf. Lc 10, 21): Quisiera resumiros en dos palabras la
sublime lección del Evangelio de María: La Virgen es Madre; la Virgen es Modelo.
No podemos acoger plenamente a la
Virgen como Madre sin ser dóciles a su palabra, que nos
señala a Jesús como Maestro de la verdad que hay que escuchar y seguir:
“Haced lo que El os diga”. Esta palabra repite continuamente María, cuando
lleva a su Hijo en brazos o lo indica con su mirada. …
“He aquí a tu Madre”. El Papa peregrino os repite la palabra de Jesús.
Acogedla en vuestra casa; aceptada como Madre y Modelo. Ella os enseñará los
senderos del Evangelio. Os hará conocer a Cristo y amar a la Iglesia; os mostrará el
camino de la vida; os alentará en vuestras dificultades. En Ella encuentra
siempre la Iglesia
y d cristiano un motivo de consuelo y de esperanza, porque “Ella precede con
su luz al Pueblo de Dios peregrino en esta tierra, como signo de esperanza
cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor” (cf. Lumen Gentium,
68).
Con esta esperanza, como signo de compromiso filial por parte de todos y como
manifestación de la confianza que hemos depositado en María, Madre y Modelo,
quiero dirigir a la Virgen
nuestra Señora esta plegaria de ofrecimiento de todos los pueblos de América
Central que he visitado en mi viaje apostólico:
Ave, llena de gracia, bendita entre las mujeres, Madre de Dios y Madre
nuestra, Santa Virgen María.
Peregrino por los países de América Central, llego a este santuario de Suyapa
para poner bajo tu amparo a todos los hijos de estas naciones hermanas,
renovando la confesión de nuestra fe, la esperanza ilimitada que hemos puesto
en tu protección, el amor filial hacia ti, que Cristo mismo nos ha mandado.
Creemos que eres la Madre
de Cristo, Dios hecho hombre, y la
Madre de los discípulos de Jesús. Esperamos poseer contigo
la bienaventuranza eterna de la que eres prenda y anticipación en tu Asunción
gloriosa. Te amamos porque eres Madre misericordiosa, siempre compasiva y
clemente, llena de piedad.
Te encomiendo todos los países de esta área geográfica. Haz que conserven,
como el tesoro más precioso, la fe en Jesucristo, el amor a ti, la fidelidad
a la
Iglesia.
Ayúdales a conseguir, por caminos pacíficos, el cese de
tantas injusticias, el compromiso en favor del que más sufre, el respeto y
promoción de la dignidad humana y espiritual de todos sus hijos.
Tú que eres la Madre
de la paz, haz que cesen las luchas, que acaben para siempre los odios, que
no se reiteren las muertes violentas. Tú que eres Madre, enjuga las lágrimas
de los que lloran, de los que han perdido a sus seres queridos, de los
exiliados y lejanos de su hogar; haz que quienes pueden, procuren el pan de
cada día, la cultura, el trabajo digno.
Bendice a los Pastores de la
Iglesia, a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos
y religiosas, a los seminaristas, catequistas, laicos apóstoles y delegados
de la Palabra. Que
con su testimonio de fe y de amor sean constructores de esa Iglesia de la que
tú eres Madre.
Bendice a las familias, para que sean hogares cristianos donde se respete la
vida que nace, la fidelidad del matrimonio, la educación integral de los
hijos, abierta a la consagración a Dios. Te encomiendo los valores de los
jóvenes de estos pueblos; haz que encuentren en Cristo el modelo de entrega
generosa a los demás; fomenta en sus corazones el deseo de una consagración
total al servicio del Evangelio.
En este Año Santo de la
Redención que vamos a celebrar, concede a todos los que se
han alejado, el don de la conversión; y a todos los hijos de la Iglesia, la gracia de la
reconciliación; con frutos de justicia, de hermandad, de solidaridad.
Al renovar nuestra entrega de amor a ti, Madre y Modelo, queremos
comprometernos, como tú te comprometiste con Dios, a ser fieles a la Palabra que da la vida.
Queremos pasar del pecado a la gracia, de la esclavitud a la verdadera
libertad en Cristo, de la injusticia que margina a la justicia que dignifica,
de la insensibilidad a la solidaridad con quien más sufre, del odio al amor,
de la guerra que tanta destrucción ha sembrado, a una paz que renueve y haga
florecer vuestras tierras.
Señora de América, Virgen pobre y sencilla, Madre amable y bondadosa, tú que
eres motivo de esperanza y de consuelo, ven con nosotros a caminar, para que
juntos alcancemos la libertad verdadera en el Espíritu que te cubrió con su
sombra;. en Cristo que nació de tus entrañas maternas; en el Padre que te amó
y te eligió como primicia de la nueva humanidad. Amén.
14. Acto de Ofrecimiento a la
Virgen de Luján durante la Santa Misa celebrada
por el Santo Padre Juan Pablo II en el Santuario de Nuestra Señora de Luján
en Buenos Aires (Argentina) 11 de junio de 1982
A la Madre de
Cristo y Madre de cada uno de nosotros queremos pedir que presente a su Hijo
el ansia actual de nuestros corazones doloridos y sedientos de paz.
A Ella que, desde los años de 1630, acompaña aquí maternalmente a cuantos se
la acercan para implorar su protección, queremos suplicar hoy aliento,
esperanza, fraternidad.
Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis
predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene
también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de
Pedro en la cátedra de Roma.
La tradición del santuario de Luján ha colocado estas palabras en el centro
mismo de la liturgia, a cuya participación invita a todos los peregrinos. Es
como si quisiera decir: aprended a mirar al misterio que constituye la gran perspectiva
para los destinos del hombre sobre la tierra, y aun después de la muerte.
Sabed ser también hijos e hijas de esta Madre, que Dios en su amor ha dado al
propio hijo como Madre.
Aprended a mirar de esta manera, particularmente en los momentos difíciles y
en las circunstancias de mayor responsabilidad; hacedlo así en este instante
en que el Obispo de Roma quiere estar entre vosotros como peregrino, rezando
a los pies de la Madre
de Dios en Luján, santuario de la nación argentina.
Al santuario de Luján hemos venido hoy en el espíritu de esa entrega. Y yo
- Obispo de Roma - vengo también para pronunciar este acto de ofrecimiento a
Ti de todos y cada uno.
De manera especial te confío todos aquellos que, a causa de los recientes
acontecimientos, han perdido la vida: encomiendo sus almas al eterno reposo
en el Señor. Te confío asimismo los que han perdido la salud y se hallan en
los hospitales, para que en la prueba y el dolor sus ánimos se sientan
confortados.
Te encomiendo todas las familias y la nación. Que todos sean partícipes de
esta elevación del hombre en Cristo proclamada por la liturgia de hoy. Que
vivan la plenitud de la fe, la esperanza y la caridad como hijos e hijas
adoptivos del Padre Eterno en el Hijo de Dios.
Que por tu intercesión, oh Reina de la paz, se encuentren las vías para la
solución del actual conflicto, en la paz, en la justicia y en el respeto de
la dignidad propia de cada nación.
Escucha a tus hijos, muéstrales a Jesús, el Salvador, como camino, verdad,
vida y esperanza. Así sea.
15. De la homilía de la
Santa Misa celebrada por el Santo Padre Juan Pablo II en la Basílica de
Guadalupe (México) 27 de enero de 1979
1. ¡Salve, María!
CUÁN PROFONDO es mi gozo, queridos Hermanos en el Episcopado y amadísimos
hijos, porque los primeros pesos de mi peregrinaje, como Sucesor de Pablo VI
y de Juan Pablo I, me traen precisamente aquí. Me traen a Ti, María, en este
Santuario del pueblo de México y de toda América Latina, en el que desde hace
tantos siglos se ha manifestado tu maternidad.
Congregados aquí el Sucesor de Pedro y los sucesores de los Apóstoles, nos
damos cuenta de cómo esas palabras se han cumplido, de manera admirable, en
esta tierra.
En efecto, desde que en 1492 comienza la gesta evangelizadora en el Nuevo
Mundo, apenas una veintena de años después llega la fe a México. Poco más
tarde se crea la primera sede arzobispal regida por Juan de Zumárraga, a
quien secundarán otras grandes figuras de evangelizadores, que extenderán el
cristianismo en muy amplias zonas. …
De hecho los primeros misioneros llegados a América, provenientes de tierras
de eminente tradición mariana, junto con los rudimentos de la fe cristiana
van enseñando el amor a Ti, Madre de Jesús y de todos los hombres. Y desde
que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, Tú, Madre de
Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de
México. No menor ha sido Tu presencia en otras partes, donde Tus hijos te
invocan con tiernos nombres, como Nuestra Señora de la Altagracia, de la Aparecida, de Luján y
tantos otros no menos entrañables, para no hacer una lista interminable, con
los que en cada Nación y aun en cada zona los pueblos latinoamericanos Te
expresan su devoción más profunda y Tú les proteges en su peregrinar de fe.
El Papa – que proviene de un País en el que tus imágenes, especialmente una:
la de Jasna Gora, son también signo de Tu presencia en la vida de la nación,
en su azarosa historia – es particularmente sensible a este signo de Tu
presencia aquí, en la vida del Pueblo de Dios en México, en su historia,
también ella no fácil y a veces hasta dramática. Pero estás igualmente
presente en la vida de tantos otros pueblos y naciones de América Latina,
presidiendo y guiando no sólo su pasado remoto o reciente, sino también el
momento actual, con sus incertidumbres y sombras. Este Papa percibe en lo
hondo de su corazón los vínculos particulares que Te unen a Ti con este
Pueblo y a este Pueblo contigo. Este Pueblo, que afectuosamente Te llama “ la Morenita ”. Este Pueblo
– e indirectamente todo este inmenso Continente – vive su unidad espiritual
gracias al hecho de que Tú eres la Madre.Una Madre que, con su amor, crea,
conserva, acrecienta espacios de cercanía entre sus hijos….
4. Permite pues que yo, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Papa, junto con mis
Hermanos en el Episcopado que representan a la Iglesia de México y de
toda la
América Latina, en este solemne momento, confiemos y
ofrezcamos a Ti, sierva del Señor, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de la Resurrección,
de los que todos nosotros somos testigos, apóstoles, maestros y obispos.
¡Oh Madre! Ayúdanos a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de
Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad que Tu Hilo ha anunciado y a extender el
amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del Espíritu Santo.
Ayúdanos a confirmar a nuestros hermanos en la fe, ayúdanos a despertar la
esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes tesoros
encerrados en les almas del Pueblo de Dios que nos ha sido encomendado.
Te ofrecemos todo este Pueblo de Dios. Te ofrecemos la Iglesia de México y de
todo el Continente. Te la ofrecemos como propiedad Tuya. Tú que has entrado
tan adentro en los corazones de los fieles a traves de la señal de Tu
presencia, que es Tu imagen en el Santuario de Guadalupe, vive como en Tu
casa en estos corazones, también en el futuro. Sé uno de casa en nuestras
familias, en nuestras parroquias, misiones, diócesis y en todos los pueblos.
Y hazlo por medio de la
Iglesia Santa, la cual, imitándote a Ti, Madre, desea ser a
su vez una buena madre, cuidar a les almas en todas sus necesidades,
enunciando el Evangelio, administrando los Sacramentos, salvaguardando la
vida de les familias mediante el sacramento del Matrimonio, reuniendo a todos
en la comunidad eucarística por medio del Santo Sacramento del altar,
acompañándolos amorosamente desde la cuna hasta la entrada en la eternidad.
¡Oh Madre! Despierta en les jóvenes generaciones la disponibilidad al
exclusivo servicio a Dios. Implora para nosotros abundantes vocaciones
locales al sacerdocio y a la vida consagrada.
¡Oh Madre! Corrobora la fe de todos nuestros hermanos y hermanas laicos, para
que en cada campo de la vida social, profesional, cultura! y política, actúen
de acuerdo con la verdad y la ley que Tu Hijo ha traído a la humanidad, para
conducir a todos a la salvación eterna y, al mismo tiempo, para hacer la vida
sobre la sierra más humana, más digna del hombre.
La Iglesia
que desarrolla su labor entre les naciones americanas, la Iglesia en México,
quiere servir con todas sus fuerzas esta causa sublime con un renovado
espíritu misionero. ¡Oh Madre! haz que sepamos servirla en la verdad y en la
justicia. Haz que nosotros mismos sigamos este camino y conduzcamos a los
demás, sin desviarnos jamás por senderos tortuosos, arrastrando a los otros.
Te ofrecemos y confiamos todos aquellos y todo aquello que es objeto de
nuestra responsabilidad pastora!, confiando que Tú estarás con nosotros, y
nos ayudarás a realizar lo que Tu Hijo nos ha mandado. Te traemos esta
confianza ilimitada y con ella, yo, Juan Pablo II, con todos mis Hermanos en
el Episcopado de México y de América Latina, queremos vincularte de modo
todavía más fuerte a nuestro ministerio, a la Iglesia y a la vida de
nuestras naciones. Deseamos poner en Tus manos nuestro entero porvenir, el
porvenir de la evangelización de América Latina.
¡Reina de los Apóstoles! Acepta nuestra prontitud a servir sin reserva la
causa de Tu Hijo, la causa del Evangelio y la causa de la paz, basada sobre
la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos.
¡Reina de la Paz!
Salva a les Naciones y a los Pueblos de todo el Continente, que tanto confían
en Ti, de les guerras, del odio y de la subversión.
Haz que todos, gobernantes y súbditos, aprendan a vivir en paz, se eduquen
para la paz, hagan cuanto exige la justicia y el respeto de los derechos de
todo hombre, para que se consolide la paz.
Acepta esta nuestra confiada entrega, oh sierva del Señor. Que tu materna!
presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia se convierta en fuente de alegría y de
libertad para cada uno y para todos; fuente de aquella libertad por medio de
la cual “ Cristo nos ha liberado ”, y finalmente fuente de aquella paz que el
mundo no puede dar, sino que sólo la da El, Cristo.
Finalmente, oh Madre, recordando y confirmando el gesto de mis Predecesores
Benedicto XIV y Pío X, quienes Te proclamaron Patrona de México y de toda la América Latina,
Te presento una diadema en nombre de todos tus hijos mexicanos y
latinoamericanos, para que los conserves bajo tu protección, guardes su
concordia en la fe y su fidelidad a Cristo, Tu Hijo. Amén.
DEVOCIÓN DEL PUEBLO
LATINOAMERICANO A LA VIRGEN
P.
Raúl Feres, Director Nacional de Pastoral de Santuarios y Piedad Popular
(Chile)
La devoción de la
Virgen María está profundamente arraigada en nuestros
pueblos de América Latina, ya desde los albores de la conquista. Pensemos que
la aparición de la Virgen
en Guadalupe, México, ocurre en 1451.
En nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado presentando a la Virgen María
como su realización más alta. Desde los orígenes, en su aparición y
advocación de Guadalupe, María constituyó el gran signo, de rostro maternal y
misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo, con quienes ella nos
invita a entrar en comunión. María fue también la voz que impulsó a la unión
entre los hombres y los pueblos. (DP 282-285)
Propagada por todas partes, la devoción a María marca fuertemente al
catolicismo latinoamericano. De allí los innumerables santuarios (más de 350
en América Latina), capillas, ermitas, grutas, imágenes de la Virgen Peregrina,
etc.
Los habitantes encuentran en la Virgen María, en primer lugar, a la Madre que los acoge y
cobija. Podríamos decir que ello es como el “regreso al útero materno”. En
ella ve, reflejada la ternura y el amor de un Dios misericordioso, dispuesto
al perdón y al olvido. También la siente como modelo y educadora de su fe,
que le ayuda a transformar su vida y a caminarse hacia Cristo.
María despierta, en el corazón del creyente, una gran capacidad de amor y
entrega, comprometiendo toda su vida con ella, con una gran capacidad de
sacrificio. Despierta también un sentido de fraternidad, porque es la Madre que acoge a todos
los hombres y mujeres sin excepción.
El amor a la
Virgen María suscita una gran creatividad tanto en las
formas de expresión ritual como también artística. (Ver María, Madre de la Iglesia, DP 291)
Los santuarios son lugares de convocación multitudinaria. La gran mayoría o
los más importantes santuarios latinoamericanos están dedicados a venerar a la Santísima Virgen.
Son espacios privilegiados donde la fe se desprivatiza y llega a todos los
sectores, a veces, alejados de la
Iglesia institucional.
El santuario posee una atracción especial por ser un lugar de encuentro con
Dios y los hermanos, hacia el cual acude no sólo el individuo sino también la
familia. Allí se vive la “catolicidad” de la Iglesia, la experiencia
de una multitud que trasciende a la capilla, comunidad o parroquia.
Allí culmina la peregrinación que puede tener las más diversas motivaciones:
salud, trabajo, fe, paz, conversión, etc. El santuario permite expresarse tal
cual uno es, con el máximo de libertad y espontaneidad.
En los santuarios, la celebración de la fe adquiere un sentido especial con
la diversidad de manifestaciones y de grupos que acuden a ellos. Los
santuarios, especialmente los nacionales como Guadalupe en México, Aparecida
en Brasil, Luján en Argentina, Maipú en Chile, y muchos otros, están
vinculados profundamente a la cultura y la historia de esos pueblos,
constituyéndose en un factor de unidad e identidad de ellos.
PRINCIPALES SANTUARIOS Y
ADVOCACIONES
EN AMERICA LATINA
En el Continente Americano se fueron alzando diversos Santuarios dedicados a la Virgen que adornados por
la devoción popular, han contribuido grandemente a caracterizar la fisonomía
y a intensificar la belleza, completamente particular, de las regiones dónde
se encuentran. La manifestación de la piedad cristiana a la Madre de Dios ha tenido, casi
siempre, carácter cristocentrico y se expresa especialmente en la liturgia:
ya que en recordar los misterios de Cristo es natural recordar a Maria.
Los santuarios, que fueron sencillamente originariamente lugares de culto o
capillas, se convirtieron luego en meta de frecuentes peregrinaciones a la Virgen, debido a una
particular devoción hacia Ella. Este motivo tiene su origen en algún hecho
sobrenatural, que responde al plan providencial de Dios, para que estuviera
claro que la misión de la madre, después de haber colaborado y participado en
el misterio de nuestra salvación, continua todavía ejerciendo su misión de
"Madre", según el proyecto divino, en el encuentro con el hombre y
su humanidad.
El origen de la imagen de la
Virgen es siempre muy importante para vivir la experiencia
maternal. Es de notar que en la mayoría de los casos el inicio de una
advocación concreta en el país y la construcción del Santuario se debe más
bien a una iniciativa directa de la Santísima Virgen
más que a una iniciativa de los hombres. Es Ella la que se ha hecho presente
y ha querido estar entre sus hijos, sobre todo en los primeros momentos de la
evangelización de América para confortarlos y asegurarles en la fe. Otras
veces la imagen fue labrada por naturales del país como ocurre con la Virgen de Copacabana o la Virgen de Caacupè.
Según se indicaba en las conclusiones del IV Congreso de Rectores de
Santuarios de América Latina y el Caribe celebrado del 23 al 28 de mayo
pasados en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida en Brasil, “los
santuarios tiene en la historia de la fe cristiana en América un papel muy
importante”.
En América Latina hay más de 350 santuarios esparcidos por todo el
territorio. Destacamos a continuación tan sólo los más importantes, los
santuarios que albergan a la
Patrona de la Nación y que constituyen meta de numerosas
peregrinaciones.
ARGENTINA
SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN
Fiesta principal: 8 de mayo
A 60
kilómetros al oeste de Buenos Aires se halla la villa
de Luján. En 1630 no había en aquel paraje ningún rastro de población y sólo
era frecuentado por las caravanas de carretas y las rescuas de mulas
tucumanas que bajaban o subían del puerto de Buenos Aires.
El milago
Hacia el año 1630, un cierto portugués, de nombre Antonio Faría de Sá,
hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán, pidió a un amigo
suyo, Juan Andrea, marino, que le trajese del Brasil una imagen de la Concepción de
María Santísima con el propósito de venerarla en la Capilla que estaba
fabricando en su estancia.
Juan Andrea cumplió el encargo y le trajo no una, sino dos imágenes de
Nuestra Señora, que llegaron al puerto de Buenos Aires. Una, según el pedido,
era de la Purísima Concepción; la otra, del título de la Madre de Dios con el niño
Jesús dormido entre los brazos.
Cuando llegaron, fueron colocadas en una carreta y partieron en caravana
rumbo a Sumampa.
La imagen era llevada en carreta de Buenos Aires a Santiago del Estero cuando
se detuvo inexplicablemente a las orillas del río Luján (67km de Buenos Aires),
cerca de la casa de Don Rosendo Oramas. Se cambiaron los bueyes y se bajó la
carga, pero sin resultado. Los bueyes rehusaban cruzar el río. Entonces
alguien observó las dos pequeñas cajas con las imágenes de la Virgen. Bajaron
la estatua de la Virgen
con el Niño sin que nada sucediera, pero cuando removieron la caja con la Inmaculada,
inmediatamente los bueyes echaron a andar. Los asombrados testigos repitieron
esto una y otra vez, con idénticos resultados. Así comprendieron que Nuestra
Señora quería quedarse en Luján y ellos con gusto y alegría la complacieron.
Pronto la noticia se propagó y llegaban numerosos peregrinos. Al principio la
imagen fue llevada a la casa de Don Rosendo, quien fabricó la capilla
primitiva donde se veneró a Nuestra Señora durante cuarenta años.
La ermita
La Imagen de
Nuestra Señora estuvo por algún tiempo guardada y venerada en la pequeña
habitación de la casa de campo de los Rosendo, adornada ahí con todo el
decoro y respeto posible. Pero muy pronto los dueños de la estancia quisieron
levantar a la milagrosa Imagen una Capilla que estaría lista hacia mediados
de 1633. Fue abierta a los numerosos peregrinos que allí acudían, atraídos
por las gracias que la Virgen Santísima dispensaba a sus devotos.
Su construcción sería muy rústica y no pasaría de un modesto rancho, con
paredes de barro, techo de paja y piso natural de tierra y por todo lujo un
revoque de blanqueo; y el pequeño altar tendría una sencillez primitiva y un
poco arriba del mismo estaría colocada la Santa Imagen. La Capilla o Ermita de los
Rosendo no tendría más de cinco varas de largo por tres de ancho.
Manuel un esclavo traído de Africa y vendido en Brasil, llegó al Río de la Plata a los 25 años de
edad, en la misma embarcación donde venia la bendita imagen de la Virgen. Presenció
el milagro en la estancia de don Rosendo y dedicó desde entonces su vida a
cuidar a la Virgen
de Luján. Con los años, don Rosendo falleció y el lugar quedó casi
abandonado, pero éste hombre fue siempre fiel y continuó al servicio de la Virgen.
Hacia el año 1671, Ana de Matos, mujer acaudalada de Buenos
Aires, que conocía de cerca el milagro de Luján, dolorida por el abandono en
que quedaba la Santa
Imagen, se se acercó al Cura de la Catedral, Presbítero
Juan de Oramas, medio hermano del Pbro. Diego Rosendo de Trigueros, para
pedírsela o comprársela.
El traslado, desde la antigua ermita hasta la casa de doña Matos se cumplió
cerca del 8 de diciembre, como preparación a una nueva celebración de la Purísima
Concepción. Participaron el Obispo de Buenos Aires
Cristóbal de la Mancha
y Velazco (1646-1673) y el Gobernador Martínez de Salazar.
El 2 de octubre de 1682 doña Ana dona tierras a la Santa Imagen de
Luján en estos términos: “Porque tengo mucho amor a la advocación de Nuestra
Señora de la
Limpia Concepción y a su Santa Imagen hago gracia y
donación a dicha Imagen de todo el sitio que necesitare para la fábrica de su
capilla…”. Hace la donación con la condición de que la Imagen ha de estar
perpetuamente en dichas tierras; así se convertía en oficial y pública la Capilla de Nuestra
Señora al pasar al dominio de la
Iglesia la posesión de ese lugar sagrado y también daba
origen y fundamento a la verdadera fundación de la actual ciudad de Luján.
El lugar empezó a poblarse con los devotos de la Virgen y tomó el nombre
de Nuestra Sra. de Luján. En 1755 se le otorgó el título de Villa. La
devoción y los milagros aumentaban y el 23 de octubre de 1730, Luján era
instituida parroquia. El cura párroco don José de Andújar deseaba ampliar el
templo y junto al Obispo Fray Juan de Arregui, iniciaron la construcción,
pero esta terminó por desplomarse antes de ser inaugurada.
Orígenes de La
Basílica Nacional de Luján
Hacia el año 1872, el Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Federico Aneiros,
entregó la custodia del templo a los sacerdotes de la congregación de la Misión, conocidos
como Padres Lazaristas (fundados por S. Vicente de Paúl).
En aquel entonces el Padre Jorge María Salvaire, fue herido en un viaje por
los indios y estuvo al borde de la muerte. En ese momento realizó una promesa
a la
Santísima Virgen y milagrosamente fue sanado.
La promesa del Padre Salvaire fue, "Publicaré tus milagros...,
engrandeceré tu Iglesia". En cumplimiento de este voto, publicó en 1885
la "Historia de Nuestra Sra. de Luján".
En 1889 fue nombrado Cura Párroco de Luján y dedicó su vida y esfuerzos para
edificar la gran Basílica, con el apoyo de Monseñor Aneiros y la colaboración
de sus compañeros de Congregación, inició la construcción de la actual
Basílica Nacional el 6 de mayo de 1890. La Basílica se
inauguró en el 1935. El director de la obra fue el Ingeniero Ulrico Courtois.
La grandiosa basílica, de estilo gótico, tiene preciosos vitrales. La cripta
de la basílica alberga muchos tesoros relacionados con la historia de Luján,
cuenta además con hermosas réplicas de todas las advocaciones marianas de
América.
Aprobación eclesiástica - La Solemne Coronación
de la Virgen
de Luján
El Padre Salvaire, en 1886, presentó al Papa León XIII, la petición del
Episcopado y de los fieles del Río de la Plata para la coronación de la Virgen. El Pontífice
bendijo la corona y le otorgó Oficio y Misa propios para su festividad, que
quedó establecida en el sábado anterior al IV domingo después de Pascua. La
coronación canónica se realizó el 8 de mayo de 1887.
El santuario recibió de Pío XII el título de Basílica en el año de 1930.
Juan Pablo II bendijo la imagen de Nuestra Señora de Luján el 11 de noviembre
de 1995, con ocasión de la visita «ad límina» de los obispos argentinos.
Al cumplirse los 300 años del "Milagro de Luján" el episcopado
argentino, uruguayo y paraguayo, por mandato de Pío Xl, proclamó el 5 de
Octubre de 1930 a
Ntra. Señora de Luján Patrona de las tres Repúblicas del Plata. El 8 de Mayo
de 1887 León XIII la hizo coronar canónicamente, siendo la primera en
América, el cincuentenario de dicha coronación en 1937 se celebró en Luján
con gran solemnidad. También se celebró allí en 1947 el Primer Congreso
Mariano Nacional.
El Santuario de Luján se impone a los demás santuarios del país; se ha
convertido para los argentinos no sólo en historia, sino en identidad, aun
para los no católicos. Es el lugar donde se toma conciencia histórica de la
patria, es decir del pasado, presente y futuro de la nación; "es
principio de solidaridad de los argentinos, donde el espíritu se encarna para
llamar a la Gracia
a los demás mediante ese "estar juntos" en el santuario, esperando
que Dios mueva los corazones con gracias de unidad, pacificación y
reconciliación".
Existen algunos datos peculiares acerca de este santuario mariano de Luján,
por ejemplo que es considerado por los argentinos como un lugar especial para
que los niños reciban el sacramento del Bautismo; es también considerado como
lugar de penitentes, pues allí se llegan para obtener la reconciliación con
Dios y para pedirle el auxilio en la perseverancia en la fe y en la vida
moral. Existe un sentimiento popular de que para que una visita a Luján sea
"completa" se requiere confesar los propios pecados, escuchar la Palabra de Dios,
acercarse a la
Eucaristía y presentar la acción de gracias por medio de
María.
Al lugar acuden cada año unos 8 millones de peregrinos que desean encontrar a
la Madre de
Dios y de profundizar en la propia fe, porque quieren ser felices como Ella
que fue "dichosa por haber creído".
Principales Peregrinaciones y festividades
- 8 de Mayo - Solemnidad de Nuestra Señora de Luján.
Cambio del Manto de Nuestra Señora
- Último fin de semana de Septiembre - Peregrinación Gaucha.
- Primer fin de semana de Octubre - Peregrinación Juvenil.
- 8 de Diciembre - Solemnidad de la
Inmaculada Concepción.
Para mayor información:
http://www.basilicadelujan.org.ar/entrada.htm
Consagración de la Ciudad
de Buenos Aires a la
Smma. Virgen María de Luján
Realizada por el Card. Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires
Querida Madre Nuestra, Virgen de Luján. A tu Inmaculado Corazón Maternal
consagro esta ciudad de Buenos Aires. Te consagro a cada uno de sus hijos. Tú
nos conoces bien y sabemos que nos quieres mucho. Hoy, después de haber
adorado a Tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano mayor y nuestro Dios, te pido
que nos mires a todos y a cada uno de nosotros. Te pido por cada familia de
esta ciudad. Te pido por nuestros niños y nuestros ancianos; por nuestros
enfermos; por los que están solos; por lo que están en la cárcel; por los que
tienen hambre y no tienen trabajo. Por los que han perdido la esperanza; por
los que no tienen fe. Te pido también por los que nos gobiernan y los que nos
enseñan. Madre nuestra te pido que nos cuides a todos con ternura y nos
contagies tu fortaleza. Somos hijos tuyos. Nos ponemos bajo tu amparo. No nos
dejes solos en este momento de tanto dolor y dificultades. Confiamos en tu
Corazón de Madre y te consagramos todo lo que somos y tenemos. Y sobre todo,
Madre, muéstranos a Jesús, y enséñanos a hacer lo que El nos diga. Amén.
Buenos Aires, 1º de junio de 2002.
Card. Jorge Mario Bergoglio, s.j.
BOLIVIA
NUESTRA SEÑORA DE COPACABANA
De Mons. Jesús Juárez Párraga, Obispo de El Alto
Fiesta: 5 de agosto
Constituye uno de los Santuarios más antiguos de América. Este santuario
forma parte del grupo de los santuarios que fueron testimonio de la primera
evangelización de América Latina, con una característica peculiar, ya que se
levanta sobre un antiguo templo dedicado al Sol y a la Luna, al que acudían los
peregrinos. Allí a cuatro mil ocho metros sobre el nivel del mar, la Madre de Dios quiso
acercarse a sus hijos para atraerlos al verdadero Dios.
Epoca precolonial
A orillas del Lago Titicaca se levanta el Santuario de Copacabana, uno de los
más antiguos y renombrados de América. Allí se encontraba uno de los centros
más antiguos de culto de la nación colla y según relaciones antiguas fue
fundado por el Inca Tupac Yupanqui el cual lo pobló con mitimaes de otras regiones
del Imperio. Servía de paso a la
Isla del Sol, donde existía un famoso templo dedicado al
Sol. El nombre Copacabana, quiere decir en quechua "lugar donde se ve la
piedra azul" por la deidad que existía en el pueblo antes de la llegada
del cristianismo a estas tierras. Ramos Gavilán afirma: "Este ídolo de
Copacabana estaba en el mismo pueblo, como vamos a Tiquina, era de piedra
azul vistosa y no tenía más de la figura de un rostro humano destroncado de
pies y manos... Miraba aqueste Ídolo hacia el templo del Sol como dando a
entender que de allí le venía el bien" (p. 101).
Vargas Ugarte afirma: “allí, en la proximidad de uno de los centros más
antiguos y donde por siglos enteros recibieron especial culto las falsas
deidades de los collas, quiso la Virgen María establecer su trono de amor y
misericordia, a fin de conquistar para su Hijo a los numerosos indígenas que
poblaban las márgenes de aquella laguna”.
Nuestros pueblos tienen espacios ligados a este origen: los grandes apus
(cerros) protectores de todo el pueblo, los lugares de una familia, de un
ayllu, la misma chacra doméstica que es el lugar de contacto con la tierra,
con la vida, con el sentido providente de Dios.
Época colonial
Según López Meléndez, en 1553, existía ya en Copacabana, pueblo fundado por
Ortíz de Zarate, una iglesia que estaba a cargo de los dominicos. Era una
reducción dependiente de la corona de Castilla. Posteriormente, luego de la
visita de Toledo (1579) y la expulsión de los dominicos, la doctrina de
Copacabana quedó a cargo de sacerdotes diocesanos, entre los que destacan
Montoro y Almeida. A esta época corresponde la entronización de la imagen de
María, obra del indígena Francisco Tito Yupanqui, La primera iglesia erigida
en Copacabana, pueblo cristianizado por los religiosos dominicos, según el P.
Lizárraga era buena. Como patrona y titular de ella se nombró a Santa Ana, la
madre de la
Virgen.
Este tiempo de fuerte labor evangelizadora en la región del
lago Titicaca, se interrumpió en 1569, momento en el que los frailes dominicos
tuvieron que dejar la zona por disposición del Virrey Francisco de Toledo,
avalado por la
Cédula Real de Felipe II y otras más que señalaban que los
virreyes podían conceder doctrinas a quienes ellos quisiesen. Así, se falló a
favor del obispo y de los clérigos de Chuquisaca que lograron tener bajo su
jurisdicción la provincia de Chucuito, dejando a un lado a los dominicos que,
desde los primeros momentos de la llegada española se habían ocupado de la
evangelización en la mencionada región. A partir de este momento, la doctrina
de Copacabana quedó bajo la responsabilidad de los sacerdotes diocesanos,
llamados entonces seculares, en oposición a los regulares; es decir los que
pertenecían a alguna congregación religiosa. Sobresalen Antonio de Almeida y
Antonio Montoro, en cuyo tiempo se entroniza María de Copacabana.
En Copacabana, como en otros lugares dominados por los incas, donde la
división administrativa y social impuesta había originado fuerte tensión
entre los Anansayas (distrito alto, clase social alta), y los Urinsayas
(distrito bajo, clase social baja), entró en un momento álgido a finales de
la década de 1570. La tensión tradicional se agravó por las heladas que
deterioraron la economía agrícola de los habitantes de Copacabana. Ante esta
situación, los Anansayas reunidos en cabildo decidieron ponerse bajo la
protección de la
Virgen María, Madre de Dios, bajo la advocación de la Candelaria, formando
asimismo una cofradía en su honor. Frente a esta decisión reaccionaron los
Urinsayas señalando que la elección de la Patrona y erección de una cofradía era para
todo el pueblo. Que las condiciones de pobreza no permitían sostener dos
cofradías; además, hasta ese momento, no se tenía una imagen de la Virgen de la Candelaria.
No obstante, tanto los Urinsayas como los Anansayas que,
junto a sus prácticas religiosas habían recibido la fe cristiana, confiaron
en la novedad del cristianismo que se hacía presente a través del rostro de
esa madre que los cuidaba, y así se pusieron de acuerdo en venerar a María de
la Candelaria,
María que es luz, que vence al demonio de la desunión, representado en la
sirena.
La imagen de María morena, María india, fue obra de Francisco Tito Yupanqui.
Conocemos las dificultades por las que pasó, los esfuerzos que realizó para,
finalmente lograr que el 2 de febrero de 1583, día de la Candelaria, su
escultura fuese colocada en el templo. María morena fue reconocida y amada
por los collas, logró apaciguarlos y unirlos en torno a ella. El sacerdote
diocesano P. Montoro fue el primero en mantener el culto a María de
Copacabana, luego serán los agustinos quienes impulsarán esta devoción, la
misma que se constituyó en un elemento decisivo para la fe cristiana en
Bolivia y en diferentes países de América Latina.
El mismo día de la
Candelaria se instaló la Cofradía que
debía ocuparse del culto de la imagen. Al acrecentarse la fama de la imagen
acudieron de todas partes. Copacabana pasó a ser un lugar de peregrinación
cristiana, pero además lugar de encuentro de razas, de culturas, de pueblos diferentes
que se reunían entorno a la
Madre de Dios, asumida como madre de todos y todas, lo que
se mantiene hasta nuestros días.
María y la evangelización: milagros
El agustino Alfonso Ramos Gavilán se estableció en el convento de Copacabana
a comienzo del año 1618, quedándose ahí mucho tiempo. Siente la necesidad de
propagar las grandes maravillas de las que fue testigo cuando vivía en
Copacabana "para mayor devoción de la Virgen y consuelo de los fieles: sus
milagros". Se puede considerar como el primer milagro que la misma
imagen haya sido querida, pensada y realizada por un lugareño, sin ser
escultor, pintor, pero sí con el gran deseo de verla plasmada. Otro milagro
es ver la imagen como él la siente y la piensa, con rostro moreno, María de
Copacabana, María indígena, María andina, que supo unir a un pueblo que, por
diferentes motivos, estaba dividido.
Ramos Gavilán narra innumerables milagros, sin embargo, parece importante
resaltar alguno que podría ser releído desde la coyuntura actual.
La Virgen empezó a realizar sus milagros desde 1583. Ramos Gavilán documenta
fechas, nombres, apellidos, origen de los devotos y circunstancias de los
milagros.
Es importante destacar que los milagros beneficiaban no sólo a gente del
lugar sino también a quienes visitaban el Santuario de todas partes, no sólo
a indígenas sino también a españoles, sacerdotes, niños, mujeres y hombres.
Por otra parte, los milagros no sólo se realizaban en Copacabana sino también
en otras partes. María de Copacabana, se manifiesta como madre de todos y
todas, es una mujer sencilla, cercana, acogedora y que nos envía a la tarea
de búsqueda de unidad y paz.
Ayer como hoy Copacabana ha sido un lugar de penitencia, peregrinación, de
oración, de encuentro, de compromiso al cual todos asistimos con fe y
devoción, sea para pedir, para agradecer, pero sobre todo es un lugar de
encuentro, en el que no se dan diferencias culturales, ideológicas ni
sociales y este es el milagro de nuestros tiempos, que todos nos sentimos
cubiertos, protegidos, bajo el manto de María y siempre animados por la MAMITA.
María de Copacabana no ha permitido borrar la religiosidad
primera sino que le ha puesto rostro, la Pachamama, Madre Tierra, es la dulce María, por
eso el apego y el respeto de la gente a la tierra. Ella está en el corazón de
todos los bolivianos, convive con la diversidad, es parte de ella, es María y
sirve invitando al pueblo boliviano a lograr el milagro de unidad en la
diferencia., porque la diferencia más que ser un peso, algo negativo, es una
riqueza.
3. Expansión del culto a Copacabana
La devoción a María de Copacabana crece a pesar de los obstáculos que se
presentan, primero la oposición a aceptar que un indio haga la imagen, luego
la expulsión de los dominicos, de los agustinos y posteriormente de los
franciscanos que, en diferentes momentos, tuvieron a su cargo el santuario y,
finalmente, la oposición del Papa Clemente VIII que en agosto de 1604,
mediante Bula, dio a los agustinos el poder de quitar todos los altares,
capillas y cofradías que existiesen en honor a María de Copacabana, cosa que
los agustinos no hicieron
La devoción a María de Copacabana fue muy grande, probablemente la más
importante de América del Sur. Sobre su leyenda Calderón de la Barca escribió una
comedia, Ramos Gavilán una crónica, Calancha un libro, Valverde un hermoso
poema y Marrachi una crónica tardía; todo esto antes del S. XVIII.
Posteriormente se han escrito otras obras; sin embargo queda pendiente una
historia completa, que recoja la mayor información posible y muestre el
verdadero valor de María de Copacabana y su Santuario.
Recién a principios del siglo XIX (1805) se hizo un reconocimiento oficial
del santuario de Copacabana al consagrar la iglesia bajo el título de la Purificación. Un
siglo después, en agosto de 1925, se coronó canónicamente a la Virgen de Copacabana y,
en 1939 el santuario, por Breve Pontificio fue elevado a Basílica Menor.
La imagen original nunca sale de su santuario y para las procesiones se
utiliza una copia de la misma. Es típico del santuario, que los que lo
visitan salgan de él caminando hacia atrás, con la intención de no darle la
espalda a su querida patrona cuya fiesta original se celebraba el 2 de
febrero, día de la
Purificación de María, y luego se ha trasladado al 5 de
agosto, con liturgia propia y gran celebración popular.
A modo de conclusión
El santuario, lugar de la manifestación de Dios, ocupa un lugar importante en
la historia de salvación. Como dice el Papa Juan Pablo II, "siempre y en
todas partes, los santuarios cristianos han sido o han querido ser signos de
Dios, de su irrupción en la historia humana. Cada uno de ellos es un memorial
del misterio de la
Encarnación, de la Redención... es la historia del amor de Dios a
cada hombre y a la humanidad entera" (Redemptor Hominis, 13; Discurso a
rectores en Santuarios de Francia, Bélgica y Portugal, en Roma, 22 de enero
de 1981)
Llegar al espacio sagrado implica, muchas veces, trasladarse, ir hacia y en
toda peregrinación cristiana subyace el concepto de una iglesia peregrina que
no deja de caminar hasta el encuentro final con su Dios. La peregrinación es,
por un lado, una búsqueda de Dios y, por otro, el encuentro con Él en un
marco cultural y, este encuentro tiene lugar en los santuarios.
Los santuarios son por un lado lugares privilegiados de encuentro, de
purificación, de manifestación y celebración de la fe, es decir, de
evangelización y, por otro, de identificación local, regional o nacional.
El santuario es un lugar de encuentro. Si bien la religiosidad del pueblo,
como afirma la Evangelii
Nuntiandi 48, es vivida preferentemente por los pobres y
sencillos, abarca todos los sectores sociales y es, a veces, uno de los pocos
vínculos que reúne a los hombres en países tan divididos por lo económico,
social y político.(P. 447). Eso es Copacabana en Bolivia.
A la iniciativa tomada por Dios responde el pueblo y lo hace desde su
cultura, con los elementos que son propios a sus raíces culturales. Esta es
su respuesta a la presencia, a la manifestación divina en los santuarios.
En el santuario el pueblo dice quien es, manifiesta su identidad. Es un
espacio propio donde el pueblo creyente confirma su dignidad de hijo del
Padre, es lugar de la memoria del pueblo. Tiene una capacidad simbólica para
resumir esa memoria y hacerla aflorar al consciente colectivo
Sin duda, Copacabana es el lugar donde los peregrinos viven una experiencia
religiosa, viven el misterio de la vida, el salto de lo ordinario a lo
extraordinario, el contacto con lo sagrado, es, en suma, el descubrimiento /
encuentro con Dios. Es un lugar especial porque en él Dios se manifiesta, es
signo de Su amor y muestra a una iglesia peregrina que no deja de caminar
hasta el encuentro final con su Dios. La peregrinación es, por un lado, una
búsqueda de Dios y, por otro, el encuentro con Él en un marco cultural y,
este encuentro tiene lugar en los santuarios.
BRASIL
NUESTRA SEÑORA DE APARECIDA
Fiesta central: 12 de octubre
"Si el Brasil nació a la sombra de la cruz, se organizó, creció y
prosperó, amparado siempre por la Madre Santísima, venerada tiernamente e
invocada bajo numerosos títulos a cual más bello y expresivo" (Pío XII
en el radiomensaje Embora, Septiembre de 1954).
A unos cuantos kilómetros de Guaratinguetá, villa del Estado de Sao Paulo, se
encuentra el pueblo de la
Aparecida, que debe su nombre y origen al Santuario de la Virgen que fue levantado
en 1743.
La fecha del descubrimiento de Brasil es el 22 de Abril de 1500 por el
hidalgo portugués Pedro Álvarez Cabral. El primer nombre que se le dio a esta
tierra fue el de "Isla de Vera Cruz", después "Tierra de Santa
Cruz" y finalmente Brasil; este nombre le viene de un arbusto, el
palo-brasil, cuya madera era muy utilizada para tintes rojizos. Estamos en el
nacimiento de Sâo Paulo. Es el año 1554. Un grupo de jesuitas dirigidos por
el P. José de Anchieta llegan con el deseo de transmitir el tesoro de nuestra
fe cristiana a los indios Tupis y Guaranis. Fundan la ciudad y ésta se
convierte en un importante centro de evangelización.
Los misioneros inculcaban con mucho celo la devoción a María Santísima,
poniendo de relieve el papel que Ella, como Madre de Dios, realizó en la obra
de la redención. Todas las tardes se tenía la catequesis y se rezaba el santo
rosario. En muchas aldeas y villas existían las célebres cofradías del rosario,
se hacían procesiones y se realizaban novenas de preparación a las fiestas
religiosas.
Así, bajo la protección y el cuidado de María se sigue desarrollando la
historia de Brasil. Llega el año 1717. El gobernador de la capitanía de Sâo
Paulo, Don Pedro de Almeida, está haciendo un viaje hacia Minas Gerais
siguiendo el camino del Valle del Paraíba. Para la alimentación del
gobernador y su comitiva habían pedido a los pescadores del lugar que
reunieran la mayor cantidad de peces que pudieran.
Los pescadores, entre los que estaban Domingo Martins, Juan Alves y Felipe
Pedroso, tomaron sus canoas, se dirigieron al Río Paraíba y comenzaron a
trabajar llenos de entusiasmo. Lanzaban las redes una y otra vez pero era
inútil. No conseguían pescar nada. Navegaron unos seis kilómetros río arriba,
hacia el puerto de Itaguassú. Echaron nuevamente las redes y lo único que
sacaron fue una figura de cerámica, cubierta de barro y sin cabeza. Al
lanzarlas nuevamente apareció la cabeza y descubrieron que se trataba de la
imagen de Nuestra Señora de la Concepción. Después de esto obtuvieron una gran
cantidad de peces. Los pescadores regresaron a sus casas felices de haber
conseguido una pesca tan maravillosa y muy admirados por lo que había
ocurrido.
Felipe Pedroso conservó esta imagen en su casa, junto a Lorenzo de Sá por
unos seis años. Luego se fue a vivir a Ponte Alta donde permaneció unos nueve
años y pasado este tiempo marchó a vivir a Itaguassú, donde había encontrado
la imagen. En 1733 Felipe regaló la imagen a su hijo Atanasio Pedroso.
Atanasio hizo construir un oratorio y colocó la imagen de la Virgen sobre el -así
llamado - altar de Paus. En este oratorio se reunía todos los sábados con su
familia y un grupo de vecinos para cantar la tercera parte del rosario y
alabar a la
Santísima Virgen.
Pronto comenzaron a suceder prodigios extraordinarios y la
fama de la Virgen
empezó a correrse espontáneamente. El número de peregrinos que venían de los
poblados cercanos creció mucho y la capillita de Itaguassú ya era
insuficiente.
Entonces el P. José Alves, vicario de la parroquia de Guaratinguetá mandó
construir una capilla más grande en el Morro de los Coqueiros, que estaba más
cerca de la parroquia. El templo se inauguró el 26 de julio de 1745 bajo la
invocación de Nuestra Señora Aparecida y dos años después surgió en torno a
él un pequeño poblado.
El número de peregrinos siguió creciendo de modo extraordinario y la devoción
se extendió por todo Brasil. Muy pronto comenzaron a dedicarse capillas e
Iglesias a nuestra Señora Aparecida y por todas partes era invocada como
Madre y Patrona.
En 1852 se hizo una nueva construcción y más tarde otra en 1888. En 1904 la
imagen fue solemnemente coronada y 1908 el templo fue elevado a la categoría
de Basílica menor. El 16 de junio de 1930 el Papa Pío XI declaró a Nuestra
Señora Aparecida Patrona del Brasil. En 1946 se comenzó la construcción de la
actual Basílica y el 4 de junio de 1980 fue consagrada por el santo Padre
Juan Pablo II.
Coronación de Nuestra Señora de Aparecida, Patrona y Reina de Brasil
Juan Pablo II envió un mensaje a Mons. Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de
Aparecida, en Brasil, en ocasión del centenario de la coronación de la
estatua de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida. El Santo Padre se une
espiritualmente al querido pueblo brasileño en este homenaje a la que es su
Reina y Protectora, y ha mandado como su enviado especial a los ritos y a las
celebraciones de este significativo evento, que tendrá lugar en el Santuario
Nacional de Nuestra Señora Aparecida, al cardenal Eugenio Araujo Sales.
“Hace casi tres siglos - explica el Santo Padre - que la Virgen tuvo un encuentro
singular con el pueblo brasileño de este lugar”. De hecho, “los orígenes del
santuario están relacionados con el descubrimiento, por parte de tres
pescadores, de una pequeña imagen de Nuestra Señora, de color negro y con el
rostro sonriente, que vieron surgir de entre las aguas, pescada en una red,
con la cual pudieron después recoger una pesca muy abundante”.
Los tres pescadores reconocieron en esta acción una señal de protección
especial de la Virgen. Y
a partir de este remoto mes de septiembre de 1717, “creció, en el pueblo, un
culto por la imagen, a la que comenzaron a llamar ‘Aparecida’. La multitud
inmensa de personas y fieles que acuden al santuario de su Reina y
Protectora, obedece - escribe el Papa -, a un conmovedor y sincero
llamamiento al alma de este pueblo brasileño en su búsqueda de Dios a través
de Nuestra Señora”. “En el transcurso de la historia de esta imagen morena de
Reina y Madre tan amada - prosigue el Pontífice -, multitud de hombres y
mujeres de todas las culturas y condiciones la han proclamado ‘Soberana’. Por
eso mi venerable predecesor, Pío X, sensibilizado por la solicitud los hijos
devotos de la
Virgen Aparecida, coronó a Nuestra Señora como Reina del
Brasil en el año 1904”.
“La certeza de que Nuestra Señora, por un lado, se encuentra siempre junto a
Dios donde aboga por la causa de sus hijos, fue la causa para que fuera
denominada ‘omnipotente y suplicante’”. Por otra parte, “es de nuestra misma
estirpe, hija de Eva, nuestra verdadera hermana que compartió plenamente,
como mujer humilde y pobre, nuestra misma condición”.
Juan Pablo II confía a cada una de las Comunidades Eclesiales brasileñas la
protección de Nuestra Señora Aparecida, para que permanezca sus hijos fieles
en la pureza de la fe, colaboradores de la esperanza y generosos en la
caridad. A Ella, el Papa suplica para que les infunda un mayor dinamismo,
haciendo de cada cristiano un verdadero apóstol.
CHILE
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE MAIPÚ
Fiesta: 16 de julio
Declarado Monumento Nacional, está situado en el lugar donde se libró la
batalla de Maipú entre patriotas y realistas.
La devoción mariana llegó a Chile con los primeros conquistadores españoles en
el siglo XVI La antigua devoción carmelitana se remonta a los monjes del
Monte Carmelo en Tierra Santa. En el siglo XVI, durante el tiempo de la
conquista de América, Santa Teresa de Avila, junto con San Juan de la Cruz, llevan a cabo en
España la reforma de la orden carmelita. La devoción aumenta y llega al Nuevo
Mundo.
En el año 1785 Don Martín de Lecuna encarga a un escultor de Quito, Ecuador,
una imagen de Nuestra Señora del Carmen.
Durante las guerras independentistas chilenas los nacionalistas toman a la Virgen del Carmen como
patrona de su ejercito. Todo parecía indicar que fueron vanas las tentativas
de emancipación, emprendidas por los patriotas de Chile, cuando el 5 de enero
de 1817 el ejército de los Andes se disponía a atravesar la cordillera. Las
fuerzas militares tenían como generala de las tropas libertadoras a la Virgen del Carmen. Luego
de atravesar la barrera de montañas y en vísperas del combate, los
combatientes pidieron el auxilio de la sagrada imagen. Un año más tarde,
1818, en Maipú se llevó a cabo la batalla final que estuvo a cargo del
Supremo Director O´Higgins. Los combatientes se reunieron en la Catedral y renovando el
juramento de tener por patrona a la
Virgen del Carmen, prometieron si se consolidaba la
victoria, construirle un templo en el mismo campo de batalla. La victoria
coronó los esfuerzos de los patriotas y O´Higgins colocó la primera piedra
del futuro templo.
El templo tardó en construirse y el 5 de abril de 1892 se bendijo el primer
Templo de Maipú, que sería parroquia local hasta 1974. El terremoto de 1906 y
el temblor de 1927 hicieron necesario reconstruir el templo porque su
estructura quedó muy dañada. El 8 de diciembre de 1942, el Congreso Mariano
que se celebró en Santiago, tomó como único acuerdo de esta reunión prometer
convertir el modesto Templo de Maipú en un grandioso Santuario de la Patria. Su
construcción comenzó a realizarse el 16 de Julio de 1944 y se terminó en
1974. El Templo simboliza la imagen de la Virgen, con su velo y sus brazos acogiendo a su
pueblo.
El nombre de Templo Votivo de Maipú quedó oficialmente establecido mediante
el decreto que firmó Don Carlos Ibáñez del Campo, en 1958. En 1923 fue
nombrada como Patrona de Chile y en 1926 fue coronada solemnemente.
El Templo nuevo del Santuario Nacional de Maipú, fue entregado a la Iglesia chilena el 23 de
Noviembre de 1974, en una ceremonia que congregó a todos los Obispos del
país, encabezados por el Cardenal Silva Henríquez. Desde entonces se ha
reafirmado como tierra de encuentro para el pueblo de Chile, que confirma
aquí, día a día, su profunda devoción a la Patrona de Chile.
Breve cronología
- 5 de Abril de 1818: Batalla de Maipú.
- 15 de Noviembre de 1818: Colocación y Bendición de la Primera Piedra de
la Capilla
de la Victoria
o Iglesia Votiva de Maipú.
- 5 de Abril de 1892: Solemne Inauguración y Bendición de la Capilla de la Victoria o Iglesia
Votiva de Maipú.
- 2 de Junio de 1895: Fundación de la Parroquia de Maipú, bajo la advocación de
Nuestra Señora del Carmen, por parte del Arzobispo de Santiago, Monseñor
Mariano Casanova.
- 16 de Julio: Festividad Religiosa de la Virgen del Carmen. Fiesta Patronal de la Comuna de Maipú.
- 16 de Julio de 1944: Ceremonia de Colocación y Bendición de la Primera Piedra
del Templo Votivo de Maipú.
- 16 de Diciembre de 1956: Solemne traslado de la Histórica Imagen
de la Virgen
del Carmen, desde la
Catedral de Santiago al nuevo Templo Votivo de Maipú.
- 24 de Octubre de 1974: Solemne Inauguración del Templo Votivo de Maipú.
Entrega oficial del Santuario por parte del Gobierno de Chile a la Iglesia chilena.
- 23 de Noviembre de 1974: Solemne Bendición y Consagración del Santuario
Nacional de Maipú, por parte de los Obispos de Chile.
- 26 de Octubre de 1984: Promulgación del Decreto Supremo N° 645, que declara
Monumento Histórico al Templo Votivo Nacional y Muros de la antigua iglesia
de Maipú.
- 3 de Abril de 1987: Visita de Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, al templo
Votivo de Maipú. Solemne Coronación de la Imagen de la Virgen del Carmen que se venera en el Santuario.
En 1968 los obispos de Chile lo describieron de esta manera: "El
Santuario de Maipú será santuario donde conozcamos y honremos mejor a María y
la descubramos como una verdadera Estrella para Chile... Estrella donde
resplandecen las virtudes que hacen posible y fecunda la convivencia:
respeto, confianza, amor responsable. Estrella que guía, que exige caminar,
desarrollarse, porque Ella misma no se detuvo nunca en el crecimiento de su
gran servicio histórico: ser enteramente Madre del Señor que divide los
tiempos. Será lugar de oración y ofrecimiento, donde los católicos
agradezcan, pidan filialmente, hagan penitencia, alaben a nombre de ellos y
de Chile entero."
La devoción a la Virgen
del Carmen en Maipú se conserva viva y operante; cada año, en las
proximidades de la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, el 16 de julio, se
escoge un lema que capta el momento que está viviendo el país y las
inquietudes actuales de los peregrinos; se lo refiere a la Virgen María
y se colocan estas intenciones en sus manos maternales; este mismo lema ocupa
el centro de la novena de preparación a la fiesta y se conserva para todo el
año como motivación.
SANTUARIO NACIONAL DE MAIPÚ:
“TIERRA DE ENCUENTRO DE LA FE
DE LOS CHILENOS”
Por Raúl Feres Shalup. Actual Director de la Pastoral de Santuarios
y Piedad Popular de la Conferencia Episcopal de Chile y ex – rector
del Santuario, por más de tres décadas.
Significado del Santuario Nacional:
Es el lugar donde se cumple una promesa histórica. En 1818 el pueblo de Chile
junto a sus autoridades acuden a la Catedral de Santiago para pedirle la
intersección de la Virgen
del Carmen en una hora de aflicción y de derrota prometiéndole levantar un
templo en su honor donde se diera la batalla final por la Independencia,
hecho que ocurre en los llanos de Maipú, el 5 de Abril de 1818.
La devoción a la Virgen,
bajo la advocación del Carmen, data desde los inicios de la Colonia, en Chile los
Agustinos son los primeros y grandes propagadores de esta devoción. En el
siglo XIX, esta vinculada a los acontecimientos guerreros, especialmente de la Independencia,
pero poco a poco se arraiga profundamente en el corazón de hombres y mujeres
que ven en ella la Madre
y Educadora, como también la guía (estrella y protectora).
Maipú como lugar histórico se transforma en el Santuario Nacional donde esta
devoción alcanza su mayor desarrollo, especialmente en el siglo XIX y a
partir de su inauguración y bendición en 1974.
Su definición como “Tierra de Encuentro” afirma la tierra de unidad e
identidad del pueblo chileno. La
Virgen del Carmen es la Madre de todos y acoge a las mas diferentes
expresiones de su fe, tanto personales, como comunitarias.
Ella es la Patrona
de Chile y la principal devoción de su pueblo ayudando a fortalecer su
identidad y tradición.
El pueblo y su devoción a la Virgen
El pueblo acude en
peregrinación a los diferentes Santuarios de la Virgen del Carmen o a
parroquias, capillas y ermitas, dedicadas en su honor. Realizan mandas o
promesas, por ejemplo vestirse con el traje de color café o llevar el
escapulario que es un trozo del traje de la Virgen, recuerdo histórico de su aparición a
San Simón (siglo XIII). También suelen ser comunes las medallas y otros
objetos.
Tradicional es el rezo de la
Novena días antes de su fiesta (16 de Julio) y desde 1971
se introdujo el día de Oración por Chile, el último Domingo de Septiembre,
para orar y agradecer por la patria. La procesión con la imagen en diversos
lugares del país, testimonia la gran devoción.
Símbolos surgidos desde Maipú
La cruz de Maipú o cruz de Chile surgió de la idea de un artista y del rector
del Santuario en 1968 es la
Bandera de Chile hecha cruz, cuyos colores blanco, azul y
rojo y la estrella en el centro que representa la Virgen del Carmen ayudan
a una catequesis simbólica de cristo, unida siempre a la Virgen María.
Hoy se ha convertido en uno de los pocos símbolos pos-conciliares que se usan
a lo largo y ancho del país.
La Oración
por Chile surge de una antigua oración de comienzo del siglo XX,
reinterpretada y adecuada a las necesidades de hoy.
Importancia para el pueblo chileno
La devoción a la Virgen
del Carmen es una referencia Mariana al Cristo, Señor de la historia, hace
concreta y vital la relación iglesia-mundo, fe e historia. Es una advocación
social, vale decir que comprende y transciende la pura necesidad individual.
A la Virgen
del Carmen se encomienda el destino común de un pueblo, especialmente de la
unidad y paz, tanto interior, como con las naciones vecinas.
COLOMBIA
NUESTRA SEÑORA DEL CHIQUINQUIRÁ
Fiesta: 9 julio
Cuenta la tradición que entre los primeros conquistadores del Nuevo Reino de
Granada, Antonio de Santana, encomendero de los pueblos de Suta y
Chiquinquirá, era especialmente devoto de la Virgen del Rosario. Por
este motivo fabricó en el pueblo de Suta su dormitorio y pequeña capilla
hacía el año 1563.
Deseando poner en ella una imagen de la Madre de Dios, mandó pintar una imagen de
Nuestra Señora del Rosario en una manta de algodón al pintor Alonso de
Narváez. El encargo era pintar la
Virgen del Rosario, pero como sobraba tela a los lados,
pintaron al lado derecho de la
Virgen a San Antonio (Patrono de D. Antonio de Santana) y
al lado izquierdo a San Andrés (Apóstol del Hno. Andrés) este santo tiene a
su lado la cruz en que lo crucificaron (en forma de X) y San Antonio lleva
sobre un libro al Niño Jesús (porque se dice que se le aparecía el Divino
Niño). El cuadro es colocado en la
Capilla de Sutamarchán pero como el techo es de paja, poco
a poco empiezan a caer goteras, y unos años después la pintura está casi
totalmente borrada.
En 1578 el cuadro está tan borroso y deteriorado que el Párroco, P.
Leguizamón, lo hace quitar del altar y lo envía a una finca que el Sr.
Santana tiene en Chiquinquirá, finca llamada "Aposentos" palabra
que significa "casa grande para dar alojamiento a indios y campesinos).
En 1585 llega de España una sencilla mujer, llamada María Ramos, familiar de
la esposa de Don Antonio de Santana y se va a trabajar como doméstica a la
casa de ellos en Chiquinquirá.
Allí en el ranchejo que hace de Capilla encuentra María Ramos el cuadro que
en 1578 había sido quitado de la
Capilla de Sutamarchán por estar demasiado viejo y borrado,
pero ahora si que es cierto que está deteriorado. Todo es agujero y mugre.
La piadosa mujer lo observa y al ser informada de que en un tiempo fue una
imagen de la
Santísima Virgen, pero que por estar ya tan en mal estado
se ha empleado para poner semillas a secar al sol, se dedica a quitarle el
polvo y la mugre y lo cuelga en una especie de marco. María Ramos pasa largos
ratos de rodillas allí ante el borroso cuadro pidiendo a la Virgen que la consuele
porque extraña su casa y su patria, y rogándole que por favor se digne
hacerse un poco más visible porque allí en aquella tela casi no se notaba
nada.
Pasan los meses, y María Ramos suplicaba: "Rosa del cielo ¿cuándo te
pondremos contemplar bien?".
La Renovación: Dice la crónica de aquel tiempo: así las cosas el día 26 de
diciembre de 1586, a
eso de las 9 de la mañana pasaba una india cristiana llamada Isabel que llevaba
en la mano a su hijo de 4 años llamado Miguel y al pasar por frente a la Capilla le dijo:
"Madre mía, mire a la
Madre de Dios que está en el suelo" volvió la india
hacia el altar y vió como la imagen de la Madre de Dios estaba en el suelo despidiendo de
si un resplandor celestial que inundaba toda la Capilla. Quedó
asombrada la india y muy despavorida le dijo en altas voces a María Ramos:
"mire señora que la Madre
de Dios se ha bajado del sitio donde estaba y parece que se está
quemando".
Volvió María Ramos el rostro y vio que la imagen de la Sma. Virgen estaba
de la manera que decía la india y admirada de ver tan estupendo portento,
llena de asombro y pasmo, dando goces y derramando lágrimas fue corriendo
hasta el sitio donde estaba la imagen y arrodillándose se quedó mirándola y
rezándole con gran fe y devoción.
A los clamores de María Ramos y de la india, acudió Juana de Santana, y
juntas, las tres piadosas mujeres, postradas de rodillas estuvieron largo
rato contemplando gozosas aquellos resplandores de Gloria que llenaban de luz
la Capilla
y de alegría los corazones.
Y sigue diciendo la crónica de aquel tiempo: "Estaba la milagrosa imagen
en el suelo recostada e inclinada hacia el altar en el mismo sitio en el que
acostumbraba hacer oración María Ramos. La pintura se había vuelto tan
renovada y de celestiales colores y que era una gloria el verla. Cesaron los
resplandores que despedía la milagrosa imagen de la madre de Dios y después
de un rato, con respeto y devoción levantaron de aquel sitio el milagroso
cuadro y lo colocaron en el puesto que había ocupado antes, sobre el altar.
"Apenas estuvo colocado el cuadro en su sitio, llegaron otro tanto de
mujeres del servicio y viendo la bendita imagen en aquella hermosura nunca
vista y con el rostro tan encendido, renovada de colores toda la imagen, se
quedaron asombradas y postrándose de rodillas todos los presentes hicieron
adoración y todo aquel día estuvo llena de gente la humilde Capilla, pues
muchos venían a dar gracias a Dios y a contemplar la maravillosa imagen y la
celestial hermosura que se ve al presente.
La fama de tan impresionante suceso corrió rápidamente por todo el
vecindario. Indios y españoles comenzaron a acudir de todos los alrededores,
y en un par de meses todo el territorio del virreinato Nueva Granada, estaba
informado del acontecimiento, y los milagros empezaron a duplicarse.
A los 15 días llegó el párroco de Sutmarchán a comprobar el hecho. Se quedó
admirado de la renovación milagrosa. Habiendo reverenciado a la Virgen con mucha devoción,
llamó a los testigos que habían presenciado la Renovación y
ante un escribano les hizo hacer declaraciones juramentadas de lo que habían
visto, con todos sus detalles. Todos declararon bajo la gravedad del
juramento lo que acabamos de narrar, y el 10 de enero de 1587 en sobre
cerrado y sellado fueron enviadas estas declaraciones al Arzobispo de Santa
Fe de Bogotá.
El Sr. Arzobispo ante la noticia de que de todas partes se dirigen peregrinos
a rezar ante el famoso cuadro, envía a unos investigadores especiales a
indagar todos los detalles y después de mil averiguaciones, los especialistas
concluyen que lo acontecido es algo excepcional, algo divino. Entonces el Sr.
Arzobispo en persona se va a visitar el cuadro y no le queda más que repetir
las palabras que dijo Jacob en la
Biblia: "Verdaderamente Dios está en este sitio, y yo
no lo sabía" (Gn. 28, 16).
Las gentes acudían de todas la regiones y la Madre bendita comenzó a obrar curaciones y
conversiones en favor de devotos.
Pío VII la declaró patrona de Colombia en 1829 concediéndole fiesta litúrgica
propia. "La Chinita"
como la llama su pueblo, fue coronada canónicamente en 1919 y su santuario
declarado Basílica en 1927. El 9 de julio de 1919, las autoridades civiles y
religiosas (Msr. Herrera, Arzobispo de Bogotá y don Marco Fidel Suárez,
Presidente de la
República) coronaron solemnemente a nuestra señora de
Chiquinquirá como Reina de Colombia.
COSTA RICA
NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES
Fiesta: 2 de Agosto
Historia
Se dice que una mujer "parda" (podría ser india, mestiza o morena)
se encontraba recogiendo leña en un breñal cercano a su casa la mañana del 2
de agosto, cuando encontró sobre una piedra una imagen de la Virgen con el Niño en
brazos. Era una estatua de piedra de unos veinte centímetros de alto. Juana
Pereira la recogió y la guardo en una caja en su casa. Sin embargo, dos veces
mas halló la escultura en la misma piedra donde la había aparecido y al
querer guardarla en su casa, creyendo que era otra imagen, notó que ya no
estaba. Ante este hecho, la mujer se asustó y fue a buscar al cura de
Cartago, a quien le contó lo sucedido y le entrego la imagen. El sacerdote la
guardo en una caja, pero al día siguiente apareció nuevamente sobre la
piedra; entonces el cura, acompañado por varias personas la recogió y la
guardo, pero al otro día volvió a aparecer en la misma piedra. Entonces
comprendieron que la Virgen
quería tener su casa en ese lugar. Se le bautizó con el nombre de Virgen de
los ángeles, pues el 2 de agosto los franciscanos celebran la festividad de
nuestra señora de los ángeles.
Poco tiempo después, los vecinos decidieron hacer una ermita en el lugar, sin
embargo, ellos estaban empeñados en hacer un templo digno de ella, costara lo
que costara. Se sabe que en el año 1681 el templo estaba prácticamente
terminado. Por desgracia, la iglesia quedo destruida pocos años después de
estrenada, con el terremoto de principios de enero de 1715.
Los fieles se organizaron para levantar por segunda vez el templo. Esta
segunda iglesia se terminó entre 1723 y 1727. Después, poco a poco lo fueron
ampliando y embelleciendo, pero quedo destruido después del terremoto del 7
de mayo de 1822. Dos años después volvieron a organizarse para iniciar los
trabajos de la construcción de otro templo. Entonces ocurrió otro terremoto
el 2 de setiembre de 1841, que daño parte de la estructura, pero pudo
repararse. Sin embargo, el terremoto del 4 de mayo de 1910 lo destruyó por
completo. Una vez más, los devotos de la Virgen de los ángeles se organizaron para
iniciar las obras de la actual basílica, que se termino en 1930. Esta
estructura tiene bases antisísmicas, que han resistido muchos temblores e
incluso el terremoto de 1924, cuando el templo todavía estaba en
construcción. La
Basílica sirve de refugio a la imagen y es visitada por
miles de fieles.
El Padre Baltazar de Grado era el cura de Cartago en el momento de la
aparición de la Virgen
de los ángeles y al morir hizo una donación un censo para que con su producto
cada año de hiciera la fiesta "como de costumbre".
Algunos datos históricos
2 de agosto de 1635: Hallazgo de la Imagen
Abril de 1782: Proclamación como Patrona de Cartago
Agosto de 1782: Primera pasada a la Parroquia Central
de Cartago
Agosto de 1824: Primer robo de la
Imagen de la Virgen. Devuelta 4 días después
Setiembre de 1824: Declarada por la Asamblea Constituyente
como Patrona Oficial de Costa Rica
Año de 1833: Con ocasión de la Guerra Civil de la Liga se le llamó
"Princesa de la Paz"
Marzo de 1862: El Papa Pío IX, concede a perpetualidad indulgencia plenaria a
quien visite el Santuario de los Ángeles
Noviembre de 1888: Segundo robo de todos los atuendos y vestimentas de la Imagen
Año de 1912: Se inicia la constricción del actual Santuario
de Los Ángeles
Abril de 1926: Solemne Coronación de la Imagen de la Virgen como Reina de Costa Rica
Año de 1935: Celebración del Tricentenario del Hallazgo de la Imagen
Julio de 1935: Su Santidad Pío XI eleva el Santuario a
rango de Basílica.
Abril de 1944: Erección del Santuario como «Parroquia de Nuestra Señora de
los Ángeles».
Abril de 1944: Es declarado altar de privilegio el «Altar Mayor»
Mayo de 1950: Tercer robo de la
Imagen de la
Virgen. Es encontrada ocho días después.
Año de 1956: Coronación de la
Imagen de la
Virgen como «Reina de los Trabajadores».
Mayo de 1960: Es traída la
Venerada Imagen de la Virgen para la conclusión de la «Gran Misión
Nacional» y la Consagración Episcopal del Mons. Carlos
Humberto Rodríguez Quirós, IV Arzobispo de San José.
Agosto de 1976: Celebración de los 50 años de la Coronación Solemne
Coronación de la Imagen
de la Virgen.
Agosto de 1979: Toma de posesión de Mons. Román Arrieta
Villalobos, como V Arzobispo de San José
Año de 1985: Solemne Celebración de los 350 años del Hallazgo de la Imagen
CUBA
VIRGEN DE LA CARIDAD DEL
COBRE
Fiesta: 8 septiembre
La Basílica
menor de la Virgen
de la Caridad
pertenece a la
Arquidiócesis de Santiago de Cuba. Se encuentra en un
pueblo que se llama El Cobre, que está a unos 12 kms de la ciudad de Santiago
de Cuba. Fue en la lejana fecha de1608 cuando la Santísima Virgen,
Madre de Dios quiso manifestar su amor por nuestra tierra y sus hijos gracias
a la aparición, según figura en el archivo de indias del legajo que en 1738, a petición del rey
de España, se enviara a la corte para proveer de capellán al Santuario de la Virgen, en el Cobre.
Los relatos se remontan al año 1687. El declarante es el negro esclavo Juan
Moreno, que niño de 10 años, acompañó a los hermanos Juan y Rodrigo de Hoyos,
"indios naturales del país" en su viaje a Nipe para buscar sal,
cuando ocurrió el hallazgo de la imagen de la Virgen. Juan
Moreno, anciano de 85 años y único sobreviviente de aquel acontecimiento,
relata los recuerdos de su infancia con la voz sencilla y poética de los
humildes.
"Estando una mañana la mar en calma, salieron de dicho cayo francés para
la dicha salina, antes de salir el sol, los dichos Juan y Rodrigo de Hoyos y
este declarante. embarcados en una canoa y apartados de dicho cayo francés
vieron una cosa blanca sobre la espuma del agua, que no distinguieron lo que
podría ser, y acercándose más les pareció pájaro y ramas secas. Dijeron
dichos indios, parece una niña, y en estos discursos, llegados reconocieron y
vieron la imagen de Nuestra Señora de la Santísima Virgen
con un niño Jesús en los brazos sobre una tablilla pequeña, y en dicha
tablita unas letras grandes, las cuales leyó dicho Rodrigo de Hoyos y decían:
"Yo soy la Virgen
de la Caridad",
y siendo sus vestiduras de ropaje se admiraron que no estaban mojadas, y en
esto, llenos de gozo y alegría, cogiendo solo tres tercios de sal, se
volvieron".
La imagen de la Virgen
de la Caridad
fue encontrada por tres representantes de las clases más pobres y explotadas:
dos indios y un negro esclavo, a quienes llena de alegría con su presencia.
Muy poco después la imagen de la
Virgen fue trasladada al pueblo del Cobre de donde tomó el
nombre. Desde la aparición de la estatua, la devoción a la Virgen de la Caridad se propagó con
asombrosa rapidez por toda la isla a pesar de las difíciles comunicaciones.
Durante la guerra de independencia, las tropas se encomendaban a la Virgen de la Caridad. En 1915
Después de la guerra de independencia, los veteranos pidieron al Papa que
declarase a la Virgen
de la Caridad
del Cobre, patrona de Cuba. En documento firmado el día 10 de Mayo de 1916
por el Cardenal Obispo de Hostia, Su Santidad Benedicto XV accedió a la
petición, declarando a la
Virgen de la
Caridad del Cobre Patrona Principal de la República de
Cuba y fijando su festividad el 8 de Septiembre.
Con los años se adquirió un recinto mayor para construir un nuevo santuario
que pudiese acoger al creciente número de peregrinos, haciéndose la
inauguración, con el traslado de la
Virgen el día 8 de Septiembre de 1927. La Virgen fue coronada el 20
de diciembre de 1936.
El Papa Pablo VI reconociendo esa presencia de la Virgen de la Caridad en medio de
nuestro pueblo, envió el 30 de diciembre de 1977, como delegado suyo al
Cardenal Gantin, portador de la bula por la que se proclamaba Basílica menor
el hasta entonces Santuario Nacional.
El 24 de enero de 1998 Juan Pablo II coronaba la imagen de la Virgen de la Caridad, en la ciudad de
Santiago de Cuba, como Reina de Cuba. Durante los meses de preparación para
la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, diez imágenes peregrinas de la Virgen de la Caridad recorrieron las
distintas diócesis del país con gran respuesta del pueblo.
La Virgen de la Caridad fue coronada por
S.S. Juan Pablo II como Reina y Patrona de Cuba el sábado 24 de Enero de
1998, durante la Santa
Misa que celebró en su visita apostólica a Santiago de
Cuba.
ECUADOR
NUESTRA SEÑORA DEL QUINCHE
Fiesta: 21 noviembre
El pintoresco pueblecito del Quinche se asienta en el noroeste de la ciudad
de Quito en las faldas de la cordillera occidental, en un suave declive que
se eleva desde el río Guayllabamba hasta los primeros contrafuertes de dicha
cordillera.
La imagen de Nuestra Señora de la Presentación del Quinche es una hermosa
escultura en madera, tallada en el siglo XVI por Don Diego de Robles. La
historia nos dice que los que habían encargado la confección de la imagen, no
quisieron o no pudieron pagar por ella al escultor y entonces, el artista se
la dio a los indios oyacachis a cambio de unos tablones de fino cedro que
éste necesitaba para sus trabajos.
Pronto la Virgen
de Oyacachi llegó a ser famosa en toda la comarca. Numerosas romerías de los
pueblos vecinos comenzaron a frecuentar este sitio, antes desconocido. Por
este motivo, los indios se vieron en la necesidad de construir una capilla o
una pequeña iglesia para colocar en ella la imagen de la Virgen y se lo encargaron
a Don Diego Robles. Este se negó y emprendió el viaje de regreso a Quito. En
un momento, al pasar por el puente de un caudaloso río, el caballo dio un
salto y lo lanzó fuera de la silla. Robles iba a caer en lo más hondo de las
aguas. De pronto, uno de sus pies se enredó entre los maderos del puente. Al
verse a punto de perecer, clamó a la Virgen de Oyacachi. En ese instante atravesaban
el puente dos caminantes que, movidos por piedad y compasión, se acercaron al
desventurado Robles y le sacaron del peligro. Cuando el artista quiso darles
las gracias, ellos ya habían desaparecido. El escultor comprendió que fue una
gracia del cielo. Por eso decidió volver a Oyacachi y allí construyó el
altarcito de la
Virgen.
Quince años permaneció la imagen al cuidado de los indios
hasta que en 1604, el obispo del lugar ordenó su traslado de la imagen de
Oyacachi al poblado del Quinche (de donde finalmente tomó su nombre), más
cimentado en la vida cristiana, y fue puesta en la iglesia parroquial,
convertida en su nuevo santuario.
Sin embargo, pronto tuvieron que pensar en la construcción de un templo más
grande. En 1630 la sagrada imagen fue trasladada a su nuevo santuario. Con el
tiempo la construcción sufrió varias modificaciones. Después del terremoto de
1869 el templo fue reconstruido.
La última construcción del templo se remonta al año de 1905 y su consagración
al año 1928. La imagen fue coronada canónicamente en 1943 y su fiesta se
celebra el 21 de noviembre.
En 1985, Roma declaró al Quinche Santuario Nacional del Ecuador.
La imagen, que es una fina talla en madera de cedro de unos 62 cm. de alto. La Virgen lleva un cetro en
la mano derecha y con la izquierda sostiene el Niño en actitud de bendecir,
mientras sostiene una esfera de oro coronada por una cruz. A los pies de la
imagen, la peana y la gran media luna, ambas de plata, y las pesadas coronas
imperiales de oro y piedras preciosas manifiestan la generosidad del pueblo
ecuatoriano. El rostro de Jesús evoca las facciones de los niños mestizos de
aquellas sierras así como mestizo es también el color de la Madre, síntesis del alma
del inca y del español.
Esta advocación es muy popular en Ecuador, especialmente entre los indios que
llaman con afecto "La Pequeñita" a su protectora del cielo. El
pueblo ecuatoriano le tiene gran devoción y la manifiesta por medio de una
gran variedad de cantos que se entonan en honor de la Virgen del Quinche, con
textos en quechua, en jíbaro y en otros diversos dialectos de la región y
también en castellano; muchos de ellos se cantan desde hace cuatro siglos.
ARQUIDIÓCESIS DE QUITO
SANTUARIO NACIONAL DE NUESTRA SEÑORA DE EL QUINCHE
EL QUINCHE – PICHINCHA – ECUADOR
De Mons. Raul Vera, Arzobispo de Quito
La importancia y el papel que ha tenido y tiene la imagen de la Virgen María:
Nuestra Señora de la
Presentación de el Quinche, en el Ecuador
“En América Latina el catolicismo popular como expresión cultural, es una
combinación de elementos indígenas precolombinos, catolicismo hispano popular
de la colonia y las enseñanzas oficiales de la Iglesia”. A esto habría
que añadir todo el juego de creencias y mitos generados contemporáneamente,
particularmente a partir de los medios masivos de comunicación, la industria
cultural y los requerimientos actuales de respuesta a las necesidades de la
vida.
En el área del Distrito Metropolitano de Quito se encuentra en pueblo de El
Quinche en las faldas de la cordillera oriental, a una altura de 2664 metros a nivel
del mar, sobre una franja estrecha de terrenos. La zona del Quinche esta
relativamente cerca de los lugares de paso hacia la región oriental, y como
tal fue parte del complejo sistema de confluencias entre las culturas de la
sierra y las selváticas orientales.
La Virgen de Oyacachi (El Quinche)
De acuerdo a las crónicas, una vez erigido el Santuario de Guápulo en 1586,
los indios de Lumbisí, desearon tener una copia de la imagen de la Virgen de Guápulo, para
lo cual contrataron al mismo escultor español, radicado en Quito don Diego de
Robles quién trabajó la imagen con el cedro que le sobró de la escultura de
Guápulo. Según el historiador, Padre Julio Matovelle estos indiecitos o no
quisieron o no tuvieron con que pagar a Robles el precio convenido; lo cierto
es que la regresó a su taller de Quito.
Los indiecitos de Oyacachi enclavados en la región montañosa oriental
tuvieron la visita prodigiosa de una señora con su niño, que por tres
ocasiones conversó con los caciques y les prometió librarles de la plaga de
los osos que devoraban a los niños, a cambio de que pidieran el doctrinero
del Quinche para que les instruya en la nueva religión cristiana.
Este milagro se dio cuando desapareció de inmediato dicha plaga.
Diego de Robles traslada la imagen al villorrio de Oyacachi “una vez en poder
de los indios la imagen, la colocaron con gran alborozo y contentamiento en
una cueva natural en la confluencia de dos ríos y la cubrieron protegiéndola
de la intemperie” hasta que le construyeran su pequeña capilla.
Según este cronista, la imagen permaneció en Oyacachi 14 años entre 1588 a 1604, éstos son
años con hondo significado para la historia posterior de la devoción ya que
son los que definen sus rasgos o características simbólicas. A pesar de los 65 Km que separan de Quito
a Oyacachi, comenzaron las grandes romerías atravesando páramos y cordilleras
hasta llegar al montañoso Santuario, catando por as aguas cristalinas del río
y de las canoras aves de las montañas.
Inicios de la evangelización
Esta imagen que mide 64 cm
y tiene al niño inseparable de la imagen de su madre, en cedro, enchapada en
oro y con hermosísimas filigranas, fue el instrumento de Dios para comenzar a
evangelizar a este pueblo pagano y desde allí a la región central de la
sierra ecuatoriana, allí se obran los grandes prodigios y aún milagros que
Dios pudo realizar a través de esta imagen de la Virgen que se hizo
milagrosa.
Por razones pastorales el IV Obispo de Quito Fray Luís López de Solís ordenó
el traslado de la sagrada imagen al pueblo de El Quinche.
El Santuario de El Quinche
La Virgen fue
trasladada a la antigua Iglesia de El Quinche distante de la actual a 15
cuadras y en 1630 se construyó su primer templo por mandato de Fray Pedro de
Oviedo, Obispo de Quito, es recibida por el pueblo del Quinche el 10 de marzo
de 1604 fecha histórica en que la imagen milagrosa deja para siempre su
primer asiento para radicarse desde la Colonia hasta nuestros días, aquí toma
definitivamente el nombre de Nuestra Señora de la Presentación
de El Quinche, en lugar de Oyacachi y su fiesta principal es el 21 de
Noviembre, en vez del 2 de febrero.
Bajo la dirección del Clero Diocesano fue creciendo el amor a la Virgen en el pueblo,
creció el número de peregrinaciones y con ello el conocimiento de Jesucristo
como único Salvador. Siguieron obrándose los favores y portentos de modo que
su fama abarco la región de la sierra norte del país.
La Virgen de El Quinche y la
Ciudad de Quito
Aunque el Santuario de la
Virgen se encuentra ubicado en una zona agraria, la
relación con la ciudad ha sido más o menos permanente. Quizá las pinturas no
lo expresen de modo suficiente ya que la mayoría de éstas, nos remiten a
paisajes rurales y a milagros relacionados con la vida en el campo. La Virgen sirvió no
obstante, de amparo a la población urbana frente a las calamidades públicas.
A penas dos años después de estar en El Quinche dice el historiador Sono, fue
trasladada a Quito a fin de curar una grave y peligrosa dolencia del
Presidente de la Real
Audiencia de Quito don Martín de Arbola; los anales del
Santuario muestran que hasta la actualidad tiene mas de 200 salidas a Quito
para calmar enfermedades, plagas, pestes y terremotos.
Coronación canónica
Ante la gran popularidad y aceptación de fe y de piedad mariana el pueblo de
Quito pide a la Autoridad
eclesiástica la Coronación Canónica de tan Veneranda imagen;
ante los pedidos de las instituciones educativas y de gobierno como también
el Clero y sus parroquias y miles de firmas, el señor Arzobispo de Quito,
Mons. Carlos María de la Torre
realiza los trámites petitorios ante la Santa Sede. Conocida
la aprobación pontificia de la aprobación canónica, con alborozo se anuncia
esta noticia que consuela mucho al pueblo ecuatoriano afligido por la guerra.
Con todos los preparativos y ceremonias especialísimas la sagrada imagen es
coronada el 20 de junio de 1943 por decreto del Papa Pío XII y
delegado Mons. Carlos María de la Torre.
La Congregación de los Misioneros Oblatos
El señor Arzobispo de Quito Mons. Carlos María de la Torre y en nombre de la Arquidiócesis,
confía el cuidado pastoral de la parroquia y Santuario de Nuestra Señora de
El Quinche a la
Congregación de Misioneros Oblatos de los Corazones
Santísimos de Jesús y de María fundados en Cuenca el 5 de octubre de 1884 por
el hoy Venerable Padre Julio María Matovelle, haciéndose cargo el 30 de mayo
de 1944; desde esa fecha a procurado la Congregación
responder los anhelos y mandatos de la Curia Arquidiocesana
de Quito.
Hoy el nombre de la Virgen
de El Quinche es amado y conocido en todo el Ecuador, evangelizando a cuantos
acuden a su Santuario; en las fiestas de 21 de noviembre las grandes
caminatas y romerías sobrepasan las 600.000 personas. Las réplicas de Nuestra
Señora de El Quinche se encuentran en Argentina, EEUU, España, Jerusalén,
Italia y Brasil; pues donde van los ecuatorianos van llevando esta advocación
y los Oblatos han procurado organizar esta devoción y fiestas en dichos
países.
El Santuario de Nuestra Señora de El Quinche ocupa el primer lugar en el
Ecuador por su concurrencia, la devoción y los resultados de evangelización
al pueblo de Dios.
EL SALVADOR
NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ
Fiesta: 21 de Noviembre, Presentación de la Virgen María.
En el año de 1682 unos mercaderes encontraron en la orilla
del Mar del Sur salvadoreño una caja abandonada; Estaba tan bien sellada que
no pudieron abrirla con sus herramientas. Seguros de que contenía algún
objeto valioso, ataron la caja sobre el lomo de su burra y la llevaron a la
ciudad de San Miguel. Esperaban poder allí encontrar como poder abrirla.
Llegaron a la ciudad el 21 de noviembre. Con la intención de asegurar la
propiedad del posible tesoro, se dirigieron primero a las autoridades del
lugar para dar cuenta del hallazgo; cuando al pasar por delante de la iglesia
parroquial, hoy Catedral, la burra se echó en tierra sin que nadie pudiese
moverla de ahí. Entonces, sin esfuerzo alguno lograron abrir la caja y
descubrieron que el tesoro que contenía era una hermosa imagen de Nuestra
Señora con el Niño en brazos.
El origen de la imagen permanece en el misterio, pues nunca se pudo conocer
qué destino tenía aquella caja, ni cómo llegó a las playas del Salvador. Se
cuenta que al arribar la imagen había una cruenta lucha entre los habitantes
de la región y al correr la voz del maravilloso hallazgo, todos depusieron
las armas e inmediatamente cesaron las hostilidades; también se refiere que
en las luchas fratricidas del 1833, el bando triunfador, en vez de tomar
represalias, como se esperaba, hizo colocar la bendita imagen en el atrio de
la parroquia y a los pies de María se juró solemnemente no guardar rencores y
borrar el odio de los corazones para que la paz germinara en fraternidad y
reconciliación. Ciertamente un milagro maravilloso. Por esto dieron a la
imagen el hermoso título de Nuestra Señora de la Paz, cuya fiesta litúrgica se
celebra el 21 de noviembre, en recuerdo de
su llegada a la ciudad de San Miguel.
Con ocasión del Congreso Eucarístico Nacional en 1942, S, S, Pío XII
dirigiéndose al pueblo salvadoreño, exclamó “que Nuestra Señora de la Paz os coloque a todos bajo
el amparo del simbólico ramo en su Iglesia de San Miguel alza en su mano
derecha y cuyo nombre amaríamos ver proyectado sobre el mundo entero”.
Protección milagrosa
La fe y confianza depositadas en la
Virgen de la
Paz, vive desde que llegó a las playas de El Salvador, con
fuertes raigambres, en el alma del pueblo salvadoreño, esperanzas que no han
quedado frustradas. Son numerosos los ejemplos que dan fe de ello:
1. El 21 de septiembre de 1787, -105 años después del hallazgo- el volcán
Chaparrastique entre grandes y espantosos temblores de tierra y tempestuosas
tormentas, hizo una de sus más formidables erupciones.
La lava ardiente casi llegaba a la
Ciudad, amenazando su inminente destrucción. Angustiados
los vecinos, se congregaron en la plaza principal, junto a las autoridades
locales, sacerdotes y religiosos franciscanos y mercedarios, quienes
infundían confianza al afligido pueblo, exhortándolo a pedir a Dios
misericordia con arrepentimiento de los pecados y a invocar la protección
maternal de la Virgen
de la Paz.
Decidieron en clamor unánime sacar la imagen de Nuestra
Señora de la Paz
a la puerta principal de la antigua Iglesia parroquial. Y colocada que fue
frente a las fuerzas volcánicas, al aparecer la sagrada Imagen, al grito de
“Sálvanos Reina de la Paz”,
la lava inmediatamente tomó otro rumbo buscando al sur de la Ciudad; cubrió grandes
extensiones de tierras fértiles, a la vez que gran parte de la laguna El
Jocotal.
Refiérese históricamente que después de efectuarse el portentoso milagro que
se acaba de relatar, en el límpido cielo se dejó ver con toda la claridad una
bellísima palma formada por blancas nubes, cuyo pie fue a posarse en el
inmenso cráter del turbulento volcán.
Tan admirados quedaron quienes vieron aquella magnífica señal, que el pueblo
optó por colocar en la diestra de la Sagrada Imagen,
una palma de oro en conmemoración de aquel acontecimiento que la tradición se
ha encargado de hacer prevalecer como algo notable, asombroso y único en
estas latitudes.
2. El jueves 25 de junio de 1903, entre cinco y seis de la tarde, un
estruendo conmovió a la ciudad de San Miguel. Un rayo fulminó sobre la cúpula
de la Iglesia
de San Francisco, templo santuario de nuestra Patrona e iglesia parroquial.
La chispa sólo produjo incendio que comenzó en el camarín de la Virgen, quemando las
vestiduras de la Imagen,
ennegreciendo y ampollando el retoque, sin dañar las perfecciones
escultóricas.
La lluvia arreciaba y el huracán amenazaba a la ciudad. Las descargas
eléctricas consecutivas embargaban los ánimos. Las fuerzas huracanadas
derribaron árboles y los tejados de las casas eran arrancados por la
violencia de la tempestad. Pronto se supo la noticia de la desgracia, y no
obstante que por las calles se hacia difícil transitar, el momento llenose el
templo de fieles. La consternación era general.
Se llamo al mejor escultor guatemalteco, D. Cipriano Dardón para restaurar la Imagen. Con ese fin
se la llevó en procesión de desagravio de la Iglesia parroquial a la
de Santo Domingo, llevando la
Imagen y el Niño cubiertos el rostro, en medio de una
manifestación impresionante. El trabajo lo hizo el escultor en la sacristía
de este último templo.
Después de casi tres meses, fueron entregadas las imágenes, siendo conducidas
en solemne procesión a la
Iglesia parroquial, en recorrido por céntricas calles,
entre delirante entusiasmo, estallido de petardos y músicas marciales.
La Catedral-Basílica, Santuario Nacional de la Patrona de El Salvador.
El 21 de noviembre de 1862 el Capitán General Gerardo Barrios, natural del
departamento de San Miguel, colocó la primera piedra de la actual Catedral,
santuario que guarda a la
Patrona de la Nación. El 21 de noviembre de 1962, justamente
cien años después, se abrió el templo, orgullo de los migueleños, siendo
Obispo de la Ciudad Mons.
Miguel Ángel Machado. La imagen se trasladó desde su primer templo –la Iglesia de San
Francisco. En la parte exterior lucen en mármol las estatuas del Capitán D.
Luis Moscoso, fundador de la ciudad y la del Capitán General Gerardo Barrios,
iniciador de los trabajos de la Catedral.
A instancias de los Obispos de El Salvador, a una con el clero
y fieles y autoridades civiles, el Papa Pablo VI declaró y constituyó a la Santísima Madre
de Dios bajo el título de Nuestra Señora de la Paz, Patrona principal ante Dios de toda la Republica de El
Salvador y elevó su Catedral y Santuario Nacional al rango de Basílica Menor.
Coronación de la Virgen
de la Paz
Tuvo lugar el 21 de
noviembre de 1921.
El primer Obispo de San Miguel, Mons. Dueñas y Argumedo –yacente en la cripta
del Santuario- obtuvo de S.S. Benedicto XV la Coronación
Canónica de la
Virgen de la
Paz, que se efectuó el 21 de noviembre de 1921
La ceremonia tuvo lugar en el parque frente a la Catedral. Se
efectuó después de la
Misa Pontifical oficiada por Mons. Dueñas. En presencia del
Sr. Presidente de la
Republica, D. Jorge Meléndez, acompañado de su Gobierno y
Ministros, del Cuerpo Diplomático y Consular, Arzobispo y Obispos de
Centroamérica y miles de personas.
En el momento de ser colocada la
Corona en la
Imagen, el Jefe de Estado depositó simbólico bastón de
mando a los pies de la
Madre Espiritual del pueblo salvadoreño y más de 150
palomas blancas fueron echadas al vuelo. En memoria de este acontecimiento se
celebra cada aniversario con solemnes festejos eucarísticos y grandiosa
Procesión, llevando en oración triunfal la Santa Imagen con
gran devoción y entusiasmo. También desde entonces quedo establecida la
“Romería de Peregrinos” en honor a la Reina de la Paz.
GUATEMALA
NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
Fiesta: 7 de octubre
Patrona de Guatemala, su festividad se celebra el 7 de octubre. La devoción a
María bajo la advocación de la
Virgen del Rosario, se remonta al medioevo y cobra fuerza
durante el Renacimiento.
En Guatemala, con el establecimiento de los dominicos en Ciudad Vieja,
Almolonga, se empezó a difundir la tradición del rezo del Rosario. La primera
cofradía del Rosario fue fundada en 1559. Francisco Marroquín, primer obispo
consagrado de América, exhortó al pueblo de Santiago, hoy Antigua Guatemala,
a «que sería conveniente se erigiese en la iglesia de Santo Domingo la Confraternidad
del Rosario, como había en muchos conventos de la Orden, para que ahí se
extendiese tan santa devoción».
La imagen de Nuestra Señora del Rosario, obra de artistas desconocidos, fue
terminada hacia el 1592. Mandada hacer por el sacerdote dominico Fray López
de Montoya, fue confeccionada totalmente en plata pura. Su forma original no
puede ser apreciada, pues la imagen se presenta a los fieles revestida de
elaboradas vestiduras y adornos. La imagen lleva un gran rosario en la mano
derecha y la otra sostiene al Niño. La imagen es producto de la orfebrería
colonial. Es típicamente barroca y representa a María reina del cielo y
tierra, con manto y corona imperial, y con el cetro en sus manos. Completa el
cuadro la luna bajo sus pies, símbolo de pureza inmaculada.
Fue declarada patrona de Santiago, hoy Antigua Guatemala, en 1651 con ocasión
de los temblores que azotaron la ciudad. Luego, en 1717 y 1773, la imagen fue
restaurada, debido a los daños ocasionados por los terremotos de Santa Marta.
El 1 de enero de 1776, con la instalación de los dominicos en la Nueva Guatemala,
hoy la capital del país, la imagen fue trasladada al templo de Santo Domingo
en la ciudad de Guatemala, donde se encuentra actualmente.
Los líderes de la independencia la proclamaron Patrona de la nueva nación en
1821 y ante ella juraron no descansar hasta obtener la libertad de Guatemala.
La Virgen del
Rosario fue solemnemente declarada "Reina de Guatemala" en 1833 y
coronada canónicamente el 28 de enero de 1934
Con motivo de la solicitud de la autorización de la coronación pontificia de
la imagen de la Virgen
del Rosario de Guatemala, acompañada por 35,000 firmas que exponen las
gracias y méritos recibidos de la
Madre, Reina y Patrona de la Nación, el Papa
Pío XI concede el Decreto de Coronación Pontificia de la Virgen del Rosario,
reconociéndola como Patrona de Guatemala. Fue Monseñor Luis Durou y Sure,
Arzobispo de Guatemala, quien como representante pontificio corono
solemnemente a la imagen el día 28 de enero de 1934, en el atrio de la Catedral Metropolitana.
En el año 1969 el Papa Paulo VI en Bula Papal, elevo el Templo de Santo
Domingo a la dignidad de Basílica Pontificia de Nuestra Señora del Rosario,
por reconocer que en ella se venera de forma extraordinaria y publica a la
"Reina y Patrona de toda la jurisdicción de Guatemala". La primera
nación del mundo que celebro la fiesta de la coronación de la Santísima Virgen
por Reina de todo el universo, fue Guatemala.
En 1992, a
400 años de que la imagen fuera terminada, fue nombrada Alcaldesa Perpetua de
la Ciudad de
Guatemala.
HONDURAS
NUESTRA SEÑORA DE SUYAPA
Fiesta: 3 de febrero
Suyapa está situada a al sudeste de Tegucigalpa, capital del país, a unos ocho
kilómetros. Su nombre proviene de Coyapa, un vocablo indígena, que significa
"en el agua de las palmeras".
Probablemente comenzó a poblarse con el establecimiento de trabajos agrícolas
y ganaderos en la comarca, o con el descubrimiento y trabajos de minas en los
lugares cercanos.
Cerca de ahí está la montaña del Pilingüín, vestida siempre de verde gracias
al follaje de sus pinos. Abajo se divisa la campiña. Por entre los troncos se
desliza un sendero que conduce a la ranchería de Suyapa.
Don Rafael Moreno Guillén, escribe: "La señora Isabel Colindres era
vecina de Suyapa y madre de numerosa familia. Despachaba a trabajar a sus
hijos en las tierras de las montañas del Piligüín. Un día bajaban de su
trabajo dos hijos de la señora Colindres, sorprendiéndoles la noche a media
jornada, por lo que dispusieron pernoctar en un lugar que se llama
"Quebrada de Pilingüín" y que, a la sazón, no tenía agua. La noche
era muy oscura y los jóvenes se acomodaron para dormir mientras llegaban los
primeros rayos del alba. Uno de los jóvenes labradores sintió que un pequeño
objeto le molestaba el costado por donde descansaba y, creyendo que era algún
fragmento de raíz o alguna piedrecilla, lo tiró lejos de sí. Tan pronto como
intentó dormirse sintió otra vez el mismo estorbo y, palpándolo, advirtió que
era el mismo objeto que hacía poco había repudiado, por lo que se conformó
con echarlo en su mochila. Al despuntar la aurora, los jóvenes prosiguieron
camino a casa de su madre. ¡Y cuál no sería el asombro de todos ellos al ver
que el inoportuno objeto era una pequeña escultura en madera de la Santísima Virgen
María! Isabel Colindres, requerida por la Curia Eclesiástica
de Comayagua (antigua capital de Honduras y sede del obispado) hizo una
declaración jurada de ese hecho, a mediados de 1796. En la casa de los
Colindres comenzó este hermoso culto: primero se colocó la imagen de la Virgen en una mesa,
rodeándola de flores, después, se la trasladó a un camarín, donde fue
venerada por más de 20 años".
La imagen de Nuestra Señora de Suyapa es una pequeña escultura hecha de
madera de cedro, que mide seis centímetros y medio de alto. Su talla es
antigua y parece que fue trabajada por algún aficionado devoto de la Virgen. De tez
morena, su rostro es agraciado, oval, de mejillas redondas; fina y recta
nariz, y la boca pequeña; en los ojos, se adivina algo de la raza indígena.
Los habitantes de la aldea también le tenían mucho cariño. Cuando alguno
enfermaba solían llevar la imagen a la casa del enfermo para que la Virgen lo visitara.
Un día enfermó Don José de Zelaya. Un militar importante, dueño de la
hacienda "el Trapiche", situada como a un cuarto de legua de la
aldea. En realidad ya estaba enfermo desde hacía tiempo y sufría mucho a
causa de unos cálculos renales. Isabel Colíndres sabía de su enfermedad y le
mandó un recado diciéndole que, si quería, podía enviarle la imagen de su
Virgen.
Don José aceptó y trajeron a la
Virgen en una especie de procesión. Al llegar, el enfermo,
fervoroso y contrito, le pidió su curación y le prometió construirle a cambio
una ermita. Tres días después el Señor Zelaya arrojó por via urinaria las
tres piedras que eran el tormento de su vida. Esto ocurrió en el año de 1768.
Pasaron casi diez años antes de que el señor Zelaya cumpliera su promesa. Por
fin el 28 de noviembre de 1777 el cabildo eclesiástico le dio el permiso de
construir una capilla en su hacienda para que se celebrase en ella el
sacrificio de la Misa. La
bendición de la ermita fue en el año de 1780. Luego con el aumento de
peregrinos fue necesario hacer continuas remodelaciones hasta llegar al
estado actual, terminado en 1947.
En el año 1954, un año esencialmente mariano, el tercer Arzobispo de
Tegucigalpa, Monseñor José de la Cruz Turcios y Barahona, puso la primera piedra
del que llegaría a ser uno de los santuarios más grandes de Centro América, y
que espera su futura constitución como Santuario y Basílica Nacional.
El actual Santuario de Suyapa tiene 93 metros de longitud, 43 metros de altura en
sus torres y 46 metros
en la cúpula. El diámetro de ésta es de 11.50 metros. Y la
anchura de la nave central es de 13.50 metros.
La Virgen de Suyapa fue nombrada Patrona Nacional de Honduras por el Papa Pío
XII.
<CENTERMEXICO
NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
La Virgen de
Guadalupe, Patrona de México y Emperatriz de las Américas
Fiesta: 12 de diciembre
La maravillosa visita de la
Virgen ocurrió el martes 12 de diciembre de 1531, apenas
diez años después de la conquista de México. Esta aparición es una
maravillosa obra de evangelización de la Madre de Dios, hecha en los primeros años del
desembarco de los españoles en América. La madre de Dios viene para dar a
conocer el evangelio a los indios, para impulsar el conocimiento de Su Hijo
entre indios y futuros habitantes de las Américas y para "mostrar y dar"
todo su "amor y compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra
piadosa madre." El obispo de México era Fray Juan De Zumárraga,
franciscano
La Virgen de
Guadalupe dio al indio Juan Diego un delicado trato de nobleza elevando
proféticamente la condición de todo su pueblo. El Señor "derriba del
trono a los poderosos y enaltece a los humildes." Al mismo tiempo, La Virgen trajo
reconciliación y no división entre los nativos y los españoles. Les ayudó a
ambos a comprender que la fe cristiana no es propiedad de nadie sino un don
de amor para todos.
Cuatrocientos años debieron pasar para que la cultura occidental reconociera
admirada que la imagen impresa sobre el ayate indígena era un verdadero
códice mexicano, un mensaje del cielo cargado de símbolos.
Historia de la
Aparición tomada del escrito del indio Nican Mophua del
XVI.
A diez años de la toma de la ciudad de Tenochtitlán, actual Ciudad de México,
el 9 de diciembre, un indígena llamado Juan Diego, atravesaba un cerro,
llamado Tepeyac, para ir a Tlatelolco y oir la doctrina. Al escuchar bellos
cantos de aves, se hace presente la
Madre de Dios. Solicita que en dicho lugar se le construya
un templo y le indica que vaya a ver a Juan de Zumárraga, primer Obispo de la
región. Tanto éste como sus ayudantes, no creen el relato del azteca.
Regresa al Tepeyac para renunciar a la tarea encomendada. La Virgen se le vuelve a
aparecer y, ante la humilde protesta de Juan Diego, repite su encomienda. El
indígena obedece, pero tampoco tiene éxito en esta ocasión. Frente a su
insistencia, el Obispo pide que la Celestial Señora
manifieste su presencia con una prueba y ordena además a sus criados que lo
sigan para corroborar la historia.
Cuando Juan Diego llega al Tepeyac, inexplicablemente desaparece y se pierde
de la vista de los españoles. Mientras tanto, la Virgen habla una vez más
con el vidente y le indica que regrese al día siguiente para entregar la
prueba a Zumárraga.
El indígena vivía con su tío Bernardino, quien se encontraba sumamente
enfermo. Por lo mismo, en la madrugada del martes 12 de diciembre, prefiere
buscar un sacerdote que pudiera dar auxilios espirituales a su familiar. A
pesar de que trata de evitar a la Señora, Ella lo reencuentra y le ofrece un
mensaje de fe y esperanza. Ratifica su celestial origen y la petición de
construir el templo, con una bellísima misiva de paz y ayuda para todo el
mundo. Propone que suba al monte para entregarle la señal demandada.
Juan Diego subió a la cumbre del cerro y se asombró muchísimo al ver tantas y
exquisitas rosas de Castilla, siendo aquel un tiempo de mucho hielo en el que
no aparece rosa alguna por allí, y menos en esos pedregales. Llenó su poncho
o larga ruana blanca con todas aquellas bellísimas rosas y se presentó a la Señora del Cielo.
Ella le dijo: "Hijo mío, esta es la prueba que llevarás de parte mía al
Obispo. Te considero mi embajador, muy digno de confianza. Ahora te ordeno
que sólo delante del Obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas.
Contarás todo lo que viste y admiraste para que logres que el prelado
construya el templo que he pedido."
Después que la Virgen
las toca, va al obispado y las entrega a Zumárraga. Desenvolvió luego su
blanca manta, y así que se esparcieron por el suelo todas las diferentes
rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen
de la Virgen
María, Madre de Dios, tal cual se venera hoy en el templo
de Guadalupe en Tepeyac. Luego que la vieron, el Obispo y todos los que allí
estaban, se arrodillaron llenos de admiración. El prelado desató del cuello
de Juan Diego la manta en que se dibujó y apareció la Señora del Cielo y
la llevó con gran devoción al altar de su capilla. La ciudad entera se
conmovió, y venían a ver y admirar la devota imagen y a hacerle oración; y le
pusieron por nombre la Virgen
de Guadalupe, según el deseo de Nuestra Señora.
El Obispo trasladó a la
Iglesia Mayor la santa imagen de la amada Señora del Cielo.
La ciudad entera desfilaba para admirar y venerar la Sagrada Imagen,
maravillados todos de que hubiera aparecido por milagro divino; porque
ninguna persona de este mundo pintó su preciosa imagen.
La imagen original, completa e intacta, se encuentra en la actualidad en el
Santuario del Tepeyac, donde asisten millones de peregrinos de todo el mundo
para rezar y solicitar intermediación de favores del Padre Celestial. Su
mensaje le confiere ser la primera y más importante evangelizadora en el
Nuevo Mundo
Descripción de la
Imagen.
La imagen de
Nuestra Señora de Guadalupe quedó impresa en un tosco tejido hecho con fibras
de maguey. Se trata del ayate, usado por los indios para acarrear cosas y no
de una tilma, que usualmente era de tejido más fino de algodón. La trama del
ayate es tan burda y sencilla, que se puede ver claramente a través de ella,
y la fibra del maguey es un material tan inadecuado que ningún pintor lo
hubiera escogido para pintar sobre él.
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es una maravillosa síntesis
cultural, una obra maestra que presentó la nueva fe de manera tal que pudo
ser entendida y aceptada inmediatamente por los indios mexicanos. Es
imposible de describir aquí la rica y complicada simbología que contiene este
cuadro-códice porque cada detalle de color y de forma es portador de un
mensaje teológico.
El rostro impreso en el ayate es el de una joven mestiza; una anticipación,
pues en aquel momento todavía no habían mestizos de esa edad en México.
El manto azul salpicado de estrellas es la "Tilma de Turquesa" con
que se revestían los grandes señores, e indica la nobleza y la importancia
del portador. Los rayos del sol circundan totalmente a la Guadalupana como
para indicar que ella es su aurora. Esta joven doncella mexicana está
embarazada de pocos meses, así lo indican el lazo negro que ajusta su
cintura, el ligero abultamiento debajo de este y la intensidad de los
resplandores solares que aumenta a la altura del vientre. Su pie esta apoyado
sobre una luna negra, (símbolo del mal para los mexicanos) y el ángel que la
sostiene con gesto severo, lleva abiertas sus alas de águila.
La Virgen de
Guadalupe se presentó ante sus hijos como la Madre del Creador y conservador de todo el
universo; que viene a su pueblo porque quiere acogerlos a todos, indios y
españoles, con un mismo amor de Madre.
Estudios Científicos sobre la Imagen de la Virgen de Guadalupe.
Los asombrosos descubrimientos en torno al cuadro de la Virgen de Guadalupe
tienen a los científicos en gran asombro. Se ha formado una comisión de
científicos para investigar los fenómenos inexplicables de esta tela que era
la ruana o poncho del indio Juan Diego.
El Fenómeno de la
Tela.
Lo primero que llama la atención de los expertos en
textiles es que esta manta se haya podido conservar durante siglos, expuesta
al polvo, al calor y a la humedad, sin que se haya deshilachado ni desteñido
su bella policromía. Siempre estuvo así expuesta a todo, y sólo desde hace
unos años la cubrieron con un vidrio.
La tela está hecha en una fibra de ayate mexicano que, por su naturaleza, se
descompone por putrefacción dentro de veinte años. Así ha sucedido con varias
reproducciones de la imagen que se han fabricado con este mismo tejido. Sin
embargo este lienzo lleva cuatrocientos cincuenta años, desde el tiempo de
Hernán Cortés, sin desgarrarse ni descomponerse. Por causas ininteligibles a
los expertos, es refractaria a la humedad y al polvo.
El cuadro de la Virgen
de Guadalupe estuvo 116 años expuesto a las inclemencias del ambiente, sin
protección alguna contra el polvo, la humedad, el calor, el humo de las velas
y el continuo roce de miles y miles de objetos que fueron tocados a la
venerada imagen, además del constante contacto de manos y besos de
innumerables peregrinos. Se ha comprobado que el tejido de maguey es de muy
fácil descomposición; cualquier tejido de esta fibra vegetal no puede
conservarse más allá de veinte años y sin embargo el ayate de Juan Diego ha
resistido mucho mas de cuatro siglos en perfecto estado de conservación.
El Fenómeno de la
Imagen.
La pintura que cubre la tela es otro misterio. El sabio
alemán Kuhn, premio Nobel en Química, ha estudiado esta pintura, y su
respuesta dejó atónitos a los oyentes: "Estos colorantes no son ni
minerales, ni vegetales, ni animales". No han podido explicar el origen
de los pigmentos que dan color a la imagen, ni la forma en que esta fue
pintado.
Se podría pensar que la tela ha resistido tanto porque la habrían encolado y
preparado de manera especial como a otras pinturas famosas, para que tuviera
gran resistencia. Pero el Señor Callaga, del instituto espacial NASA, de
Estados Unidos, la ha estudiado con aparatos de rayos infrarrojos y ha
descubierto que la tela no tiene ningún engomado ni preservativos, y que no
se puede explicar cómo esa imagen ha resistido cuatro siglos en un lienzo tan
ordinario. Con estos rayos infrarrojos se ha descubierto que la imagen no tiene
esbozos previos -como se ve en los cuadros de Rubens y Tiziano-, sino que fue
plasmada directamente, tal cual se la ve, sin tanteos ni rectificaciones.
La imagen no tiene pinceladas. La técnica empleada es desconocida en la
historia de la pintura. Es incomprensible e irrepetible.
El Fenómeno de las Pupilas.
Un famoso oculista, Lauvvoignet, examinó con un poderoso lente la pupila de la Virgen, y observó,
maravillado, que en el iris se ve reflejada la imagen de un hombre. Esto fue
al principio de una investigación que condujo a los más inesperados
descubrimientos.
Por medio de la digitalización se observa en la pupila de una fotografía todo
lo que la persona estaba mirando en el momento de tomarse la foto. El Dr.
Tosnman, especializado en digitalización, le ha tomado fotografías a la
pupila de la Virgen
de Guadalupe. Después de ampliarlas miles de veces, logró captar detalles
imposibles de ser captados a simple vista. ¡Ha descubierto lo que la Virgen miraba en el
momento de formarse la imagen en la tilma de Juan Diego!
Trece figuras humanas se han identificado en un espacio de 8 milímetros
de diámetro. Existen dos escenas: la primera contiene al obispo Zumárraga
sorprendido frente al indio Juan Diego, que abre su tilma y descubre la
imagen de María. Otros testigos complementan la escena del milagro, como el
traductor de lengua Náhuatl al español, una mujer de raza negra, etc. La
segunda escena, mucho mas pequeña que la anterior, se ubica en el centro de
los ojos y contiene una imagen familiar típica de indígenas americanos: un
matrimonio con varios hijos alrededor. Las dos escenas se repiten en ambos
ojos con una precisión sorprendente, incluida la diferencia de tamaño
producida por la mayor cercanía de un ojo respecto del otro, frente a los
objetos retratados. Científicos de la
NASA (entre otros) han utilizado tecnología digital similar
a la usada en las imágenes que se reciben desde los satélites, para analizar
las figuras impresas en los ojos de María.
Lo que es radicalmente imposible es que en un espacio tan pequeño, como la
córnea de un ojo situado en una imagen de tamaño natural, aún el más experto
miniaturista lograra pintar todas esas imágenes que ha sido necesario ampliar
dos mil veces para poderlas advertir.
La ciencia moderna se queda sin explicaciones ante las maravillas de la
imagen de la Virgen
de Guadalupe. Es una realidad irrepetible. Sobrepasa todas las posibilidades
naturales, por lo que se puede decir que estamos ante un hecho sobrenatural.
Una tilma que no se corrompe. Unos colores que no fueron pintados. Una pupila
que contiene toda la escena y todas las personas del momento del milagro.
Estamos ante una imagen que ni el tiempo ni los atentados de hombres llenos
de odio han podido vencer.
Los Papas y la Virgen
de Guadalupe
Pío X proclamó a Nuestra Señora de Guadalupe "Patrona de toda la América Latina";
Pío XI, de "todas las Américas"; Pío XII la llamó "Emperatriz
de las Américas"; y Juan XXIII, "La misionera celeste del Nuevo
Mundo" y "la Madre
de las Américas". En esta gran basílica Juan Pablo II beatificó al indio
Juan Diego el 6 de mayo de 1990.
En sus cuatro visitas a México, Juan Pablo II ha visitado el Tepeyac y
honrado con profundo amor filial a la Virgen de Guadalupe a quien ha encomendado el
continente Americano y su nueva evangelización.
NICARAGUA
NUESTRA SEÑORA DE LA
CONCEPCIÓN DE “EL VIEJO”
Fiesta: 8 de diciembre
El pueblo Nicaragüense se caracteriza por su gran devoción a su patrona,
"La
Inmaculada Concepción". La patrona oficial es la que
se venera en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Concepción de
El Viejo. El Viejo es el nombre del pueblo cercano a Chinandega y al famoso
volcán San Cristóbal. La
Virgen que allí se venera tiene una distinguida y
providencial historia que manifiesta el amor de Dios y de la Virgen por el pueblo
Nicaragüense.
Hace 440 años, en la ciudad de El Viejo, Departamento de Chinandega, llegó
por designio de Dios esta venerada y milagrosa imagen de la Purísima
Concepción de María, hoy Patrona de Nicaragua. En el año de
1562 a
causa de una depresión tropical, Don Lorenzo de Cepeda, quien viajaba hacia
Perú, tuvo que hacer escala en el húmedo Puerto de la Posesión, ahora
llamado, El Realejo. Entre las cosas que Don Lorenzo traía consigo se destaca
una imagen de la Virgen
de la
Concepción. Don Lorenzo de Cepeda era un hombre muy
piadoso. Era hermano de la religiosa carmelita, Santa Teresa de Avila,
Doctora de la
Iglesia.
De El Realejo Don Lorenzo de Cepeda se vio forzado a viajar
al El Viejo, pueblo cercano, buscando mejor clima y como era muy devoto de la Virgen, se la llevó con
él y la depositó en la
Parroquia por seguridad y evidente comodidad. Los
habitantes de El Viejo, indios y mestizos, fueron atraídos por la belleza de
la imagen, y llegaban a la
Parroquia a admirar a la "Niña Blanca". Pronto
adquirió prestigio de milagrosa, pero don Lorenzo tenía que partir y a pesar
de las protestas y ruegos, empacó su bella imagen y se fue a El Realejo para
embarcarse rumbo a Perú.
Cuando el barco se hizo a la mar, vino otra tormenta y el velero tuvo que regresar
al puerto nicaragüense para evitar un naufragio. De nuevo Don Lorenzo se fue
a El Viejo, cargando la sagrada estatua de la Virgen de la Concepción. El
pueblo entero se volcó fervoroso a venerar a la Virgen y mestizos,
indígenas y españoles interpretaron "que la Virgen no quiere irse de
El Viejo, la
Inmaculada Concepción quiere quedarse". El pueblo
entero ejerció una gran presión en Don Lorenzo y éste como fervoroso hijo de
María, cedió "a los deseos de la Virgen", donó la imagen al pueblo de El
Viejo y partió hacia su destino original, Perú.
La devoción a la Inmaculada Concepción creció enormemente y hoy
es venerada en un bellísimo altar de madera donado por sus devotos por
gracias concedidas.
La fiesta de la
Purísima Inmaculada Concepción de El Viejo, patrona de
Nicaragua es celebrada con gran solemnidad durante un novenario desde el 28
de noviembre. El 6 de diciembre es el día llamado de la "Lavada de la Plata", a las 9:00
a.m. se lleva a cabo la misa concelebrada con el Obispo de la diócesis y a continuación
la Virgen es
bajada de su camarín con gran alegría de todo el pueblo. A continuación se
realiza la llamada "Lavada de la Plata", que es una ceremonia religiosa con
participación popular y cuyo fin es limpiar las piezas de plata que conforman
el Tesoro de la
Virgen.
PANAMA
SANTA MARIA LA ANTIGUA
Fiesta:
La imagen de la
Santísima Virgen María se encontraba en una capilla lateral
de la Catedral
de Sevilla-España. Dicha catedral fue reconstruida en el siglo XIV,
conservándose la imagen. Así vino a llamársele Santa María de la Antigua (es decir, de la Antigua Catedral).
Santa María La Antigua
fue la primera advocación llegada al Istmo de Panamá en 1510 y establecida
primero en un poblado de Darién. Esto ocurrió cuando ese año llegaron Vasco
Núñez de Balboa y el Bachiller Martín Fernández de Enciso. Le habían
prometido a la
Virgen María ponerle su nombre a un poblado si salían con
vida de una feroz batalla que tuvieron con los nativos. Así fue que, tras la
victoria, al poblado del cacique Cémaco le pusieron el nombre de Santa María La Antigua.
El 9 de septiembre de 1513, el Papa León X crea la primera
diócesis en Tierra Firme en Santa María la Antigua y la capilla de la Virgen es elevada al
rango de catedral. Esta nueva diócesis era sufragánea de la Arquidiócesis
de Sevilla. El 15 de agosto del 1519 se funda la Ciudad de Panamá y se
honra a Nuestra Señora del Verano o de la Asunción. Pero
en 1524 la diócesis de Santa María la Antigua se trasladó a la recién fundada ciudad
de Panamá. La advocación también se traslada y Santa María la Antigua pasa a ser, por
continuidad eclesiástica, la titular de la capital de Panamá y patrona del
Reino de Tierra Firme del Sur de Castilla del Oro, Panamá. Al principio todo
el país era una sola diócesis.
Decreto que proclama oficialmente a Santa Maria La Antigua Patrona
de la
Arquidiócesis de Panamá.
Nos, José Dimas Cedeño Delgado, por la gracia de Dios y de la Santa Sede
Apostólica, Arzobispo Metropolitano de la Arquidiócesis
de Panamá
CONSIDERANDO:
PRIMERO: Que el 9 de septiembre de 1513 el Papa León X mediante la Bula "Pastoralis
Officii Debitum" creó la Diócesis de Santa María La Antigua con sede en el
poblado de este mismo nombre elevando su Capilla al rango de Catedral y
asignándole perpetuamente Como titular a la Santísima Madre
de Dios bajo esta misma advocación.
SEGUNDO: Que el Emperador Carlos V en ejercicio del privilegio del Patronato
autorizó al Gobernador Pedrarias Dávila para que Fray Vicente Peraza, segundo
Obispo de Santa María la
Antigua trasladara la sede de esa Iglesia en 1524 a la Ciudad de Panamá.
TERCERO: Que por el hecho arriba mencionado la actual Arquidiócesis de Panamá
es la misma creada por el Papa León X en la fecha ya señalada y por lo tanto
la, titular de la Catedral
es Santa María la Antigua.
CUARTO: Que no consta que antes de hoy alguno de los 45
Obispos que han regido esta Iglesia en sus 486 años de historia haya elegido
ni aprobado el Patronato de Santa María la Antigua para esta Arquidiócesis.
QUINTO: Que a tenor de la instrucción de la Sagrada Congregación
para el Culto Divino del 19 de marzo de 1973 en el N' 7 "corresponde al
Obispo Diocesano aprobar la elección del Patrono o Patrona de la Diócesis que le
ha sido confiada".
SEXTO: Que en este final del Milenio el pueblo de Dios desea recuperar la
memoria histórica y tener la titular de la Catedral de Panamá como
Patrona de la
Arquidiócesis por su tradicional amor a la Santa Madre de Dios
que ha acompañado a esta Iglesia y al pueblo panameño desde su nacimiento.
DECRETAMOS:
Articulo único: Proclamar oficialmente a la Santísima y
siempre Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra, Patrona de la Arquidiócesis
de Panamá, bajo el título de Santa María la Antigua, primera
advocación mariana llegada a estas tierras istmeñas.
Panamá, a los nueve (9) dias del mes de septiembre del año del Señor, mil
novecientos noventa y nueve (1999), en el 486 aniversario de la creación de la Diócesis de
Santa María la Antigua.
+ José Dimas Cedeño D.
Arzobispo de Panamá
Por mandato de Su Excia. Rvdma.
P. Rosendo A. Torres s.i.
Canciller
Oración del Acto de Renovación de la Consagración
de la República
de Panamá al Inmaculado Corazón de María con motivo del Congreso Eucarístico
Nacional y en la proclamación de Nuestra Señora de la Antigua como patrona de la República de
Panamá
“Santísima Virgen María, te proclamamos y te aceptamos una vez más como
Madre de Dios y Madre nuestra.
Acoge hoy nuestro clamor y abraza en el amor de madre a todos los que
habitamos en esta Patria e imploramos tu protección.
Tú has caminado siempre con nosotros desde los albores de la primera
evangelización brindándonos tu amparo maternal bajo la advocación de Nuestra
Señora de la
Antigua.
Al conmemorar hoy otro aniversario del nacimiento de la Iglesia Católica
en nuestro País, los Obispos de la Conferencia Episcopal
Panameña renovamos la consagración de la República de Panamá a tu corazón Inmaculado que
en 1943 te hiciera Mons. Francisco Beckmann.
Ponemos a tus pies nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. El
Panamá que hemos sido y el que queremos ser.
Bendice y acompaña a nuestros pastores, a las personas consagradas y a todo
el pueblo de Dios.
Fortalece a las familias panameñas para que siendo santuario de la vida estén
siempre abiertas a acogerla como don de Dios y a defenderla desde la
concepción hasta la muerte natural.
Protege a nuestros gobernantes y dirigentes políticos para que con sabiduría
y prudencia busquen el bien común y sirvan a la Patria más y mejor que a
sus propios intereses.
Suscita en la juventud la generosidad para responder a la voz de tu llamada.
Que todos nosotros movidos por un profundo amor fraterno seamos solidarios y
aprendamos a compartir lo que somos y tenemos con los mas necesitados
superando las barreras del egoísmo, la marginación y toda forma de
explotación.
¡Corazón Inmaculado de María! Te entregamos el sufrimiento de quienes se
sienten solos y abandonados padeciendo en el cuerpo las angustias de la
enfermedad, la falta de libertad o la esclavitud del vicio.
Sé tú, oh Madre purísima y misericordiosa consuelo en la tribulación, alivio
en el dolor y fortaleza liberadora del pecado.
Alienta, oh Madre nuestro caminar y ayúdanos a realizar con eficacia la tarea
de la nueva evangelización.
Guíanos hacia Jesucristo, Pan de Vida, camino y esperanza para Panamá”.
PARAGUAY
NUESTRA SEÑORA DE LOS MILAGROS DE CAACUPÉ
(VIRGEN AZUL DEL PARAGUAY)
Fiesta: 8 de diciembre
Nos cuenta la historia que corría el año 1600.....cuando cierta mañana un
grupo de indios Mbayaes perseguía a un guaraní con intención de darle muerte,
tal vez por pertenecer a otra tribu dominante del área, o tal vez porque el
indio guaraní convertido al cristianismo y era feligrés de los franciscanos,
a los que los Mbayaes temían tanto como al diablo.
Completamente acorralado como estaba y desesperado por la suerte mortal que
le esperaba, el indiecito convertido se escondió detrás de un gran árbol que
le parecía protector. Agazapado y tembloroso, se le iluminó de pronto el
recuerdo de la Inmaculada Concepción, que era la Virgen de su predilección.
Entre súplicas y suspiros, entre miedo y esperanzas, le prometió a la Reina de los Cielos que si
lo libraba de sus injustos y feroces enemigos, le haría una imagen de la
misma madera de aquel árbol.
Milagrosamente, los Mbayaes no lo encontraron en aquel monte y al caer la
noche se vieron obligados a volver a sus tolderias. El indiecito guaraní se
vio luego libre......y no vivió más que para cumplir su promesa.
Esperando un prudencial tiempo, el guaraní vuelve al árbol protector, ya con
sus primitivas herramientas. Desgajó de aquel tronco la madera necesaria para
su propósito, puso a secarla, y pacientemente, con todo el arte de sus manos
y el fervor de su alma, se puso a esculpir dos estatuas de la Virgen: una, mas grande,
destinada a la Iglesia
de Tobatí, cercana al lugar, y otra, mas pequeña, para su devoción
particular.
Esta imagen menor es la
Virgen de los Milagros que se la venera en la ciudad de
Caacupé; imagen menor que iba a resultar la mayor, por la abundancia de sus
dones y de sus fieles. La historia no ha recogido datos de la imagen mayor,
que se supone saqueada por los salvajes Mbayaes. Tampoco se supo mas de aquel
indiecito guaraní y cristiano.
En el año 1603 el lago Tapaicuá se desbordó e inundó todo el valle de Pirayú
arrasando todo lo que estaba a su paso incluso la imagen de la Virgen. Sin embargo
al retroceder las aguas milagrosamente apareció la imagen de la Virgen que el indio había
labrado. Los pobladores comenzaron a difundir su devoción y comenzaron a
invocarla con el nombre de "Virgen de los Milagros". Un devoto
vecino, llamado José y carpintero de oficio, le labró una modesta ermita y en
ella empezó a recibir culto la
Virgen de Caacupé. La imagen e Ntra. Sra. de Caacupé es
pequeña, de poco más de cincuenta centímetros. Es Inmaculada y sus pies
descansan sobre una pequeña esfera, ciñendo su talle una faja blanca de seda.
En 1945 comenzó la construcción del templo actual que, aunque todavía no se
ha completado, guarda la imagen de la Virgen de los Milagros de Caacupé desde 1980.
Caacupé es el centro religioso del Paraguay; lugar de encuentro entre la Patria y la Iglesia, porque esta
bendita imagen ha acompañado todo el proceso de formación de la nacionalidad
paraguaya.
Cada 8 de diciembre la gran fiesta de María de Caacupé, los peregrinos llegan
por millares al Santuario. Vienen a pie, en bicicleta o en lo que puedan, a
demostrar su amor y gratitud a la
Madre de todos, a la "Virgen Azul del Paraguay".
PERÚ
NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED
Fiesta: 24 de Septiembre
La devoción a la Virgen
de las Mercedes en el Perú se remonta a los tiempos de la fundación de Lima.
Consta que los Padres Mercedarios, que llegaron al Perú junto con los
conquistadores, habían edificado ya su primitiva iglesia conventual hacia
1535, templo que sirvió como la primera parroquia de Lima hasta la
construcción de la
Iglesia Mayor en el 1540.
Los Mercedarios no sólo evangelizaron a la región sino que fueron gestores
del desarrollo de la ciudad al edificar los hermosos templos que hoy se
conservan como valioso patrimonio histórico, cultural y religioso.
Junto con estos frailes llegó su celestial patrona, la Virgen de la Merced, advocación
mariana del siglo XIII. Hacia el 1218, San Pedro Nolasco y Jaime I, rey de
Aragón y Cataluña tuvieron por separado la misma visión de la Santísima Virgen
que les pedía la fundación de una orden religiosa dedicada a rescatar
pacíficamente a los numerosos cautivos cristianos que estaban en poder de los
musulmanes. Se entregaban ellos mismos como cautivos de los musulmanes como
intercambio de los infelices que sufrían esa desdicha.
Esta Orden de la Merced,
aprobada en 1235 como orden militar por el Papa Gregorio IX, logró liberar a
miles de cristianos prisioneros, convirtiéndose posteriormente en una
dedicada a las misiones, la enseñanza y a las labores en el campo social. Los
frailes mercedarios tomaron su hábito de las vestiduras que llevaba la Virgen en la aparición al
fundador de la orden.
La imagen de la Virgen
de la Merced
viste totalmente de blanco; sobre su larga túnica lleva un escapulario en el
que está impreso, a la altura del pecho, el escudo de la orden. Un manto
blanco cubre sus hombros y su larga cabellera aparece velada por una fina
mantilla de encajes. En unas imágenes se la representa de pie y en otras
sentada; unas veces se muestra con el Niño en los brazos y otras los tiene
extendidos mostrando un cetro real en la mano derecha y en la otra unas
cadenas abiertas, símbolo de liberación. Esta es la apariencia de la hermosa
imagen que se venera en la
Basílica de la
Merced, en la capital limeña, que fue entronizada a
comienzos del siglo XVII y que ha sido considerada como patrona de la
capital.
Fue proclamada en 1730 "Patrona de los Campos del Perú";
"Patrona de las Armas de la República" en 1823; y al cumplirse el
primer centenario de la independencia de la nación, la imagen fue
solemnemente coronada y recibió el título de "Gran Mariscala del
Perú" el día 24 de septiembre de 1921, solemnidad de Nuestra Señora de la Merced, desde entonces
declarado fiesta nacional, ocasión en que cada año el ejército le rinde
honores a su alta jerarquía militar de "Mariscala". La imagen porta
numerosas condecoraciones otorgadas por la república de Perú y sus
gobernantes e instituciones nacionales. En 1970 el cabildo de Lima le otorgó
las "Llaves de la ciudad" y en 1971 el presidente de la República le
impuso la Gran Cruz
Peruana al Mérito Naval, gestos que demuestran el cariño y la devoción del
Perú a esta advocación considerada por muchos como su Patrona Nacional.
PUERTO RICO
NUESTRA SEÑORA DE LA
DIVINA PROVIDENCIA
Fiesta: 19 de noviembre
La advocación y culto a Nuestra Señora de la Divina Providencia
se originó en Italia en el siglo XIII. Fue una devoción muy difundida y
popular que posteriormente pasó a España donde se levantó un santuario en
Tarragona, Cataluña.
Al ser nombrado obispo de Puerto Rico el catalán Gil Esteve y Tomás, trajo
consigo esta devoción que conociera en sus años de seminarista. En las manos
de la Divina
Providencia tuvo que poner toda su diócesis este prelado,
pues encontró a la catedral prácticamente en ruinas y la economía de la
diócesis en peores condiciones. La confianza del obispo y su trabajo dieron
fruto rápidamente y antes de los cinco años ya había podido reconstruir el
templo catedralicio, y en poco tiempo logro conseguir con ayuda de los fieles
recursos para adquirir en Barcelona la Sagrada imagen de la Virgen, le levantó un
altar y estableció su culto el día 2 de enero, que quedó designado como su
fiesta anual.
La imagen original venerada por los Siervos de María y otras órdenes
religiosas italianas, es un hermoso óleo en el que aparece la Virgen con el Divino Niño
dormido plácidamente en sus brazos. Se cuenta que el título "de la Divina Providencia",
se debe a San Felipe Benicio, quinto superior de los Siervos de María, quien
al invocar la protección de la
Virgen un día en que sus frailes no tenían nada que comer,
encontró a la puerta del convento dos cestas repletas de alimentos sin que se
pudiese conocer su procedencia.
La imagen mandada a hacer por Don Gil Esteve fue tallada en Barcelona según
el gusto de la época. Es una hermosa imagen sentada, y estuvo expuesta al
culto en la catedral durante 67 años, hasta que en 1920 fue sustituida por
otra magnífica talla, toda de madera, que es la imagen de Nuestra Señora de la Divina Providencia
más familiar y conocida por las comunidades puertorriqueñas.
El Papa Pablo VI declaró a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia,
como patrona principal de la isla de Puerto Rico mediante un decreto firmado
el 19 de noviembre de 1969. En ese documento se decretó también que la
solemnidad de la Virgen
debía trasladarse del dos de enero, aniversario de su llegada a la isla, al
19 de noviembre, fecha en que fue descubierta en 1493 la isla de Puerto Rico
(llamada por los indígenas "Borinquén") cuando Colón desembarco en
ella durante su segundo viaje. Se quiso unir de esa forma la veneración a la Santísima patrona, con el descubrimiento de la
isla.
La talla más antigua, que data del 1853, fue la elegida para ser coronada
solemnemente durante la reunión del Consejo Episcopal Latino Americano
celebrada en San Juan de Puerto Rico el 5 de noviembre de 1976. La víspera
del acontecimiento esta imagen fue quemada en la Parroquia de Santa
Teresita de Santurce. Pero eso no detuvo la solemne coronación, que ocurrió
en medio de la emoción y las lágrimas de millares de sus hijos y la presencia
de cardenales, arzobispos y obispos venidos de toda Latinoamérica.
La imagen quemada fue enviada a España para ser restaurada. Actualmente
espera la construcción del proyectado gran santuario nacional para ser allí
colocada.
REPUBLICA DOMINICANA
NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES
NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA
La Isla Española,
también conocida como Isla de Santo Domingo se encuentra en la actualidad distribuida
en dos repúblicas: Hatí y República Dominicana.
Desde sus inicios coloniales en la isla se hizo presente la figura de la Virgen María,
especialmente bajo la advocación de la Altagracia, que desde principios del siglo XV
hizo presencia en Salvaleón de Higuey en el Este del país y la advocación de
las Mercedes, que fue declarada Patrona de la República Dominicana
y cuyo santuario se encuentra en el Santo Cerro, en el valle de La Vega Real.
La República Dominicana tiene por tanto, dos advocaciones marianas:
la Virgen de
las Mercedes, proclamada como Patrona de la Isla La Española (y, por
tanto, de la
República Dominicana) en el siglo XVII; y la Virgen de la Altagracia,
proclamada como Protectora del Pueblo Dominicano.
EL SANTO CERRO Y EL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LAS MERCEDES
P. Luis Rosario Peña, Coordinador Nacional de la Pastoral Juvenil
de la iglesia en la Republica Dominicana
Fiesta: 24 de septiembre
La devoción a la Virgen
de las Mercedes o de la
Merced en el país parte casi desde el descubrimiento de la
isla. Pero fue siendo Gobernador de La Española Don
Diego Gómez de Sandoval en 1615 cuando se la declaró patrona de La Española.
El título mariano la Merced se remonta a la fundación de la Orden religiosa de los
Mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, España. San Pedro Nolasco
funda una Orden dedicada a la merced (obras de misericordia). Su misión
particular era la misericordia para con los cristianos cautivos en manos de
los musulmanes. Muchos miembros de la orden canjearon sus vidas por la de
presos y esclavos. San Pedro fue apoyado en tan extraordinaria empresa por el
Rey Jaime I de Aragón. San Pedro Nolasco y sus frailes eran muy devotos de la Virgen María,
tomándola como patrona y guía. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María
al servicio de su obra redentora. Por eso la honran como Madre de la Merced o Virgen
Redentora.
Esta declaración de la Virgen
como Patrona de la isla fue motivada a raíz de cuando, el 8 de septiembre de
1615, un fuerte terremoto afectó a la isla con réplicas de algo más de 40
días. La ciudad de Santo Domingo fue severamente afectada y el Cabildo de
Santo Domingo declaró a la
Virgen de las Mercedes como “Patrona de la Española”
En un principio la fiesta de las Mercedes se celebraba cada 8 de Septiembre,
aniversario del mencionado terremoto, hasta que en 1740, por Real Cédula, la
festividad fue cambiada para el 24 de Septiembre. La independencia de la República Dominicana
se produjo el 27 de Febrero de 1844 y fue ratificada la declaración de Nuestra
Señora de las Mercedes como Patrona del país.
El Santuario de la Virgen
se encuentra en el Santo Cerro, donde el 8 de Diciembre de 1494 Cristóbal
Colón fundó el fuerte de la Concepción y plantó la Cruz de la Evangelización,
dominando la gran llanura que él denominó "La Vega Real, -porque le
recordó a su admirada Granada-"
Al Santo Cerro se dan cita peregrinaciones de todo el país para venerar a la Virgen de las Mercedes y
desde esa altura contemplar el hermoso valle de La Vega Real dando
gracias al Señor por tanta hermosura. Junto al santuario de la ciudad de
Higuey, dedicado a la Virgen
de la Altagracia,
el del Santo Cerro dedicado a la
Virgen de las Mercedes es signo de la fe mariana del pueblo
dominicano y expresión de las raíces cristianas del país. En los momentos de
alegría y en las circunstancias difíciles el pueblo aclama confiado a María,
con la seguridad que con su corazón de Madre de las Mercedes acogerá con
ternura sus plegarias.
NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA
Fiesta: 21 de enero
La Virgen de la Altagracia es la Protectora del Pueblo
Dominicano (por confusión, muchas personas piensan que es la Patrona del país). Su
devoción, por parte de la población católica, se inició en el país durante el
período colonial, de donde pasó a otras regiones de América. Existen
documentos históricos que prueban que en el año de 1502, en la Isla de Santo Domingo, ya
se daba culto a la
Virgen Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de la
Altagracia,
El Santuario de Nuestra Señora de Altagracia fue el primero que existió en
América. Además la
Republica Dominicana tiene otras numerosas primacías: fue
en esta tierra del Nuevo Mundo donde se plantó la primera cruz, donde se
celebró la primera misa, donde se recitó la primera Avemaría, y de donde
partió la irradiación de la fe a las otras islas cercanas, para de ahí
extenderse a tierra firme.
El 12 de mayo de 1512 es erigida en parroquia la villa de Salvaleón de Higüey
por el Obispo de Santo Domingo, García Padilla. Para esa época, se instalaron
en Higüey los hermanos Alonso y Antonio de Trejo, naturales de Plasencia, en
Extremadura (España). Al mudarse estos hermanos a la villa de Higüey,
trajeron consigo la imagen de la
Virgen de la
Altagracia y, más tarde, la ofrecieron a la parroquia para
que todos pudieran venerarla.
En su relación del año de 1650, el canónigo Luis Gerónimo de Alcócer dice:
“La ymagen miraculosa de nuestra Señora de Alta Gracia está en la villa de
Higüey, como treynta leguas desta Ciudad de Santo Domingo; son innumerables
las misericordias que Dios Nuestro Señor a obrado y cada día obra con los que
se encomiendan a su Santa ymagen: consta que la trayeron a esta ysla dos
hidalgos naturales de Placencia en Extremadura, nombrados Alonso y Antonio de
Trexo que fueron de los primeros pobladores desta ysla, personas nobles como
consta de una cédula del Rey Don Felipe Primero, año de 1506, en que
encomienda al Governador desta Ysla que los acomode y aproveche en ella, y
aviendo esperimentado algunos milagros que avia hecho con ellos la pusieron
para mayor veneracion en la yglesia parroquial de Higüey, adonde eran vecinos
y tenían haciendas. Parece que no quiere Dios Nuestro Señor que salga de
aquella villa, porque a los principios embiaron por ella el Arzobispo y
cabildo de la Cathedral
y se desapareció de vn arca adonde la traian cerrada con veneración y cuidado
y el mesmo tiempo se apareció en su yglecia de Higüei adonde solia estar;
está pintada en un lienzo muy delgado de media vara de largo y la pintura es
del nacimiento y está Nuestra Señora con el Niño Jesús delante y San Joseph a
sus espaldas. Y con aver tanto tiempo tiene muy vivos los colores y la
pintura como fresca; van en romería a esta santa ymagen de Nuestra Señora de
Alta Gracia de toda ysla y de las partes de las Indias que están más serca y
cada día se ven muchos milagros que por ser tantos ya no se averiguan ni
escriven, algunos en señal de agradecimiento, los hacen pintar en las paredes
y otras parte de la yglecia y con ser los menos ya no ay lugar para más; son
muchas las lismosnas que se hacen a esta santa yglesia y así está bien
proveída de ornamentos y tiene muchas lámparas de plata delante de su santa
imagen”.
Los numerosos milagros de la imagen hicieron que ésta se volviera el centro
de la devoción de la isla, y así surgió la necesidad de construir un
santuario, el cual fue hecho de paja, al igual que las demás iglesias
circunvecinas, anexo a la parroquia de la villa. Fue Don Simón de Bolivar,
antecesor del "Libertador", quien, al ver la devoción de la gente,
no sólo de la isla, sino también de las otras islas de la comarca, pidió al
Rey ayuda económica para poder terminar la iglesia.
En un principio la fiesta de Nuestra Señora de Altagracia se estableció para
el 15 de agosto, por ser el día de la Asunción de María, pero un acontecimiento
histórico cambió la fecha. En 1689 Francia ordenó a todos sus súbditos de la
parte de la Española
que se apoderasen de toda la isla, pero los nativos quisieron impedírselo. En
1690, los españoles encabezados por Antonio Miniel invadieron el territorio
del Oeste y el 21 de enero derrotaron a los franceses en la histórica batalla
de la Sabana Real
de la Limonade,
pereciendo el gobernador francés Cussy en la acción y retirándose luego los
españoles a Santiago. Como las tropas procedentes del Este de la isla
elevaron sus plegarias a Nuestra Señora de la Altagracia la víspera
del combate, al verse triunfantes iniciaron la celebración de su fiesta
religiosa en ese día (21 de enero), en vez del 15 de agosto
En 1692 el arzobispo Isidoro Rodríguez Lorenzo escribió una carta dirigida “a
todos los fieles cristianos y habitantes, vecinos y moradores de este nuestro
arzobispado” en donde por primera vez aparece una autoridad eclesiástica
aprobando como buena y válida la fiesta de los 21 de enero.
A principio del siglo XX, Monseñor Arturo de Meriño, Arzobispo de Santo
Domingo, pidió a la Santa
Sede la concesión de Oficio Divino y Misa Propia para el
día de la Virgen
de la Altagracia
suplicando, además, que fuese como festividad de precepto los 21 de enero, ya
que los 15 de agosto no se podía pues la Iglesia Católica
celebraba en esa fecha el Misterio de la Asunción de la Virgen a los Cielos. El
pedimento fue aprobado y la concesión es efectiva para toda la Arquidiócesis
de Santo Domingo. El 21 de enero fue declarado oficialmente día no laborable
y de fiesta nacional en todo el territorio nacional durante el gobierno de
Horacio Vásquez.
La imagen de Nuestra Señora de Altagracia tuvo el privilegio especial de
haber sido coronada dos veces. El 15 de agosto de 1922, en el pontificado de
Pío Xl, fue canónicamente coronada Nuestra Señora de la Altagracia, traída
desde su Santuario de la Villa
de Higüey, hasta la Capital
de la
República. El Papa Juan Pablo II, durante su visita al
país, coronó personalmente el 25 de enero de 1979 a la imagen con una
diadema de plata sobredorada, regalo personal suyo a la virgen.
La advocación de la Virgen
de Altagracia es muy popular, concurriendo a su santuario todos los años
numerosas romerías que van desde los más apartados confines de la isla a
ofrendarle los votos y promesas hechas en momentos de tribulación
URUGUAY
VIRGEN DE LOS TREINTA Y TRES
Fiesta: Segundo domingo de noviembre
En el antiguo pueblo de Pintado, hoy Villa Vieja, a unos veinte kilómetros al
oeste de la ciudad de Florida, en la república del Uruguay, se erigió a fines
del siglo XVIII una capilla que recibió el nombre de Capilla del Pintado. En
ella se rendía culto a una Virgencita, que según los informes más probables,
había sido enviada por los jesuitas desde Paraguay a mediados del mismo
siglo. Cuando a principios del siguiente siglo, el vecindario del Pintado
logró la construcción de una parroquia, los principales pobladores, se
consagraron a su Patrona la
Inmaculada, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján.
Su primer párroco, el presbítero Santiago Figueredo, en vista de la pobreza y
aridez de aquellos terrenos resolvió trasladar la parroquia a otro lugar más
cómodo y propicio para el culto de la Virgen. Acudió
al Cabildo de Montevideo y una vez obtenido el permiso, los vecinos del
Pintado se trasladaron a la que hoy es la ciudad de Florida. En este lugar se
construyó otra capilla y se colocó a la Virgen de Luján. Al pie de esa imagen el 25 de
mayo de 1825 se inició la lucha por la independencia de Uruguay.
"La noble tierra de los uruguayos, hermosa por el verdor de sus praderas
y por sus cuchillas suavemente onduladas, se ufana de ser antigua sede de
piedad mariana, la que, así como sugiere a los cristianos sentimientos
religiosos, de la misma manera lleva con facilidad a todos los ciudadanos al
recuerdo de la libertad conquistada y a los comienzos de la Patria naciente."
Con estas palabras comienza el Papa Juan XXIII la bula con la que declara
patrona principal de Uruguay a la
Virgen de los Treinta y Tres. Un poco más adelante, después
de hablar del origen de esta devoción continua diciendo: "Finalmente en
nuestros días -lo que nos causa gran alegría- todo el pueblo de la República
venera con amor ardiente a la misma Virgen, la cual, si de veras ocupa el
centro del templo, con razón mayor se debe afirmar que vive en los ánimos y
en las mentes de todos."
Esta pequeña imagen de la
Virgen, tan querida por todos los uruguayos, mide tan solo
treinta y seis centímetros de alto. Está tallada en madera de cedro y
procede, según la tradición, de las misiones de los padres Jesuitas. La
sagrada imagen fue colocada en la iglesia de Florida Blanca e inmediatamente
sus habitantes le rindieron un culto filial.
El nombre de la Virgen
podría parecer un poco extraño a quien no conoce su historia. El origen de
esta advocación de la Virgen
de los Treinta y Tres está ligado a la gesta libertadora de los Uruguayos. La
devoción no tuvo en su origen ningún acontecimiento extraordinario, ninguna
señal que va más allá del orden natural de las cosas. A comienzos del siglo
XIX los pueblos latinoamericanos estaban luchando por su independencia. Y en
Uruguay ocurría lo mismo. Era el año de 1825. La lucha por la libertad estaba
encabezada por un valeroso grupo de patriotas; todos ellos, al igual que su
pueblo, católicos y devotos fervorosos de la Virgen María.
Como es natural, al iniciar la arriesgada campaña para alcanzar la libertad
de la Patria,
quisieron poner el éxito de su empresa en manos de María. Así que los
caudillos acudieron a la parroquia, participaron en la santa misa y, al
terminar, inclinaron su bandera tricolor delante de la imagen de la Sma. Virgen
pidiéndole su bendición. El número de los caudillos era precisamente treinta
y tres, y desde entonces el pueblo uruguayo ha designado con el nombre de
"Virgen de los Treinta y Tres" a la pequeña imagen de la Iglesia parroquial de
Florida
El Papa Juan Pablo II acudió como peregrino a este santuario mariano y en su
ángelus del 28 de junio de 1992 compartió su experiencia de ese lugar:
"Recuerdo con emoción mi visita a Nuestra Señora de los Treinta y Tres,
el 8 de mayo de 1988, durante el viaje apostólico a aquella querida Nación:
contemplando la santa imagen rece por América Latina, pues -como había
subrayado aquel mismo día, al recitar el Regina Coeli- "la Virgen María,
Reina de los Apóstoles, la que con su fe y ejemplo de vida, precede a los
heraldos del Evangelio, nos hace sentir la hermandad de todos los pueblos que
en esas tierras benditas han acogido la palabra y el bautismo de Cristo..."
Devociones y celebraciones
Como en todos los países, sobre todo en América, el santuario fue centro de
reunión, tanto en las fiestas como en las desgracias del pueblo.
Según testimonios muy antiguos, siempre que había pestes y secas se hacían
procesiones de rogativas con la
Virgen de los Treinta y Tres. Luego de obtenida la gracia,
se rezaba la misa de acción de gracias y se daba la bendición con el
Santísimo. Ocasiones especiales de rogativas fueron las desgracias
colectivas, como el cólera en 1866, o epidemias como el tifus y la viruela.
La primera peregrinación nacional se realiza el 15 de agosto de 1908,
organizada por la Congregación Mariana Mayor de Montevideo.
En 1945 el Obispo Diocesano Mons. Miguel Paternain tuvo la feliz y original
idea de hacer un recorrido llevando la imagen de la Virgen de los Treinta y
Tres por toda la diócesis, casi medio Uruguay. El recorrido que duró del 6 al
28 de octubre de 1945 dio lugar a pequeñas misiones populares en las grandes
ciudades por donde pasó: Minas, Treinta y Tres, Melo, Tacuarembó, Paso de los
Toros, Durazno, Sarandí y Florida. En los pequeños pueblos y a lo largo del
camino -en largos trechos no existía aún la carretera- se congregaba la gente
con inusitado entusiasmo. En todas partes fue hermosa ocasión para unir la
devoción a la tradición patria, con homenajes típicos de caballadas, desfiles
de carretas y carros.
Desde entonces la peregrinación ha constituido una celebración clásica en
toda la diócesis, y se realiza el segundo domingo de noviembre. El esquema
tradicional de Misa solemne por la mañana y procesión por la tarde por las
calles de la ciudad, ha ido evolucionando. Ahora se realiza una gran
Concelebración al aire libre, en el parque donde se leyera el acta de la Declaratoria de la Independencia Nacional
en 1825. Las largas caminatas han sido sustituidas por celebraciones más
reposadas, en base a la lectura y meditación de la Palabra. Desde
hace algunos años se realiza, fundamentalmente para jóvenes, una caminata de
13 kms de recorrido llevando la
Imagen de la
Virgen, rezando, cantando y reflexionan do sobre la
temática del año.
VENEZUELA
NUESTRA SEÑORA DE COROMOTO
Fiesta: celebrada tres veces al año, el 2 de febrero y el 8 y 11 de
septiembre.
La ciudad de Guanare fue fundada el 3 de noviembre de 1591 por el Capitán
Juan Fernández de León, en un sitio inmediato al río de su nombre, bajo la
denominación de "Ciudad del Espíritu Santo de Valle de San Juan de
Guanaguanare". Entre los indios que vivían en la región de Guanaguanare,
había un grupo llamados los "Coromotos". Cuando llegaron los
españoles y se hizo el reparto de tierras e indios en encomiendas, los
Coromotos se internaron en la selva, montañas y valles situados al noroeste
de la ciudad de Guanare. En esos apartados lugares se mantuvieron los
Coromotos muchos años, perdiéndose completamente su memoria entre los
pobladores de la Villa
del Espíritu Santo, hasta que llegó la hora de su conversión, mediante la
poderosa mediación de la Santísima Virgen María.
Un español honrado y buen cristiano, llamado Juan Sánchez, obtuvo en
propiedad los terrenos de Soropo, situados a cuatro o cinco leguas de
Guanare, en la margen derecha del Guanaguanare. Juan Sibrián y Bartolomé
Sánchez se le unieron para trabajar juntos en la tala de los montes, siembra
de los conucos y cría de los ganados.
Cierto día del año 1651 el cacique de los Coromotos, en compañía de su mujer,
se dirigía a una parte de la montaña, en donde tenía una tierra de labranza.
De repente una hermosísima Señora de belleza incomparable que sostenía e sus
brazos un radiante y preciosísimo Niño, se presenta a los dos indios
caminando sobre las cristalinas aguas de la corriente. Maravillados éstos,
contemplan embelesados a la majestuosa Dama que les sonríe amorosamente, y
dirigiéndose al cacique le habla en su idioma, "Salgan del bosque y
vayan donde están los blancos para que reciban el agua sobre la cabeza y
puedan entrar en el cielo".
Estas palabras iban acompañadas de tanta unción y fuerza persuasiva, que el
cacique, impresionado por el suceso y queriendo cumplir con los deseos de la Señora, comunicó
las noticias de la aparición al español Juan Sánchez, quien pasaba por ese
lugar porque estaba de viaje. Juan Sánchez, gratamente sorprendido por la
relación del indio, le dijo que se dispusieran todos para irse con él.
Cumplido el plazo señalado, Juan Sánchez estaba en medio de los Coromotos.
Toda la tribu se marchó con el español.
El español informó a las autoridades de la Villa lo que había ocurrido y ellas dispusieron
que los indígenas se quedasen en ese lugar, y nombraron a Juan Sánchez como
su encomendero. Allí vivieron por un tiempo para ser instruidos en la
religión cristiana. El abnegado español cumplió su cometido con el mayor
cuidado, si escatimar medio alguno. El cacique al principio asistía gustoso a
las instrucciones, mas después se fue poco a poco disgustando con su nueva
situación, y anhelando la soledad de sus bosques se apartó de las reuniones
de Juan Sánchez, sin querer aprender la doctrina cristiana ni recibir las
saludables aguas del bautismo. Esto lo hizo preparar su huída
Antes de que se marcharse el cacique, un suceso marcaría el comienzo de la
devoción a la
Santísima Virgen de Coromoto. Triste y meditabundo estaba
el Indio recostado en su choza días antes de su fuga. Con él se hallaban su
esposa, su hermana Isabel y un hijo de éste el cual era llamado Juan. Era el
8 de septiembre de 1652. Todo era silencio en la noche pues las Indias al ver
de tan mal humor al Cacique que no se atrevían a decir palabra. Habrían
transcurrido algunos instantes desde la llegada del cacique cuando de modo
visible y corpóreo se presentó la Virgen Santísima.
De todo su ser se desprendían copiosos rayos de luz, que bañaban el estrecho
recinto de la choza y eran tan potentes que, según declaró la india Isabel,
"eran como los del sol cuando está en el mediodía", y sin embargo
no deslumbraban ni cansaban la vista de aquellos felices indígenas que
contemplaban tan grande maravilla.
Bajo la influencia de estos inesperados resplandores, el cacique volvió la
cara y al instante reconoció a la misma Bella Mujer que meses antes había
contemplado sobre las aguas de la plácida corriente en sus montañas, y cuyo
recuerdo jamás había podido borrar de su memoria. El indio pensaría,
probablemente, que la
Gran Señora venía para reprocharle su mal proceder e
impedirle la fuga. Pasaron unos segundos... el cacique rompió el silencio y
dirigiéndose a la
Señora le dijo con enojo: "¿Hasta cuándo me quieres
perseguir? Bien te puedes volver, que ya no he de hacer lo que me mandas
". Estas palabras inconsideradas e irrespetuosas mortificaron e gran
manera a la mujer del cacique, la cual riñó a su marido diciendo: "No
hables así con la Bella
Mujer, no tengas tan mal corazón". El cacique,
montando en cólera y encendido en rabia, no pudo por más tiempo soportar la
presencia de la
Divina Señora, que permanecía en el umbral, dirigiéndole
una mirada tan tierna y cariñosa, que era capaz de rendir el corazón más
empedernido; desesperado, da un salto y coge el arco para tirarle una flecha diciendo:
"Con matarte me dejarás". Adelantándose entonces la Virgen hacia el Cacique,
él se abalanzó sobre ella para asirla del brazo y echarla fuera quedando todo
envuelto en tinieblas.
El Cacique, fuera de si y mudo de terror, permaneció largo rato inmóvil, con
los brazos extendidos y entrelazados, en la misma posición en que quedaron
cuando hizo ademán de asir a la Bella Mujer. Tenia una mano abierta y otra
cerrada que apretaba cuando podía, pues algo tenia en ella, y en su corto
sentir creía que era la "Bella Mujer" a quien había atrapado. La
india Isabel, sin entender dijo a su cuñado: "¿Sabes lo que ha
sucedido?" Balbuciente y tembloroso, el indio contesto: "Aquí la
tengo cogida". Las dos mujeres añadieron: "Muéstranos para
verla". El Cacique se acerco entonces a las ascuas que todavía ardían,
alargo la mano, la abrió. En su mano había una diminuta imagen que emitía
rayos de luz.
El indio envuelve la milagrosa imagen en una hoja y la esconde en la paja del
techo de su choza, diciendo: "Ahí te he de quemar para que me
dejes". El niño Juan corrió a avisarle a Juan Sánchez, quien con dos de
sus compañeros fueron al sitio de la aparición y recogieron la preciosa
reliquia.
El domingo 9 de septiembre, el Cacique Coromoto dispuso la huida rápida hacia
los montes; pero apenas había entrado en el bosque inmediato al poblado
cuando fue mordido por una culebra ponzoñosa. Viéndose mortalmente herido se
arrepintió de su comportamiento y pidió a gritos de ser bautizado que le fue
suministrado por un buen Cristiano de la Ciudad de Barinas
Juan Sánchez mandó que fuese recogida la imagen, la cual colocó en su casa.
Allí la Virgen
era venerada por todos los pobladores de la región de Guanare. En el año
1654, por orden del vicario Diego de Lozano, la imagen fue llevada al templo
de la ciudad de Guanare.
La reliquia mide 27
milímetros de alto por 22 de ancho. El material de la
estampa pudiera ser pergamino o papel de seda. La Virgen aparece pintada de
medio cuerpo, está sentada y sostiene al Niño Jesús en su regazo. Su apariencia
es de ser dibujada con una fina pluma, trazada como un retrato en tinta china
a base de rayas y puntos.
De las palabras que la Virgen
dijo al Cacique y a los Indios Cospes desde la primera de sus apariciones de
que "Salieran a donde estaban los Blancos para que les echara agua en la
cabeza para ir al Cielo", se deduce que la Virgen se constituyó en
Misionera de los Indios Venezolanos. Mas no hizo sus apariciones solo para
convertir a los Indios sino que dejó su retrato en esta tierra privilegiada
para que la iluminara en la sucesión de los tiempos.
El 1º de mayo de 1942 fue declarada Patrona de Venezuela por el Episcopado
Nacional. El 7 de octubre de 1944, S. S. Pío XXII, la declaró "Celeste y
Principal Patrona de toda la República de Venezuela". Su coronación
canónica se celebró en 1952. El Santuario Nacional a la Virgen de Coromoto fue
declarado Basílica por S. S. Pío XII el 24 de mayo de 1949.
El nuevo santuario fue construido sobre el sitio exacto donde apareció la Virgen de Coromoto en
1652.
El Santuario a Nuestra Señora de Coromoto, quiere ser la respuesta de amor
que el pueblo y gobierno venezolano, dan a la Ssma. Virgen que se
dignó dejar su imagen bendita en manos del Cacique Coromoto, en la histórica
noche del 8 de septiembre de 1652. Es una obra moderna proyectada por el
Arquitecto Venezolano: Erasmo Calvani, y en la que han tomado parte
destacados artistas, arquitectos e ingenieros, para ser respuesta de fe a los
innumerables peregrinos del país y extranjeros, que vienen a testimoniar su amor
a la Virgen.
La idea de la construcción del Templo nació de la Sra. Lilia Blank de
Convit, fervorosa coromotana, que año tras año visitaba la Catedral e iba al sitio
de la aparición con gran dolor por verlo tan descuidado después de 300 años y
tuvo la feliz inspiración de organizar una campaña que se llamaría Bolívar
Coromotano, con la que se podría iniciar los trabajos de la construcción,
segundada inmediatamente por la Madre María de Guadalupe, sierva del Santísimo
Sacramento quien se dirigió a los Obispos pidiendo la aprobación para fundar
una asociación civil que buscara extender el amor y devoción a la Sma. Virgen y
obtener los fondos necesarios para el trabado de la construcción.
Desde 1976, en que se colocó la primera piedra de la construcción del Templo,
la Congregación
junto con la asociación civil "Venezuela a la Virgen de Coromoto"
han estado al frente del proyecto con la ayuda del pueblo y gobierno
venezolano, hasta verlo hoy felizmente realizado.
Este templo abarca más de 4.000
m2 de superficie y se eleva en su parte más alta hasta
los 75 metros.
Esta majestuosa obra tomó más de veinte años en ser concluida. El 7 de enero
de 1996 fue consagrado el nuevo Santuario Nacional Nuestra Señora de
Coromoto, el cual fue bendecido el 10 de febrero de 1996 por el Papa Juan
Pablo II, durante su segunda visita en Venezuela.
TESTIMONIO DEL OBISPO MARTÍ
Hay un precioso testimonio del insigne Obispo Mariano Martí. En la pag. 499
del Tomo I de su famosa Visita Pastoral, cuando habla de Guanare, dice
textualmente:
"En el siglo pasado se apareció Nuestra Señora en diferentes parages
de estas vezindades, y en la
Quebrada nombrada Coromoto, distante de el sitio donde está
la Iglesia
del pueblo viejo y de este pueblo nuevo como una legua -de cada uno de estos
pueblos viejo y nuevo. En el año 1652, según dize este Cura, se apareció esta
Nuestra Señora de Coromoto en el sitio donde hoy esta la Iglesia de dicho pueblo
viejo”.
Y más adelante
"Dice este Cura que haviéndose aparecido esta Divina Señora en forma
humana con rayos de luz, y tirándole… un indio enojado porque esta misma
señora sacava de los... a los indios y cogiendo dicho indio a dicha Señora,
cuando la cogió, no quedó en sus manos otra cosa que una imagen, de Nuestra
Señora, muy pequeña, pintada, con el niño Jesús en los pechos de la misma
Señora, y tan pequeño, que una copia (que dizen no corresponde al original,
por ser grande) era como un peso fuerte, y el original, que está en Guanare,
tal vez no será más una peseta".
Esta alusión del Obispo Mariano Martí en su crónica oficial, editada por la Academia Venezolana
de la Historia,
es algo así como el primer reconocimiento oficial de la Jerarquía a1
Hecho Coromotano, de que quede constancia por escrito.
PATRONAZGO NACIONAL OFICIAL
El Patronazgo Nacional de la
Virgen de Coromoto, llegó en el tiempo designado por Dios,
1° de Mayo de 1.942. Los considerandos del histórico Decreto son elocuentes
claros y confirmatorios de la elección popular.
1.- El Episcopado Venezolano Considerando:
1) Que la aparición de la Santísima Virgen María en tierras de Guanare a
la tribu de los Cospes hace tres siglos según rezan la historia y la
tradición, es un gaje de exquisita misericordia de la Excelsa Madre de
Dios, para con nuestros hermanos indígenas, una gloria que enaltece y anima
nuestra piedad, y una prenda de maternal amor que empeña la gratitud
nacional.
2) Que el Pueblo Venezolano ha reconocido tan feliz acontecimiento con
demostraciones elocuentes de encendida fe, expresada principalmente en las
numerosas peregrinaciones o romerías que de todos los confines de la República se
realizan anualmente al Santuario de Guanare, y confirmada en los monumentos
piadosos que se han levantado en honor de Nta. Sra. de Coromoto, como son las
parroquias, templos y altares que le han dedicado en testimonio de filial
amor.
3) Que es profundamente consoladora la rapidez con que en toda la extensión
de nuestra Patria se propaga el culto de la Santísima Virgen
bajo la susodicha advocación, gracias a los singulares favores que Ella ha
dispensado a sus fervorosos devotos.
4) Que esta devoción ha reavivado visiblemente la Fe cristiana en nuestros
pueblos y se ha traducido en notable mejoramiento de las costumbres entre las
multitudes de creyentes.
5) Que la gran mayoría de los Venezolanos pide que sea proclamado el
PATRONAZGO NACIONAL de la Santísima Virgen de Coromoto: ("elección
como en las democracias”).
DECRETA:
1.- La
Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra
Señora de Coromoto, es declarada y proclamada PATRONA de Venezuela, quedando
así, de modo especialísimo, bajo su maternal protección toda nuestra
República, con sus Diócesis, Estados e Instituciones.
2.- De acuerdo con el canon 1.276 del Código Canónigo, será elevado este
Decreto al conocimiento de la
Santa Sede, para su confirmación.
3.- Anunciase en las Parroquias de nuestra Diócesis a los fieles esta
proclamación con solemnes repiques de campanas y celébrense solemnes
festividades en honor de la Santísima Virgen de Coromoto. El Venerable
Clero aproveche esta ocasión para instruir más y más a los fieles sobre la
verdadera devoción a la Santísima Virgen María, reafirmando la fe y
amorosa confianza en nuestra Celestial Patrona.
4.- En los templos de la
República, el último domingo de mayo, cántese un TEDEUM en
acción de gracias al Dios de las infinitas misericordias, por la incomparable
merced que ha otorgado a nuestra Patria dándole por Patrona Protectora a la Excelsa Reina del
Cielo.
Dado en Caracas, en el Salón de las Conferencias Episcopales, el 1° de Mayo
de 1.942.
FELIPE RINCÓN GONZÁLEZ. LUCAS GUILLERMO CASTILLO.
Arzobispo de Caracas Arzobispo Coadjuntor
ACACIO CHACÓN, ARTURO CELESTINO ALVARES,
Arzobispo de Mérida Obispo de Calabozo
SIXTO SOSA. MARCOS SERGIO GODOY,
Obispo de Cumaná Obispo del Zulia
MIGUEL ANTONIO MEJIA, ENRIQUE MARÍA DUBUC,
Obispo de Guayana Obispo de Barquisimeto
GREGORIO ADAM. RAFAEL ARÍAS,
Obispo de Valencia Obispo de San Cristóbal
FRANCISCO ITURRIZA. PEDRO PABLO TENREIRO.
Obispo de Coro Obispo Auxiliar de Cumaná
CONSTANTINO GÓMEZ VILLA, ENRIQUE DE FERRARI.
Vic. Ap. Del Caroní Prefecto Apostólico del Orinoco.
El 7 de octubre de 1.944 su Santidad Pío XII ratificó el Decreto del
Episcopado Venezolano y ratificó a Nta. Sra. de Coromoto el Título de Patrona
Celestial de toda la
República de Venezuela.
Esta ratificación no se supo en Venezuela sino hasta mayo de 1.948 en que
Mons. Lucas Guillermo Castillo lo comunicó al Clero y pueblo de Venezuela con
sentida y devota Pastoral.
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